Las jirafas no suelen aparecer en las noticias por sus habilidades con los números. Las imaginamos comiendo hojas de acacia, moviéndose con calma entre árboles altos o mirando desde arriba lo que ocurre a su alrededor. Pero un nuevo estudio de la Universidad de Barcelona acaba de añadir un matiz curioso. Algunas pueden recordar cantidades de alimento y actualizarlas mentalmente para escoger dónde hay más comida.
La investigación se hizo con cuatro ejemplares del Zoo de Barcelona y no significa que las jirafas sumen como una persona en una libreta. La conclusión es más precisa, y por eso más interesante. En determinadas pruebas, los animales actuaron como si hubieran combinado cantidades escondidas, sin ver el resultado final, algo parecido a una suma simple.
Una prueba con zanahorias
El experimento tenía un punto muy cotidiano. Zanahorias, recipientes y una decisión sencilla a primera vista. ¿En cuál de los dos contenedores hay más comida?
A cada jirafa se le enseñaban dos cantidades distintas de zanahoria en dos recipientes amarillos. Después, los recipientes se cerraban y la comida dejaba de estar a la vista. Aquí estaba la clave del estudio.
Luego aparecía un tercer recipiente verde con más zanahoria. El investigador añadía ese alimento a uno de los contenedores amarillos, pero la jirafa no podía ver la cantidad final. Tenía que escoger solo con lo que recordaba y con lo que acababa de observar.
El resultado no se veía
Este detalle cambia mucho la lectura del hallazgo. Si el animal hubiera visto el resultado final, podría limitarse a elegir el montón más grande. Eso no diría gran cosa sobre su memoria o su capacidad para seguir cambios.
Iker Loidi, investigador del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la UB, lo explica con una idea clara. Si esa información siguiera disponible para las jirafas, no se podría concluir que realizan operaciones mentales, porque podrían basar su elección en lo que ven después de la manipulación.
Por eso el diseño no buscaba una escena de circo ni una prueba entrenada hasta la saciedad. Buscaba algo más limpio, aunque también más difícil. Ver, recordar, actualizar y decidir.
Sumar fue más fácil
Los resultados fueron prudentes, pero llamativos. En la tarea de combinación, las jirafas rindieron por encima del azar. En análisis más finos, dos de ellas siguieron acertando incluso cuando no podían apoyarse en un atajo sencillo, como elegir siempre el recipiente manipulado por el investigador.
Según la UB, estos animales «pueden recordar cantidades observadas, actualizar mentalmente esa información» y tomar una decisión útil en función de ello. Dicho de forma sencilla, no eligieron solo por impulso. Tuvieron que guardar una imagen mental de lo que había pasado.
En cambio, la cosa cambió cuando la prueba consistía en quitar comida o en seguir movimientos más complejos entre recipientes. Ahí los resultados quedaron en niveles compatibles con el azar. Es decir, añadir parecía más manejable que restar.
No son calculadoras
Conviene frenar un poco. El hallazgo no demuestra que las jirafas entiendan los números como nosotros, ni que puedan hacer aritmética exacta. Nadie está diciendo que una jirafa sepa que dos más tres son cinco del mismo modo que lo aprende un niño en clase.
Lo que sugiere el trabajo es otra cosa. Algunas jirafas podrían manejar representaciones aproximadas de cantidad y actualizarlas cuando ven que se añade comida. Puede sonar modesto, pero en cognición animal no lo es.
Además, los propios autores señalan límites importantes. La muestra fue pequeña, solo cuatro animales, y el método no permite separar del todo si las jirafas se fijaban en el número de piezas, la masa, el volumen o el espacio que ocupaba la comida. Ese matiz importa. Mucho.
Otra mente animal
Durante mucho tiempo, las habilidades numéricas complejas se han estudiado sobre todo en humanos, primates y aves. Tiene cierta lógica, porque chimpancés, cuervos o loros suelen destacar en pruebas de inteligencia animal. Pero mirar siempre a los mismos grupos deja zonas enteras del mapa sin explorar.
Las jirafas pertenecen a los ungulados, mamíferos con pezuñas como ciervos, camellos, hipopótamos o vacas. No son el primer animal que nos viene a la cabeza cuando hablamos de pensamiento numérico. Quizá ese sea precisamente el punto más interesante.
El trabajo es presentado por la UB como la primera investigación sobre capacidades aritméticas en ungulados no domésticos. Y ahí abre una puerta fácil de explicar. Tal vez algunas habilidades mentales no aparecieron en una sola rama evolutiva, sino en distintos animales cuando vivir y alimentarse exigía tomar buenas decisiones.
La sabana también cuenta
¿Qué tiene que ver una suma con la vida de una jirafa en la sabana? Más de lo que parece. Estos animales viven en grupos que se separan y se reúnen según el entorno, y buscan alimento en árboles dispersos, sobre todo acacias.
En la práctica, estimar dónde hay más comida puede ahorrar energía y tiempo. Para un animal salvaje, escoger bien entre varias zonas de alimento puede marcar la diferencia entre moverse de más o aprovechar mejor una oportunidad. Y eso se nota.
Loidi apunta que esa vida social y ecológica podría favorecer la necesidad de estimar «dónde, cuándo y en qué cantidad» están disponibles los recursos. No es una prueba definitiva de que la sabana haya fabricado pequeñas matemáticas, pero sí una pista razonable.
Qué falta por saber
El siguiente paso será repetir pruebas con más individuos y, si es posible, con métodos más automatizados. El propio estudio reconoce que la intervención manual del experimentador pudo introducir señales sutiles, aunque se controlaran la postura, la mirada y otros gestos.
También hará falta saber qué parte de la cantidad estaban siguiendo realmente las jirafas. ¿Contaban piezas? ¿Comparaban masa? ¿Se guiaban por el volumen visual de las zanahorias? En ciencia, una buena respuesta suele abrir tres preguntas nuevas.
Aun así, el hallazgo encaja con una idea cada vez más fuerte. La inteligencia animal no es una escalera con el ser humano arriba y el resto debajo. Es más bien un mosaico, lleno de soluciones distintas para problemas distintos.
Una lección desde Barcelona
El estudio deja una imagen fácil de recordar. Cuatro jirafas del Zoo de Barcelona mirando recipientes con zanahorias y tomando decisiones que obligan a los científicos a afinar lo que entendemos por mente animal. No es poca cosa.
También deja una advertencia para los titulares rápidos. No se trata de decir que las jirafas hacen matemáticas como nosotros, sino de reconocer que su mundo mental puede ser más rico de lo que imaginábamos. A veces, la naturaleza nos corrige con una zanahoria dentro de un cubo.
El estudio oficia ha sido publicado en la revista Scientific Reports,



