El Sol parece mantener el mismo pulso de siempre cuando lo miramos desde la Tierra. Sale, se pone, calienta, alimenta el clima y también marca buena parte de la vida en el planeta. Pero bajo esa apariencia conocida, un nuevo estudio apunta a algo más inquietante, su actividad magnética podría estar reorganizándose bajo la superficie.
No significa que el Sol vaya a comportarse de forma peligrosa de un día para otro. La conclusión es más fina, pero importante. Las mediciones tradicionales, como el número de manchas solares o las emisiones de radio, no estarían contando toda la historia, y las ondas internas de la estrella muestran que el ciclo solar se está concentrando cada vez más cerca de la superficie.
Un cambio oculto en el Sol
Durante décadas, los científicos han seguido la actividad del Sol mirando lo que ocurre en su cara visible. Las manchas solares, las llamaradas y las emisiones de radio son señales útiles, porque muestran cuándo nuestra estrella entra en una fase más activa. A simple vista, sería como mirar el oleaje sin saber qué ocurre bajo el mar.
El nuevo trabajo cambia ese enfoque. Un equipo internacional ha usado casi 40 años de datos de heliosismología, una técnica que permite estudiar el interior del Sol a partir de pequeñas ondas sonoras que viajan por la estrella. Es, en cierto modo, escuchar el «latido» solar para saber si algo está cambiando por dentro.
Los datos proceden de la Birmingham Solar Oscillations Network, conocida como BiSON. Esta red de seis telescopios ha permitido analizar observaciones entre 1987 y 2025, desde el ciclo solar 22 hasta el máximo del ciclo 25. No es poca cosa.
Qué han escuchado los astrónomos
El Sol no es una esfera quieta. Su interior está formado por plasma caliente, gases cargados eléctricamente que se mueven sin parar. Ese movimiento, junto con la rotación desigual de la estrella, ayuda a generar y retorcer su campo magnético.
Cada 11 años, más o menos, la actividad solar sube y baja. En los máximos solares hay más manchas, más llamaradas y más eyecciones de masa coronal. En los mínimos, la estrella parece más tranquila. Pero la palabra «parece» es importante aquí.
Los investigadores analizaron las llamadas oscilaciones de modo p. Son ondas de presión que recorren el Sol y cambian de frecuencia cuando varía la actividad magnética. El equipo las separó en bandas de baja, media y alta frecuencia para mirar distintas profundidades bajo la superficie.
La sorpresa del ciclo 25
Aquí llega el hallazgo que ha llamado la atención de los científicos. Las señales visibles del ciclo solar 25 pueden parecer más débiles que las de ciclos anteriores, pero las ondas internas de alta frecuencia cuentan otra historia. Según el estudio, el ciclo 25 se ve tan fuerte como los ciclos 22 y 23 cuando se observa en esa banda sísmica.
¿Qué significa esto en la práctica? Que el Sol podría estar mostrando menos fuerza en algunos indicadores de superficie, mientras guarda una señal más intensa en capas muy poco profundas. Es como si una casa pareciera tranquila desde la calle, pero dentro hubiera tuberías vibrando con más fuerza de lo esperado.
La investigación apunta a que los cambios estructurales asociados al ciclo solar se están confinando cada vez más cerca de la superficie. En concreto, los modos de alta frecuencia son especialmente sensibles a cambios situados dentro de unos 1000 kilómetros bajo la superficie solar. Para una estrella de ese tamaño, eso es casi piel.
Por qué importa en la Tierra
Puede sonar lejano, pero no lo es tanto. La actividad solar está detrás de parte del llamado clima espacial. Cuando el Sol lanza partículas y radiación en dirección a la Tierra, puede haber auroras preciosas, sí, pero también problemas en satélites, comunicaciones, GPS y redes eléctricas.
En mayo de 2024, por ejemplo, una serie de llamaradas y eyecciones de masa coronal provocó la tormenta geomagnética más intensa registrada en la Tierra en dos décadas, según la NASA. Para quien usa el móvil, conduce con navegador o depende de una red eléctrica estable, esto no es una curiosidad astronómica. Está bastante más cerca de la vida diaria de lo que parece.
Por eso los expertos quieren entender mejor qué pasa bajo la superficie del Sol. Si los modelos solo se apoyan en manchas solares y emisiones visibles, podrían perder parte de la información. Y cuando hablamos de tormentas solares, anticiparse cuenta mucho.
Lo que dicen los investigadores
El autor principal, Bill Chaplin, de la Universidad de Birmingham, explicó que el Sol tiene su propio «biorritmo activo», capaz de crear subidas y bajadas de actividad magnética que dan forma al clima espacial. También advirtió que las medidas tradicionales de superficie «no captan toda la historia».
Chaplin fue más allá al resumir el hallazgo. «Hemos descubierto pruebas de cambios sistemáticos en el ciclo de actividad solar. Fundamentalmente, la actividad magnética se está concentrando cada vez más cerca de la superficie con cada ciclo», señaló el investigador. Es una frase prudente, pero potente.
Sarbani Basu, de la Universidad de Yale, añadió otro matiz clave. «Esta tendencia no puede explicarse simplemente por campos magnéticos más débiles. En cambio, indica una reorganización estructural de cómo se almacena la actividad magnética del Sol bajo la superficie», afirmó. En otras palabras, no basta con decir que el Sol está más débil o más fuerte. Puede estar funcionando de otra manera.
Lo que falta por saber
Aún queda una pregunta abierta. ¿Estamos ante una tendencia duradera o ante una fase temporal del Sol? Los propios autores reconocen que será necesario seguir observando lo que queda del ciclo 25 y el inicio del ciclo 26. NOAA recuerda que el ciclo 26 podría comenzar entre enero de 2029 y diciembre de 2032, aunque todavía no hay una predicción oficial cerrada para ese nuevo ciclo.
Esto obliga a tener paciencia. La ciencia solar se construye con series largas, porque un solo ciclo de 11 años no siempre basta para entender el comportamiento de una estrella. BiSON es valioso precisamente por eso, porque ha mantenido la escucha durante décadas.
La conclusión, por ahora, es clara pero no alarmista. El Sol podría estar reorganizando su actividad magnética en capas más superficiales, y eso puede cambiar la forma en que se interpretan sus ciclos.
El estudio completo ha sido publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.











