Hacia las siete de la mañana del 5 de enero de 2026, el personal del telescopio solar Dunn, en Sunspot (Nuevo México), encontró mercurio líquido sobre la mesa principal de observación. Se retiraron unos 84 kilos del metal y nadie pudo averiguar de dónde había salido, según la carta técnica que la ingeniería Thornton Tomasetti envió a la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF) el 26 de agosto.
Ocho meses después, la NSF ha confirmado que demolerá por completo el telescopio solar Dunn, una torre de 1969 cuyo sistema óptico de unas 227 toneladas giraba flotando sobre 454 litros de mercurio. La agencia drenó el metal entre el 23 de julio y el 1 de agosto, pero en su actualización del 27 de agosto explica que el mercurio se ha amalgamado, es decir, se ha unido a las superficies metálicas, en toda la estructura interior de vacío.
Un telescopio que flotaba sobre metal líquido
El Dunn recibió el 15 de octubre de 1969 el nombre de Telescopio de Torre de Vacío y en 1998 tomó el nombre del astrónomo solar que impulsó su construcción. Lo levantó la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Sacramento Peak, a unos 2800 metros de altitud dentro del Bosque Nacional de Lincoln, y en 1976 pasó a manos de la NSF.
La torre se eleva 41 metros sobre el suelo y continúa otros 59 bajo tierra, hasta un espejo principal de 1,6 metros. La Universidad Estatal de Nuevo México (NMSU), que lo operaba desde 2017 al frente de un consorcio internacional, lo compara con un iceberg.
El tubo, el laboratorio óptico y los instrumentos forman una única plataforma giratoria de más de 250 toneladas estadounidenses, unas 227 toneladas métricas, que cuelga de un cojinete de flotación de mercurio sujeto con tres pernos de solo 76 milímetros de diámetro, según la ficha técnica de la universidad.
Girarlo entero servía para mantener la imagen del Sol alineada con los aparatos de medida. «Tan delicada es la suspensión de flotación que, cuando el motor de giro está apagado, un empujón suave hace girar todo el instrumento», describe la NMSU, que equipara la nitidez del Dunn a leer una matrícula a casi 97 kilómetros.
Una fuga cuyo origen nunca se encontró
Tras el hallazgo, la NSF cerró al público el observatorio y su centro de visitantes. El terreno lo gestiona el Servicio Forestal del Departamento de Agricultura, que pidió a la NSF retirar todo el mercurio y sanear el lugar.
En los meses siguientes el metal volvió a aparecer, y la carta de Thornton Tomasetti recoge que a principios de abril y de nuevo en julio se vio más mercurio en suelos y recipientes de recogida bajo el cojinete principal, lo que indica, según los ingenieros, «fugas y migración continuadas» desde el conjunto del telescopio.
El 24 de febrero, la NSF anunció que vaciaría el telescopio y después lo derribaría. «Tras evaluar los retos de ingeniería, los costes de reparación previstos y los riesgos para la seguridad y el medio ambiente, la NSF determinó que retirar y eliminar de forma segura el mercurio del telescopio es la medida más prudente», escribió la agencia en su comunicado.
Vaciar los depósitos no era suficiente
Thornton Tomasetti drenó el mercurio en los cuatro puntos previstos y limpió las superficies contaminadas a las que se podía llegar. Aun así, recuperó «aproximadamente un 2 % menos» del volumen total que estimaban los cálculos de ingeniería.
Los ingenieros enumeran posibles explicaciones para esa diferencia, desde restos en espacios inaccesibles hasta dudas sobre la cantidad inicial, migración u otras pérdidas. «Su ubicación final no puede establecerse sin abrir el sistema del telescopio y retirar el tubo central de vacío», escriben.
La estructura metálica lleva más de 50 años expuesta al mercurio, y la carta advierte de que el metal puede quedar retenido en el acero, las juntas, la corrosión y grietas inaccesibles, e incluso penetrar en el acero y volverlo frágil, algo que no se puede medir con fiabilidad solo mirando o vigilando el aire.
Por eso concluyen que la descontaminación completa debe hacerse mediante una «deconstrucción y demolición controladas» del telescopio y del caparazón de hormigón armado de 0,9 metros de grosor que lo rodea. Vaciar los depósitos y limpiar lo accesible son, para ellos, medidas provisionales.
La cautela tiene que ver con el propio metal, porque la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) explica que el mercurio elemental expuesto puede evaporarse a temperatura ambiente y convertirse en «un vapor tóxico, invisible e inodoro», y que respirar ese vapor es una de las vías de exposición.
