Suena extraño pero la paradoja es real: un estudio confirma que los bosques «beben» un 20% más de agua y están secando los ríos en España

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Publicado el: 27 de junio de 2026 a las 22:04
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Bosque mediterráneo denso junto a un río con bajo caudal en España tras décadas de aumento de vegetación forestal.

Los bosques de la España peninsular han cambiado mucho en apenas tres décadas. Hoy tienen más árboles, más hojas y más arbustos, y esa transformación está moviendo una pieza clave del ciclo del agua, la cantidad que usan las plantas y la que acaba llegando a ríos, acuíferos y embalses.

Un estudio liderado por el CREAF pone cifras a este cambio. Los bosques usan cerca de un 20% más de agua que en los años noventa y el agua que llega a ríos y acuíferos tras caer sobre el bosque se ha reducido un 28%. La conclusión es incómoda, pero importante. No se trata de culpar al bosque, sino de entender que un paisaje más denso también necesita más agua.

Un bosque más sediento

Cuando llueve sobre un monte, el agua no sigue un solo camino. Una parte se infiltra o escurre y alimenta ríos, embalses y acuíferos. A esto se le llama agua azul.

Otra parte la captan árboles y arbustos, y después vuelve a la atmósfera por la evapotranspiración de las hojas. Esa es el agua verde. En la práctica, es el agua que mantiene vivo al bosque, pero también la que deja de bajar por barrancos y cursos fluviales.

Para medir este cambio, el equipo utilizó el modelo ecohidrológico MEDFATE y datos de 11.456 parcelas forestales muestreadas en tres inventarios nacionales entre 1986 y 2024. No es una fotografía tomada un año seco. Es una mirada larga, de casi treinta años, y eso pesa.

Más hojas, menos caudal

El dato más llamativo no está solo en la temperatura ni en la falta de lluvia. Según los autores, la estructura del bosque explica buena parte de los cambios recientes en el ciclo del agua, incluso más que el propio cambio climático en estas últimas décadas.

¿Y qué significa estructura? Significa más superficie de hojas, más densidad, más ramas y más vegetación capaz de captar agua. Jesús Sánchez-Dávila, investigador del CREAF y primer autor del estudio, resume que los bosques tienen ahora «más hojas que antes». Y eso se nota.

El resumen científico presentado en la Asamblea General de la EGU también apunta en esa dirección. El crecimiento del índice de área foliar, tanto en árboles como en arbustos, tuvo un efecto más fuerte sobre el agua verde que el cambio climático, mientras que la caída reciente de la precipitación entre 2010 y 2020 ayudó a reducir el agua azul.

El sotobosque cuenta

Cuando se habla de bosques que consumen más agua, casi todo el mundo piensa en árboles. Pero el estudio señala a un actor que suele pasar más desapercibido, el sotobosque. Arbustos, matorrales y vegetación baja también transpiran, compiten y captan una parte importante del agua disponible.

Este crecimiento no ha salido de la nada. Está ligado, en buena parte, al abandono rural, al retroceso de la ganadería extensiva y a la falta de gestión forestal. Donde antes había más pastoreo, leña, claros o usos tradicionales, hoy muchas zonas se han cerrado.

Pero ojo, los arbustos no son un enemigo. Protegen el suelo, dan refugio a muchas especies y forman parte natural de los ecosistemas mediterráneos. El problema aparece cuando el agua escasea y hay demasiada vegetación compitiendo por cada gota, como ocurre en muchos veranos que ya no parecen excepcionales.

No es talar por talar

La lectura rápida podría ser peligrosa. Si los bosques consumen más agua, alguien podría pensar que la solución es cortar árboles para llenar ríos o embalses. Los investigadores no defienden esa idea de forma general.

En gran parte del territorio mediterráneo, el agua ya es escasa. Cuando se reduce la densidad de un bosque árido, los árboles y arbustos que quedan suelen aprovechar enseguida el agua liberada, porque ya vivían con déficit. Eso puede ayudarles a resistir mejor la sequía, pero no siempre aumenta de forma clara el agua que llega al río.

Solo en zonas más húmedas, o tras intervenciones muy intensas como convertir un bosque en pasto, pueden observarse subidas más claras del agua azul. Aun así, el efecto suele durar poco, porque el matorral y los árboles vuelven a crecer. La naturaleza no se queda quieta.

Gestionar el agua verde

Jordi Vayreda, investigador del CREAF, lo plantea con una idea sencilla. El reto es «gestionar mejor el agua verde». Es decir, ayudar al bosque a funcionar en un clima más seco, sin vender falsas promesas sobre ríos llenos de un día para otro.

Una de las opciones que destaca el estudio es la silvicultura de cubierta continua. Esta forma de gestión evita abrir grandes claros y mantiene una cobertura arbórea permanente. Así se limita la entrada masiva de luz al suelo y se reduce el crecimiento explosivo de arbustos tras cortas muy intensas.

En la práctica, esto significa gestionar con bisturí, no con martillo. Menos abandono total, pero también menos soluciones bruscas. El objetivo no es producir madera sin más, ni convertir el bosque en una tubería para embalses, sino hacerlo más resistente.

Un aviso para la España seca

El estudio llega en un momento delicado para España. La sequía, los veranos largos y el calor pegajoso que cada vez conocemos mejor hacen que cada gota cuente, tanto para el campo como para los pueblos, las ciudades y los ecosistemas.

Por eso este trabajo importa. Nos recuerda que los bosques no son solo paisaje ni almacenes de carbono. También son piezas activas del ciclo del agua, y su estado influye en lo que llega o no llega aguas abajo.

La buena noticia es que hay margen para actuar. Gestionar el monte, recuperar usos compatibles, controlar el exceso de sotobosque donde sea necesario y mantener la diversidad del paisaje puede ayudar a que el bosque sufra menos. No es poca cosa.

El estudio completo ha sido publicado en Journal of Environmental Management.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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