El café no solo ayuda a despejarse por la mañana. Un amplio estudio ha encontrado una relación muy clara entre su consumo y la composición de la microbiota intestinal, hasta el punto de que una bacteria concreta aparece entre 4,5 y 8 veces más en quienes lo beben que en quienes apenas lo toman. El hallazgo es llamativo, pero todavía no demuestra que esa bacteria mejore la salud.
Tim Spector, epidemiólogo, cofundador de ZOE y uno de los autores del trabajo, lo ha resumido así. «Los bebedores de café tienen un microbioma intestinal más diverso que los no bebedores». La idea resulta atractiva, aunque conviene ponerle freno a una conclusión demasiado rápida, porque tener una microbiota diferente no significa automáticamente estar más sano.
Una bacteria ligada al café
Los investigadores analizaron información dietética y muestras intestinales de 22 867 personas de Estados Unidos y Reino Unido. Después integraron esos resultados con datos públicos de 211 cohortes (grupos de personas estudiadas), hasta reunir 54 198 muestras en las que se examinó el material genético de los microorganismos. Es uno de los análisis más grandes realizados sobre la relación entre un alimento concreto y la microbiota intestinal.
El equipo identificó 115 grupos bacterianos relacionados de forma positiva con el consumo de café. La señal más fuerte correspondió a Lawsonibacter asaccharolyticus, cuya abundancia media fue entre 4,5 y 8 veces mayor en los bebedores habituales que en el grupo que casi nunca tomaba café. No es poca cosa.
Lo comprobaron en el laboratorio
La asociación no se quedó únicamente en cuestionarios y muestras de heces. Los científicos cultivaron Lawsonibacter asaccharolyticus y añadieron café al medio, tanto preparado en cafetera moka como soluble. La bacteria creció más con el café.
«Al cultivar esta bacteria in vitro, vimos que crecía más rápido cuando añadíamos café al medio de cultivo», explicó Paolo Manghi, primer autor del estudio e investigador de la Universidad de Trento. El experimento no reproduce todo lo que ocurre dentro de un intestino humano, pero refuerza la idea de que algunos componentes de la bebida pueden favorecer directamente a este microorganismo.
El descafeinado también cuenta
Aquí aparece uno de los datos más interesantes. El crecimiento se observó con café normal y descafeinado, y las diez bacterias con mayor relación con la bebida también conservaron una asociación clara con el consumo de descafeinado. En el fondo, la cafeína no parece ser la única responsable.
Los investigadores detectaron además mayores niveles de ácido quínico, trigonelina y otros compuestos relacionados con el café en 438 muestras de plasma. La hipótesis apunta a los polifenoles (compuestos presentes de forma natural en las plantas) y a otras sustancias de la bebida, pero el mecanismo completo sigue sin estar cerrado. Queda trabajo por hacer.
Más diversidad no siempre es mejor
¿Qué significa esto en la práctica para quien toma uno o dos cafés al día? El estudio muestra una huella microbiana muy reconocible, no una prueba de que el café cure enfermedades, reduzca la inflamación o proteja el corazón a través de Lawsonibacter asaccharolyticus. La propia Universidad de Trento reconoce que aún no se sabe si esta bacteria tiene un efecto positivo o negativo sobre la salud.
Una investigación posterior, publicada el 21 de abril de 2026, añadió un matiz importante. En 62 adultos sanos, la retirada del café durante dos semanas y su posterior reintroducción modificaron cepas concretas, tanto con café normal como descafeinado, pero no produjeron cambios claros en la diversidad global durante la intervención. Es decir, el efecto podría ser más selectivo que general.
Lo que el estudio no demuestra
La mayor parte del gran trabajo de 2024 es observacional. Los participantes informaron sobre lo que comían y bebían, y los científicos compararon esos datos con su microbiota, por lo que pueden detectar relaciones sólidas, pero no asegurar que el café sea la causa de todos los cambios observados. Tampoco midieron si quienes tenían más Lawsonibacter asaccharolyticus enfermaban menos.
El estudio fue revisado por pares y reunió cohortes diferentes, algo que refuerza sus resultados. Aun así, parte del trabajo recibió apoyo de ZOE, Tim Spector figura como coautor y varios investigadores declararon vínculos económicos con la empresa. Esa información no invalida el hallazgo, pero ayuda al lector a entender de dónde proceden los datos y quién participó en su análisis.
Cuánto café es razonable
Los resultados tampoco permiten afirmar que todo el mundo deba beber entre dos y cuatro tazas al día. La cantidad de cafeína cambia mucho según el grano, el tamaño de la taza y la preparación, por lo que contar cafés puede ser engañoso. Una taza pequeña de espresso y un vaso grande de café filtrado no aportan necesariamente lo mismo.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria considera que hasta 400 miligramos diarios de cafeína, sumando todas las fuentes, no plantean problemas de seguridad para la mayoría de adultos sanos. Durante el embarazo, la referencia baja a 200 miligramos al día, mientras que una dosis de 100 miligramos cerca de la hora de acostarse puede alterar el sueño en algunas personas.
Por eso, la conclusión sensata es bastante sencilla. Si el café sienta bien, puede formar parte de una alimentación equilibrada, y el descafeinado también parece dejar una señal en la microbiota. Pero quien no lo tolera, duerme peor o simplemente no le gusta no necesita empezar a tomarlo para conseguir una supuesta bacteria beneficiosa.
Una pista, no una receta
El hallazgo revela algo fascinante. Una bebida cotidiana puede dejar una marca medible en el ecosistema intestinal y favorecer de forma muy concreta a determinados microorganismos. Y eso se observa incluso cuando se retira la cafeína.
Pero la ciencia aún debe explicar si esa relación produce beneficios reales y para quién. Por ahora, Lawsonibacter asaccharolyticus funciona mejor como una pista sobre lo que bebemos que como una receta para estar más sanos.
El estudio principal ha sido publicado en Nature Microbiology.
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