Zoe Lucas llegó a la isla Sable en 1971 como estudiante de joyería y lleva décadas estudiando a sus caballos salvajes, que en el último censo publicado por Parks Canada eran 420

Adrian Villellas
Publicado el 17 de octubre de 2026 a las 15:30
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Caballos salvajes entre las dunas cubiertas de barrón de la isla Sable, con un semental, una yegua y un potro en primer plano

En 1971, una estudiante de joyería llegó a la isla Sable como guía improvisada de un periodista de la revista Maclean’s. Se llamaba Zoe Lucas y, más de medio siglo después, sus cuadernos y censos son una de las bases de lo que Canadá sabe sobre los caballos salvajes de esta franja de arena del Atlántico Norte.

Parks Canada recoge 420 caballos en la isla en 2024, el último año de su serie, y los dos últimos recuentos figuran a nombre del investigador Phil McLoughlin y de la propia Lucas. Ese mismo año fue nombrada miembro de la Orden de Canadá por 50 años de trabajo en Sable.

Una estudiante de joyería que soñaba con Islandia

Según un perfil de la revista Saltscapes de 2012, firmado por Rita Wilson, todo empezó en un trabajo de verano en la base aérea de Shearwater, donde Lucas le contó a la cocinera, Katie, que quería ir a ver los caballos de Islandia. «¿Por qué no la isla Sable?», le preguntó Katie, que había pasado tres años allí.

Poco después, su profesor de historia del arte oriental, Walter Ostrom, la recomendó como guía para el periodista de Maclean’s. Tardó tres años en volver y, según contó durante una expedición a una guía de Wild Women Expeditions, en un reportaje publicado en enero de 2026, fue porque «en aquella época no estaba bien visto que las chicas jóvenes anduvieran por ahí sin carabina».

De cocinera voluntaria a investigadora de campo

En 1974 regresó como cocinera voluntaria y ayudante de campo de un equipo de la Universidad de Dalhousie que estudiaba las focas grises, según su ficha en el Sable Island Institute, que sitúa en 1982 su dedicación a tiempo completo a la isla. Saltscapes cuenta que al principio le habían advertido de que, siendo «esa estudiante de arte» y sin título de ciencias, no conseguiría financiación para investigar.

«Empecé a trabajar en la isla Sable en 1974 y, desde mediados de los años ochenta, paso entre ocho y once meses al año en la isla», declaró ante el Comité de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Cámara de los Comunes de Canadá el 17 de junio de 2013, en el debate de la ley que convirtió la isla en reserva de parque nacional.

En aquella sesión citó su censo de aves marinas manchadas de petróleo en las playas, que repite cada cuatro a seis semanas desde 1993 para la industria energética marina. Esas aves son una de las huellas más visibles de un vertido, como cuando aparecieron más de 200 pájaros cubiertos de petróleo tras una mancha de fuel de 40 kilómetros.

Una franja de arena a 290 kilómetros de Halifax

Parks Canada describe la isla Sable como una media luna de dunas en movimiento de 42 kilómetros de largo, a 290 kilómetros al sureste de Halifax. En el lado este, donde no hay charcas, los caballos excavan pequeños pozos para llegar a la lente de agua dulce, una capa subterránea que flota sobre el agua salada, más densa.

Su alimento principal es el barrón (Ammophila breviligulata), una hierba de playa que sujeta la arena. «A menudo se considera la columna vertebral de la isla Sable», dice Ruth Greuel, jefa de proyecto del Sable Island Institute, en un vídeo de Parks Canada.

La genética no pudo respaldar el mito de los caballos españoles

Durante mucho tiempo se contó que los caballos descendían de animales españoles supervivientes de algún naufragio. Un estudio de 2007 en Journal of Heredity, con Lucas entre sus autores, analizó 12 microsatélites, pequeñas secuencias repetidas de ADN, en 1093 caballos y 40 burros.

El equipo comparó la población de Sable con 15 razas habituales en Canadá y cinco españolas, y no encontró respaldo para el origen español, aunque sí un gran parecido con los caballos de tiro ligero y de usos múltiples del este de Canadá. La población, escriben los autores, «ha divergido lo suficiente de otras razas como para merecer una atención especial por parte de los grupos conservacionistas».

