Durante décadas, la escena más repetida sobre las pirámides de Egipto ha sido la misma. Miles de trabajadores tirando de bloques, rampas enormes, trineos sobre la arena y una organización casi imposible de imaginar desde nuestro tiempo.
Ahora, un estudio publicado en PLOS ONE pone sobre la mesa una idea distinta y bastante atrevida. La Pirámide Escalonada de Zoser, en Saqqara, pudo haberse construido con ayuda de un sistema hidráulico, es decir, usando el agua como parte de la maquinaria. No para sustituir todo lo demás, sino para ayudar a elevar piedra. Y eso no es poca cosa.
El agua entra en la historia
La investigación está liderada por Xavier Landreau y un equipo interdisciplinar vinculado a Paleotechnic, INRAE y la Universidad de Orleans. Su trabajo se centra en la pirámide de Zoser, construida alrededor del 2680 a. C. y considerada una de las grandes innovaciones de la arquitectura monumental egipcia.
La clave está en mirar Saqqara no solo como un desierto lleno de ruinas, sino como un paisaje antiguo con cauces estacionales, lluvias intensas y agua circulando por wadis. ¿Qué significa esto en la práctica? Que los constructores pudieron aprovechar un entorno más húmedo que el actual para mover energía, no solo personas.
Una presa en Saqqara
Uno de los puntos centrales del estudio es Gisr el-Mudir, una enorme estructura situada cerca del complejo de Zoser. Durante mucho tiempo su función ha sido discutida, pero los autores creen que encaja con las características de una presa de control.
Según la propuesta, esta construcción de casi dos kilómetros de largo y unos 15 metros de grosor habría servido para retener avenidas de agua y atrapar sedimentos. En lenguaje sencillo, funcionaría como una primera barrera para que el agua llegara más limpia y más controlada.
El gran filtro de piedra
Después entraría en juego una excavación conocida como Deep Trench, una gran zanja tallada en la roca. INRAE la describe como una estructura de unos 400 metros de largo y 27 metros de profundidad, con compartimentos sucesivos.
La interpretación del equipo es que esos compartimentos actuaban como un sistema de tratamiento de agua. Primero se depositaba la arena y el barro, luego se retenía el agua y finalmente se reducía la turbidez antes de enviarla hacia la red subterránea. No suena tan espectacular como una pirámide, pero sin agua limpia el sistema se habría bloqueado enseguida.
Así subirían las piedras
La parte más llamativa está bajo la propia pirámide. Los investigadores plantean que el agua pudo circular por conducciones subterráneas y llegar hasta un pozo central de unos 28 metros de profundidad. Allí, mediante llenados y vaciados, una estructura flotante habría subido y bajado como un ascensor.
La idea es fácil de visualizar. Cuando el agua entra, el flotador se eleva. Cuando se drena, el movimiento puede ayudar a desplazar una plataforma con bloques. Los autores hablan de una construcción en modo «volcánico», con materiales que ascienden por el centro y luego se distribuyen hacia el exterior.
No sustituye a las rampas
Este punto es importante, porque evita una lectura exagerada. El estudio no dice que los egipcios levantaran toda la pirámide solo con agua ni que las rampas desaparezcan de la explicación. De hecho, los propios autores admiten que otras técnicas, como rampas y terraplenes, probablemente siguieron siendo necesarias.
En buena parte, la hipótesis encaja mejor como ayuda complementaria. El ascensor hidráulico habría funcionado cuando hubiera agua suficiente, algo que dependía del clima y de los episodios de escorrentía. El problema es que el reloj de la arqueología va despacio y aún falta comprobar más piezas.
Las dudas siguen abiertas
No todos los especialistas están convencidos. Algunos arqueólogos han señalado que no hay una prueba directa de que ese ascensor existiera ni menciones claras en textos egipcios. Otros dudan de que hubiese agua suficiente para mantener un sistema así durante la construcción.
También hay otro matiz. Los bloques típicos de la pirámide de Zoser eran mucho más pequeños que los de construcciones posteriores, con una media cercana a los 300 kilos, según el estudio. Para algunos expertos, levantar un dispositivo hidráulico tan complejo quizá exigía más esfuerzo que mover esas piedras con mano de obra y métodos más simples.
Qué cambia esta hipótesis
Aunque la idea todavía necesita más excavaciones y análisis, tiene un valor claro. Obliga a mirar las pirámides como obras conectadas con el paisaje, el clima, la geología y la gestión del agua. No eran solo montañas de piedra. Eran proyectos de ingeniería dentro de un territorio vivo.
Los autores lo resumen como una nueva línea de investigación sobre «el uso de la fuerza hidráulica» en las grandes construcciones faraónicas. Si futuras pruebas lo confirman, Saqqara no solo sería el lugar de la primera gran pirámide egipcia, sino también un ejemplo temprano de energía del agua aplicada a la construcción.
El estudio completo ha sido publicado en la revista científica PLOS ONE.









