A unos 30 km de la costa de la isla de Hawái hay un volcán activo que no se ve desde la playa, pero se deja notar. Se llama Kama‘ehuakanaloa y su cima está a unos 975 metros bajo el nivel del mar, todo ocurre en silencio y a oscuras.
De vez en cuando se habla de él como “la próxima isla de Hawái”. La idea es correcta en lo geológico, pero engañosa en plazos humanos. En la ficha del USGS se recuerda que no se sabe cuándo emergerá y que, con ritmos de crecimiento estimados, el salto a la superficie podría tardar milenios.
Un gigante joven bajo el Pacífico
Kama‘ehuakanaloa es un volcán en escudo al sur de Kīlauea, parte de la cadena hawaiana creada por el punto caliente de Hawái. Es el “más joven” de la fila y aún no ha llegado a asomar. En 2021, el Hawaii Board on Geographic Names actualizó su nombre a Kama‘ehuakanaloa.
Que esté sumergido no significa que sea pequeño. Estudios científicos describen que el edificio volcánico se eleva entre 3 y 5 km desde el fondo marino, aunque su cima siga a alrededor de 1.000 m bajo la superficie.
Aquí conviene un matiz. El USGS indica que aún no se ha observado una erupción de Kama‘ehuakanaloa, pero las investigaciones apuntan a que puede tener erupciones explosivas y efusivas. Además, su crecimiento se alimenta por una zona de fisuras de unos 31 km de longitud.
Terremotos que lo delatan
Si este volcán está oculto, ¿cómo sabemos que está activo? Por los terremotos. El USGS indica que genera enjambres sísmicos y que el episodio más intenso se registró entre el 16 de julio y el 9 de agosto de 1996, con más de 4.000 seísmos.
Aquella crisis no fue solo una cifra en un gráfico. En la cima hay una depresión “tipo caldera” de unos 2,8 por 3,7 km y, durante el episodio de 1996, se formó un nuevo cráter llamado Pele’s Pit. Tiene unos 600 metros de diámetro y su fondo quedó a unos 300 metros por debajo de la superficie anterior.
Y hay más señales recientes. En mayo de 2020, por ejemplo, el observatorio del USGS informó de otro enjambre de alrededor de 100 terremotos, y algunos episodios pueden llegar a sentirse en la isla de Hawái.
Una isla futura, pero no “pronto”
La pregunta que mucha gente se hace es sencilla. ¿Cuándo se convertirá en isla? La respuesta, por ahora, es que no hay fecha y depende de cuántas erupciones vayan sumando roca sobre roca en la cima.
En la ficha del USGS se plantea una estimación orientativa basada en un ritmo de crecimiento de unos 5 metros cada 1.000 años, lo que podría llevar hasta unos 200.000 años para alcanzar la superficie. Además, el propio USGS advierte de que, cuando los volcanes hawaianos se acercan al nivel del mar, pueden producirse interacciones explosivas con el agua, aunque Kama‘ehuakanaloa ahora está demasiado profundo para algo así. No es poca cosa.
Vidas que nacen sin luz
Lo fascinante es que este volcán no solo habla de roca y magma, también habla de vida. Las chimeneas hidrotermales se forman cuando el agua de mar se cuela por grietas, se calienta en profundidad y regresa cargada de minerales, alimentando ecosistemas que no dependen del sol. En algunos lugares, estos fluidos pueden alcanzar 350 a 400 ºC sin hervir por la presión.
En el caso de Lō‘ihi, el USGS explicó que en los años 80 se observaron emisiones de baja temperatura en la cumbre (en torno a 30 ºC). Después del colapso de 1996, aparecieron nuevas salidas y las temperaturas cambiaron con el tiempo, con registros que llegaron a superar los 200 ºC en los años posteriores.
¿Y quién vive ahí abajo? Mucho antes de que lleguen cangrejos o peces, llegan los microbios. Un artículo de la National Science Foundation describe cómo los fluidos ricos en hierro tiñen de naranja rojizo las laderas y cita al microbiólogo David Emerson al recordar que “el hierro es esencial para la vida”. Ese “óxido” en el fondo del mar, en buena parte, es biología trabajando.
Qué debemos tener en cuenta
Este volcán también recuerda lo difícil que es vigilar lo que pasa en el océano profundo. El USGS señala que no hay instrumentos de monitorización en funcionamiento sobre Kama‘ehuakanaloa y que la información en tiempo real llega sobre todo desde sismómetros instalados en tierra. Por eso, cada campaña oceanográfica es como abrir una ventana durante unos días y luego volver a cerrar.
Para el medio ambiente, el mensaje es claro. Estos sistemas crean “islas” de biodiversidad en plena oscuridad y ayudan a entender cómo circulan elementos como el hierro en el océano, algo que los investigadores sugieren que podría afectar a la química marina. Al final, incluso lo que no vemos desde la superficie puede estar moviendo piezas importantes del planeta.
La ficha oficial del USGS sobre Kama‘ehuakanaloa ha sido publicada en la web del U.S. Geological Survey.