Parks Canada sitúa su llegada en el siglo XVIII y recuerda que desde 1961 no se permite ninguna intervención humana sobre la manada. «Suelen ser bajos y robustos, con un denso pelaje de invierno, y eso les ayuda a soportar el frío de los vientos fuertes y la nieve», explicaba Lucas en Saltscapes.

Los censos registran 420 caballos en 2024

La tabla de Parks Canada sobre los caballos de Sable recoge 591 animales en 2022, 374 en 2023 y 420 en 2024. El organismo advierte de que las estimaciones tienen distinta precisión, porque casi todas proceden de un censo anual y algunas de fotografías aéreas.

En los últimos años, la mortalidad media durante el invierno ha sido del 12 %. Lucas, que lleva décadas anotando nacimientos, muertes y movimientos de cada animal, describía la manada en Saltscapes, en 2012, como «un gran organismo, con 1200 patas».

Las vallas muestran cuánto pesa el pastoreo

En 2011, Lucas firmó con Bill Freedman y Paul Catling un estudio en The Canadian Field-Naturalist que comparó la vegetación dentro y fuera de seis exclusiones, parcelas valladas donde los caballos no pueden comer ni pisar. El efecto fue mayor en los pastizales de barrón, cuya cobertura era más alta dentro en seis de los siete lugares, aunque la diversidad de especies no cambió de forma sustancial.

Entre 2020 y 2025, Parks Canada y el Sable Island Institute ampliaron la idea con el proyecto Fences in the Sand, que valló nueve zonas de una hectárea y tres pequeñas charcas. «Las exclusiones son la base del proyecto», explica Dan Kehler, ecólogo del parque, que cuenta que eligieron la valla eléctrica por ser la más segura para los caballos.

«Dentro de las exclusiones estamos viendo que buena parte de la vegetación se recupera, se vuelve un poco más alta y un poco más diversa», cuenta Greuel, que relata haber visto en la isla una orquídea de 40 centímetros. McLoughlin, profesor de la Universidad de Saskatchewan, señala en el mismo vídeo uno de los cambios más visibles: «quizá un tercio de las especies de plantas son exóticas».

Investigadores del proyecto Fences in the Sand explican cómo el pastoreo de los caballos afecta a la vegetación de la isla Sable. Vídeo: Parks Canada

Retirar animales ya ha cambiado otros paisajes, como en Australia, donde los ecosistemas de Kosciuszko empezaron a recuperarse tras retirar miles de caballos salvajes. En Sable los caballos están protegidos como especie naturalizada y Parks Canada no controla su población, algo que McLoughlin considera una ventaja: «No hay ningún otro sitio, desde luego en Canadá, creo, donde podamos estudiar esto».

El informe final de las vallas sigue pendiente

Parks Canada indica que la vegetación ha cambiado a simple vista dentro de los recintos y que algunas zonas antes desnudas se han cubierto de plantas, pero los datos siguen en análisis y el informe final llegará después. Las parcelas ocupan solo el 0,6 % de la superficie con vegetación, así que sus conclusiones habrá que extrapolarlas con cuidado.

Las cifras del organismo tampoco coinciden del todo, ya que la página del proyecto habla de entre 450 y 550 caballos en los últimos años mientras su tabla bajó a 374 en 2023. Y recuperar un ecosistema alterado lleva tiempo, como muestran los pastizales nativos de Canadá donde se plantaron abetos en 1930.

La protección también cambió la rutina de Lucas. «Desde que se convirtió en parque nacional en 2013, tengo que irme un par de meses en invierno. Tengo un piso en Halifax que comparto con otra persona, pero casi nunca estoy allí. La isla Sable es mi hogar», contó en el reportaje de Wild Women Expeditions.

La información sobre el proyecto ha sido publicada por Parks Canada en su página de Fences in the Sand, actualizada el 16 de septiembre de 2026.

En Saltscapes, Lucas admitía que hay «cosas que no han pasado en mi vida a causa de la isla Sable», aunque a cambio «han pasado muchas otras, insólitas y maravillosas, y básicamente he pasado toda mi vida adulta sin aburrirme nunca».

Foto: Paul Gierszewski / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Adrian Villellas

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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