Tras seis años de excavaciones en Tell el-Farama, en el norte del Sinaí, los arqueólogos egipcios han confirmado algo poco habitual incluso para Egipto. Han sacado a la luz los restos de un edificio religioso circular dedicado al dios local «Pelousios», con un gran estanque central y una red de canales pensada para manejar agua del Nilo.
La clave no es solo la forma del templo, sino lo que había dentro. Según el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, el vaso circular se conectaba al ramal pelusíaco del Nilo y se llenaba con agua cargada de limo, un detalle que apunta a rituales donde el río era parte del propio culto.
Un santuario circular poco común
El edificio se localiza en las ruinas de la antigua Pelusio (Tell el-Farama), una ciudad que durante siglos fue frontera, puerto y punto de paso. En el centro del conjunto aparece un gran espacio circular de unos 35 metros de diámetro, con una base cuadrada en medio que pudo sostener una estatua del dios venerado allí.
La cronología también llama la atención por su duración. Las capas arqueológicas indican que la instalación se habría usado desde el siglo II a. C. hasta el siglo VI d. C., con cambios limitados, lo que sugiere que el lugar siguió teniendo sentido para generaciones enteras.
Agua y limo del Nilo como parte del ritual
Aquí viene la pregunta que lo cambia todo. ¿Por qué construir un templo para llenarlo de agua y barro, en vez de levantar solo muros y columnas?
En la nota oficial del ministerio se explica que el estanque estaba conectado al ramal pelusíaco del Nilo y se llenaba con agua cargada de limo, como una referencia simbólica al dios Pelousios. Además, el propio comunicado relaciona el nombre con la palabra griega «pelos» (barro), así que el paisaje no era un decorado, era el mensaje.
Alrededor del estanque, el equipo documentó un sistema integrado de canales para el drenaje y depósitos de agua. Es un detalle técnico, pero también revela intención, porque el agua debía entrar, circular y salir de forma controlada. No es poca cosa.
De edificio civil a instalación sagrada
Este hallazgo también es una lección de método. En 2019, los arqueólogos solo veían alrededor del 25% de una estructura circular construida con ladrillo rojo, y se interpretó como un posible edificio cívico, algo parecido a una sede de consejo local.
Con más campañas de excavación, la imagen cambió por completo. La planta completa mostró un diseño «masivo y complejo», con varias entradas y con una infraestructura hidráulica que no encajaba con un edificio político, además de una parte norte muy dañada.
La reinterpretación se apoyó en estudios de campo y en comparaciones con modelos helenísticos y romanos fuera de Egipto, además de debates con especialistas, entre ellos el profesor Jean-Yves Carrez-Maratray (Universidad de la Sorbona). La conclusión fue clara, era una «instalación de agua sagrada» vinculada a rituales religiosos.
Pelusio, una ciudad que mezclaba culturas
El ministerio subraya que este descubrimiento refuerza la importancia estratégica y arqueológica del norte del Sinaí, una zona donde todavía quedan muchos yacimientos por comprender. Pelusio, en concreto, fue un lugar donde circularon personas, mercancías e ideas durante siglos.
Esa mezcla se ve en la arquitectura. La descripción oficial habla de un diseño que combina tradiciones egipcias con rasgos helenísticos y romanos, una pista coherente con la historia de una ciudad que vivió cambios culturales profundos a lo largo del tiempo.
En excavaciones previas en Tell el-Farama ya se habían documentado otros templos, como uno dedicado a Zeus, lo que encaja con esa convivencia de influencias en la zona. Por eso el nuevo hallazgo no va solo de una estructura curiosa, también ayuda a entender cómo convivían cultos locales y religiones importadas en un entorno marcado por el agua del delta.
El Nilo como paisaje y como lección
A veces pensamos en el agua como algo «automático», abrimos el grifo y ya está. Pero en Pelusio, hace más de dos mil años, el agua era tan central que se diseñó un recinto entero para traerla, manejarla y darle un sentido sagrado.
Además, el templo se conectaba a un ramal del Nilo que hoy ya no fluye en esa zona, un recordatorio de que los grandes ríos también cambian y de que los paisajes del delta se transforman con el tiempo. En el fondo, lo que aparece bajo la arena no es solo piedra, también es historia del agua.
Ahora los arqueólogos deberán seguir excavando y estudiando, sobre todo porque una parte del conjunto quedó muy dañada. Cada metro que se documente puede aclarar mejor cómo funcionaba el sistema, cómo se movía el agua y qué papel tenía este lugar dentro de la ciudad.
El comunicado oficial se puede ver en la web del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.








