Ciencia

Los científicos no dan crédito: bajo el hielo de la Antártida descubren una «ciudad» de 60 millones de nidos de peces del tamaño de una ciudad entera, cada uno vigilado por un macho

Descubren bajo el hielo de la Antártida una gigantesca colonia con 60 millones de nidos de peces vigilados por machos.

Los científicos no dan crédito: bajo el hielo de la Antártida descubren una «ciudad» de 60 millones de nidos de peces del tamaño de una ciudad entera, cada uno vigilado por un macho

En febrero de 2021, las cámaras del buque científico Polarstern empezaron a mostrar nido tras nido en el fondo del mar de Weddell. El resultado, publicado en 2022, indicaba que aquella colonia ocupaba al menos 240 kilómetros cuadrados, casi el tamaño de Malta, y reunía unos 60 millones de nidos activos, la mayor zona continua de cría de peces conocida hasta ahora.

La imagen es poderosa, pero conviene colocarla en el mapa correcto. Algunas versiones recientes hablan de una perforación en la plataforma Filchner y de un robot llamado Lassie que habría confirmado la estabilidad de la colonia, aunque las fuentes científicas muestran que se han mezclado dos investigaciones diferentes. No es un detalle menor.

El hallazgo real

La colonia se localizó en el flanco oriental de la fosa de Filchner, una gran depresión del lecho marino situada cerca de la plataforma de hielo del mismo nombre. El trabajo lo encabezó Autun Purser, del Instituto Alfred Wegener, junto con especialistas de la Universidad de Bremen, el Instituto Max Planck de Microbiología Marina y la Universidad de Basilea.

Las imágenes llegaron mediante OFOBS, un trineo con cámaras y sonar remolcado por el Polarstern a poca altura sobre el fondo. No se perforó la plataforma ni se soltó allí un vehículo autónomo. «La idea de que una zona de cría tan enorme no se hubiera descubierto antes es totalmente fascinante», dijo Purser.

Cómo calcularon 60 millones

Los investigadores fotografiaron directamente 45.600 metros cuadrados de lecho marino y contaron 16.160 nidos. La densidad media fue de alrededor de un nido activo por cada cuatro metros cuadrados, mientras el sonar permitió seguir la colonia mucho más allá de lo que abarcaban las cámaras.

A partir de esa densidad y de la extensión cartografiada, el equipo estimó unos 60 millones de nidos en al menos 240 kilómetros cuadrados. Es decir, nadie los contó uno a uno. La cifra es una extrapolación científica apoyada en imágenes, mediciones del terreno y datos acústicos.

Peces hechos para el frío

Cada nido era una depresión redonda de unos 75 centímetros de diámetro y 15 centímetros de profundidad, limpia de barro y con grava en el fondo. Los nidos activos contenían normalmente entre 1.500 y 2.500 huevos, y en tres de cada cuatro había un adulto vigilando la puesta.

La especie es Neopagetopsis ionah, un pez de hielo cuya familia carece de hemoglobina funcional y de glóbulos rojos. Su sangre es casi transparente, mientras unas proteínas anticongelantes frenan el crecimiento de cristales de hielo en el cuerpo, según muestra la investigación genómica sobre estos peces. Suena a ciencia ficción, pero es una adaptación real a un océano extremadamente frío y rico en oxígeno.

Una franja algo más cálida

El mapa de los nidos coincidía con una entrada de agua profunda que ascendía hacia la plataforma continental, la franja submarina que bordea el continente. En algunos puntos, el agua del fondo era hasta dos grados más cálida que la de las zonas cercanas, aunque seguía rozando el punto de congelación.

Los autores plantean que esa pequeña diferencia podría favorecer la incubación o ayudar a los peces a localizar un lugar adecuado para criar. Aun así, el estudio mostró una relación espacial, no una prueba definitiva de causa y efecto. En la Antártida, dos grados pueden cambiar mucho, pero todavía hacen falta observaciones repetidas.

Una despensa para las focas

Los datos de focas de Weddell equipadas con transmisores mostraron que el 90 por ciento de sus inmersiones en la región se concentraba dentro de la zona con nidos activos. Los investigadores consideran probable que acudieran a alimentarse, aunque el seguimiento no demuestra por sí solo cada captura.

La colonia concentraba más de 60.000 toneladas de peces y también aparecieron numerosos cadáveres en el fondo. Esos restos alimentan a carroñeros y devuelven nutrientes al ecosistema. El vivero funciona, a la vez, como una enorme despensa del mar de Weddell.

La confusión con Lassie

Lassie sí existe, pero pertenece a otra historia. Un trabajo publicado en 2025 analizó 27 horas de vídeo grabadas por ese vehículo durante una expedición de 2019 cerca de Larsen C, en el oeste del mar de Weddell, y documentó 1.036 nidos mantenidos por peces.

Aquellos nidos pertenecían principalmente a Lindbergichthys nudifrons, eran mucho más pequeños y formaban agrupaciones geométricas. No eran los 60 millones de nidos de Neopagetopsis ionah, y ese estudio no se realizó en la fosa de Filchner ni midió la estabilidad de la gran colonia. Al juntar piezas verdaderas de ambas investigaciones nació un relato inexacto.

Por qué importa protegerla

La colonia aporta un argumento científico de peso a la propuesta de crear un área marina protegida en el mar de Weddell. Los peces antárticos suelen crecer despacio, tardan años en madurar y dedican mucha energía al cuidado de sus puestas, de modo que una alteración en su zona de cría podría tener efectos duraderos.

El trabajo de 2022 ofrece una fotografía excepcional, no una serie histórica que demuestre que la colonia se ha mantenido igual durante años. Repetir los recorridos, comparar la densidad de nidos y vigilar la temperatura y las corrientes permitirá saber si este ecosistema persiste o cambia con el clima.

El estudio principal se ha publicado en Current Biology.

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