Los plásticos que antes cubrían viñedos o envolvían balas de algodón pueden acabar bajo un tren. En Melbourne, Metro Trains instaló 190 traviesas fabricadas con un 85 % de residuos plásticos reciclados en la estación de Richmond durante el fin de semana del 22 y 23 de junio de 2019, según Sustainability Victoria.
Aquella prueba abrió una salida para materiales difíciles de aprovechar y tuvo continuidad en otras instalaciones ferroviarias de Victoria. Pero hay dos datos que conviene entender antes de valorar su alcance. Las toneladas reutilizadas dependen de la instalación y los 50 años de duración anunciados siguen siendo una previsión.
Del campo a la vía
Las traviesas son las piezas transversales que sostienen los carriles y mantienen la distancia entre ellos. También reparten las cargas hacia las capas inferiores de la vía, una tarea que apenas vemos cuando esperamos el tren en el andén.
Las de Richmond se llaman Duratrack y las fabrica Integrated Recycling en Mildura. Su desarrollo contó con el Instituto de Tecnología Ferroviaria de la Universidad de Monash y empleó residuos australianos, entre ellos poliestireno, cubiertas agrícolas y tuberías procedentes de la minería.
El Gobierno de Victoria destinó 630.000 dólares australianos a impulsar el proyecto mediante ayudas de Sustainability Victoria. La instalación se presentó como una prueba de 18 meses para evaluar su comportamiento con tráfico ferroviario real, según el comunicado gubernamental de junio de 2019.
Las toneladas necesitan contexto
El anuncio inicial calculaba que un kilómetro de vía equipado con estas traviesas permitiría reutilizar 64 toneladas de plástico que, de otro modo, acabarían en un vertedero. Una ficha posterior de Sustainability Victoria relacionaba esa distancia con unas 1.500 traviesas, de modo que la cifra no corresponde a las 190 instaladas en Richmond.
Además, el informe ambiental de Victoria de 2023 recoge otra referencia, 99 toneladas por kilómetro de vía ancha. Las fuentes consultadas no explican directamente la diferencia entre ambos cálculos, por lo que no conviene presentar las 64 toneladas como una equivalencia universal.
Lo que sí muestra el proyecto es una aplicación concreta para residuos que ya habían cumplido su primera función. La propuesta consiste en incorporarlos a una infraestructura duradera y, al terminar su servicio, recuperarlos para fabricar nuevos productos, según el informe oficial de Victoria.
Qué ocurrió después
Richmond fue un comienzo, no el final del recorrido. El informe de 2023 documenta usos posteriores en Wyndham Vale, Tottenham y actuaciones vinculadas al proyecto Murray Basin y a las mejoras de las líneas de Warrnambool y Shepparton.
Ahora bien, instalar un producto en una red no significa que pueda emplearse en cualquier tramo. La ficha técnica de Sustainability Victoria describe la homologación de Duratrack para apartaderos y zonas de estacionamiento de baja velocidad en las redes de Metro Trains Melbourne y V/Line.
Al cumplirse seis años de la instalación, Integrated Recycling comunicó que las traviesas de Richmond habían soportado más de 50 millones de toneladas de tráfico acumulado. Es un balance del propio fabricante que aporta seguimiento, aunque no sustituye una evaluación independiente de toda su vida útil, como puede comprobarse en su actualización sobre Richmond.
Cincuenta años por demostrar
¿Podrían durar medio siglo bajo los trenes? Esa fue la vida útil potencial anunciada por el Gobierno de Victoria en 2019, pero una previsión de durabilidad no equivale a haber completado ese periodo de servicio.
Para entender por qué importa la composición, un estudio de la Universidad de Tampere publicado en diciembre de 2024 comparó dos materiales reciclados mediante pequeñas probetas. El ABS procedente de residuos eléctricos y electrónicos respondió mejor que el material recuperado del reciclaje de envases de cartón para líquidos.
Este último se ablandaba demasiado con el calor para el uso ferroviario estudiado sin modificaciones adicionales. El trabajo no evaluó Duratrack y dejó pendientes los ensayos de traviesas a escala real y de comportamiento a largo plazo, incluida la resistencia a la radiación ultravioleta, según el artículo de Frontiers in Sustainability.
El balance ambiental completo
Reciclar toneladas de residuos es una parte de la cuenta, pero también importan la energía de fabricación, el transporte, el mantenimiento y el destino final. Una revisión científica de marzo de 2026 advierte de que las diferencias entre los métodos y los datos utilizados dificultan comparar la huella ambiental de las distintas traviesas.
Para valorar proyectos como Richmond, esto implica mirar cuánto material se recupera y cómo funciona durante toda su vida. La revisión sobre el impacto ambiental de las traviesas se publicó el 23 de marzo de 2026 en Circular Economy and Sustainability.
Imagen: Philip Mallis / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)