Una demolición con controles y calendario
Antes del derribo, la NSF hará una evaluación completa de materiales regulados con el Departamento de Medio Ambiente de Nuevo México, que abarcará mercurio, plomo y amianto, además de pruebas para detectar vapor de mercurio condensado en el hormigón. Thornton Tomasetti pide que el trabajo incluya contención del mercurio, vigilancia del aire, estabilización de la estructura y documentación de los residuos.
La decisión de 2019 que ahora se aplica prevé retirar todas las estructuras del observatorio, incluidas las viviendas, hasta unos 1,2 metros bajo el suelo, y evitar las obras entre el 1 de marzo y el 30 de septiembre, cuando el cárabo moteado mexicano y el azor común pueden estar criando, aunque la NSF podría limitar esa restricción al uso de explosivos si el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos y el Servicio Forestal lo avalan.
Los vecinos que quieren salvar Sunspot
Dave Dooling trabajó nueve años como responsable educativo de Sunspot y ahora encabeza, junto a la coalición vecinal Friends of Sunspot, el intento de frenar el derribo. «Van a destruir algo que tiene historia científica e historia cultural», contó al medio Source NM en un reportaje publicado el 3 de julio. «Es nuestro propio Proyecto Hail Mary», añadió.
Dooling, creador del modelo a escala del sistema solar cuyas señales salpican las carreteras de la zona, no piensa parar. «Vamos a seguir presionando hasta que la bola de demolición empiece a balancearse», dijo.
Heidi Sanchez, que dirigía las operaciones del centro de visitantes, cree que, si lograran que les escuchara el dirigente estatal adecuado, se podría levantar allí «algo único para este estado que ningún otro estado tiene». Scott McLaughlin, director ejecutivo de Spaceport America, lo resumió así a Source NM: «Espero que suficiente gente pueda crear el impulso necesario para que la Fundación Nacional de Ciencias vaya más despacio y todas estas personas interesadas puedan encontrar una solución».
La representante estatal demócrata Dayan Hochman-Vigil, encargada de la disciplina de voto de la mayoría en la Cámara de Representantes de Nuevo México, también pide una pausa. «Hay tanta historia y tanto potencial… sería una auténtica pena perder por completo el acceso a esos recursos», declaró.
La portavoz de la NSF Cassandra Eichner respondió por escrito que la prioridad de la agencia es «asegurarse de que el mercurio contenido en el telescopio se aborde de forma segura», y que la revisión ambiental, con su periodo de alegaciones, no encontró propuestas de conservación viables.
Medio siglo de observaciones del Sol
Hasta la llegada del telescopio solar Daniel K. Inouye, en Hawái, y de otras instalaciones más avanzadas, el Dunn fue «central para la exploración científica del Sol», según la NSF, y permitió estudiar las manchas solares, las fulguraciones que alimentan las tormentas solares y la dinámica de la atmósfera solar.
En sus mejores años se montaba allí una nueva configuración de instrumentos aproximadamente cada diez días, y sus datos han servido para varios artículos de investigación sobre el comportamiento del Sol. Desde 2019 solo funcionaba de forma limitada.
Lo que los documentos no aclaran
Ninguno de los documentos públicos explica qué falló en enero, y la carta de los ingenieros admite que el origen de la fuga «no se determinó». Tampoco hay una fecha de derribo cerrada.
Las cifras cambian según la fuente, desde las 250 toneladas estadounidenses de la NSF (unas 227 métricas) hasta las 265 de Thornton Tomasetti (unas 240), y otro documento de la NSF eleva el mercurio a unos 606 litros contando cojinetes y sellos. La diferencia del 2 % tampoco indica por sí sola que haya mercurio fuera de la torre, porque los ingenieros incluyen entre sus causas la incertidumbre sobre la cantidad inicial.
La actualización de la NSF y el Servicio Forestal sobre el drenaje y la demolición se publicó el 27 de agosto de 2026 en la web de la NSF, junto con la carta técnica de Thornton Tomasetti.
La agencia ha comprometido hasta 100.000 dólares para una exposición o una señalización que conserve la historia del observatorio, y Dooling aseguró a Source NM que seguiría reuniéndose con vecinos, antiguos empleados y políticos. «La única garantía es que, si no hacemos nada, lo van a destruir», dijo.
Imagen: NM-state / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)













