Omán vuelve a aparecer en el centro de un mapa que no solo mira al petróleo. El nuevo sistema Fibre in the Gulf (FIG) conectará Qatar, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudí, Kuwait e Irak mediante un gran cable submarino de fibra óptica. No transportará crudo ni gas, sino datos. Y esa diferencia importa mucho.
La clave está en el Estrecho de Ormuz, uno de esos lugares pequeños en el mapa que pueden mover el precio de la energía en medio mundo. Por ahí circulan enormes volúmenes de petróleo y gas natural licuado, pero también se concentran rutas digitales, puertos, comercio y turismo. En la práctica, si Ormuz tiembla, lo pueden notar los barcos, las empresas y hasta la factura de la luz. No es poca cosa.
Qué se ha anunciado
Ooredoo Group anunció el proyecto FIG como una infraestructura submarina para unir siete países de la región con hasta 24 pares de fibra y una capacidad de hasta 720 Tbps. La compañía lo presenta como una ruta de baja latencia y más segura para conectar el Golfo con Europa y reforzar servicios de nube, inteligencia artificial, centros de datos y telecomunicaciones.
El avance más reciente llegó con el acuerdo entre Ooredoo y du para llevar el cable a Emiratos Árabes Unidos. Según el comunicado, el sistema busca mejorar los flujos de datos entre Oriente Medio, Europa y Asia, además de ofrecer más diversidad de rutas y redundancia. Dicho de forma sencilla, si una ruta falla, hay más opciones para que la información siga circulando.
Aquí conviene frenar un momento. El comunicado oficial no habla de cables para transportar petróleo, GLP o GNL. El petróleo y el gas se mueven en barcos o tuberías, mientras que este proyecto mueve datos. Mezclarlo todo suena espectacular, pero puede llevar a confusión.
Por qué Omán importa
Omán tiene una posición muy delicada y valiosa. El Estrecho de Ormuz se encuentra entre Omán e Irán y conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo. La Administración de Información Energética de Estados Unidos recuerda que es lo bastante profundo y ancho para grandes petroleros, pero también que existen pocas alternativas si se bloquea.
En 2024, el flujo de petróleo por Ormuz promedió unos 20 millones de barriles diarios, alrededor del 20 % del consumo mundial de líquidos petrolíferos. Además, cerca de una quinta parte del comercio mundial de GNL también pasó por este estrecho, principalmente desde Qatar. Es una arteria energética. Y cuando una arteria se estrecha, todo el cuerpo lo nota.
La Agencia Internacional de la Energía añade otro dato importante. En 2025, cerca del 25 % del comercio marítimo mundial de petróleo pasó por Ormuz y las rutas alternativas son limitadas. Solo Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos tienen oleoductos operativos capaces de desviar parte del crudo fuera del estrecho.
Energía y datos
El cable FIG no cambia por sí solo la seguridad energética del Golfo. Pero sí refuerza la otra capa de la economía moderna, la de los datos. Hoy un puerto, una refinería, una aerolínea o una plataforma turística dependen de conexiones rápidas y estables para operar sin tropiezos.
Por eso el proyecto tiene una lectura más amplia. Ooredoo afirma que FIG introduce mayor diversidad de rutas y caminos alternativos para reforzar la resiliencia de la conectividad internacional. En un territorio donde los riesgos geopolíticos, el tráfico marítimo y la energía se cruzan a diario, esa resiliencia digital pesa cada vez más.
También explica por qué aparecen India y China en el debate, aunque no sean los países conectados por este tramo del cable. La EIA estima que el 84 % del crudo y condensado y el 83 % del GNL que cruzó Ormuz en 2024 fue hacia mercados asiáticos. China, India, Japón y Corea del Sur son compradores clave.
El ángulo ambiental
Desde el punto de vista ecológico, esta historia tiene dos caras. Una red digital más resistente puede ayudar a optimizar rutas marítimas, mejorar la gestión de puertos, controlar consumos y reducir pérdidas de eficiencia. A veces, ahorrar datos, tiempo y desvíos también significa ahorrar energía.
Pero no hay que venderlo como un milagro verde. Los centros de datos, la inteligencia artificial y las redes de alta capacidad consumen electricidad y necesitan refrigeración, algo especialmente sensible en zonas muy calurosas. Si esa electricidad procede de combustibles fósiles, la huella ambiental sigue ahí.
La lección de fondo es más incómoda. El mundo sigue dependiendo de corredores fósiles muy concentrados, mientras intenta reducir emisiones y acelerar las energías renovables. Cuanta más energía limpia, local y bien distribuida exista, menor será el impacto de cada crisis en un paso marítimo concreto.
Turismo con cautela
La mejora de la conectividad puede beneficiar al turismo, pero de forma indirecta. Más capacidad digital puede ayudar a reservas, pagos, promoción internacional, seguridad, mapas, trabajo remoto y servicios para viajeros. Omán ya cuenta con una plataforma digital oficial, Visit Oman, pensada para conectar turistas y agencias con proveedores locales del país.
Además, el Ministerio de Patrimonio y Turismo de Omán considera el turismo un sector prometedor dentro de Oman Vision 2040 y lo vincula con la diversificación de los ingresos nacionales. Eso encaja con un país que quiere atraer visitantes sin depender tanto del petróleo. Pero un cable submarino no crea por sí solo turismo sostenible.
Para que ese crecimiento sea realmente positivo, harán falta reglas claras. Gestión del agua, residuos, protección de wadis, costas y montañas, y participación de las comunidades locales. Sin eso, más visitantes pueden convertirse en más presión sobre ecosistemas frágiles.
Lo que viene ahora
Los próximos pasos serán técnicos y regulatorios. Habrá que seguir los puntos de aterrizaje, los plazos reales de construcción, las autorizaciones y las medidas ambientales asociadas al despliegue del cable. En infraestructuras submarinas, el detalle cuenta.
También habrá que vigilar el consumo energético de la nueva economía digital que este tipo de proyectos alimenta. La nube parece invisible, pero vive en centros de datos, cables, estaciones de aterrizaje y redes eléctricas. Y eso se paga en energía.
En cualquier caso, Omán queda situado en una doble frontera. Por un lado, la del petróleo y el GNL que pasan por Ormuz. Por otro, la de los datos que conectan Asia, el Golfo y Europa. El comunicado oficial más reciente sobre el avance del proyecto FIG ha sido publicado por Ooredoo Group.










