Encender un ventilador puede hacer que el salón resulte más llevadero, pero el termómetro apenas se inmuta. El físico austríaco Werner Gruber lo resumió de forma tajante al hablar de una estancia cerrada, donde el aparato “no sirve absolutamente de nada” para bajar la temperatura. Solo mueve el mismo aire caliente una y otra vez.
Eso no significa que sea inútil. Su verdadera función es enfriar a la persona, no la habitación, porque el aire en movimiento ayuda al cuerpo a perder calor. Aun así, el resultado depende de la temperatura, la humedad y la salud de quien lo utiliza.
Mueve aire, no elimina calor
Las aspas empujan el aire y crean una corriente, pero no extraen el calor del cuarto. Para enfriar una estancia hay que trasladar ese calor al exterior, que es justo lo que hace un aire acondicionado mediante un circuito de refrigeración.
El motor del ventilador consume electricidad y termina liberando una pequeña cantidad de calor dentro de la vivienda. Por eso no tiene sentido dejarlo encendido en una habitación vacía. ENERGY STAR lo resume con una regla sencilla, los ventiladores refrescan a las personas, no a los cuartos.
El efecto ocurre en la piel
Cuando sudamos, el cuerpo deposita agua sobre la piel. Al evaporarse, esa humedad se lleva parte del calor corporal, como sucede al salir mojados de una piscina y notar de golpe una brisa fría.
La corriente acelera la evaporación y retira el aire caliente acumulado junto a la piel. El aparato resulta más útil cuando el flujo alcanza el cuerpo, sobre todo si la piel está húmeda. Nosotros nos enfriamos, aunque el ambiente siga igual.
El límite no es una cifra perfecta
La Organización Mundial de la Salud aconseja utilizar ventiladores eléctricos solo por debajo de 40 grados. También advierte de que, por encima de 35 grados, pueden dar alivio sin ser suficientes para evitar una enfermedad causada por el calor.
La humedad cambia mucho el resultado. Un ensayo clínico de 2019 dirigido por Nathan Morris y Ollie Jay, de la Universidad de Sídney, comprobó que el ventilador redujo la temperatura corporal y el esfuerzo cardiovascular en un ambiente muy caluroso y húmedo. Sin embargo, empeoró esas medidas en condiciones extremadamente cálidas y secas.
Por eso conviene desconfiar de reglas demasiado simples. Investigadores del Centro de Investigación sobre Calor y Salud de la Universidad de Sídney señalan que, alrededor de 40 a 42 grados y según la humedad, un ventilador por sí solo puede dejar de ser seguro. La edad, la hidratación, la ropa y las enfermedades previas también cuentan.
Las ventanas tienen su momento
Abrir de par en par a mediodía no siempre ayuda. Cuando el aire exterior está más caliente, la ventana facilita que entre más calor, mientras que las persianas o cortinas cerradas frenan la radiación solar.
La situación cambia al anochecer, cuando fuera refresca. La OMS recomienda aprovechar entonces el aire nocturno y crear ventilación cruzada. También puede colocarse un ventilador junto a una ventana para expulsar aire caliente, pero solo si el exterior está realmente más fresco.
El aire acondicionado sí enfría
Un aire acondicionado toma calor del interior y lo libera fuera del edificio. Puede combinarse con un ventilador para repartir mejor el aire y elevar el termostato sin perder tanta comodidad. Diversos cálculos indican que el movimiento del aire permite retrasar el uso del aire acondicionado hasta que la estancia está unos tres o cuatro grados más caliente.
La demanda de estos sistemas está creciendo. La Oficina Federal de Estadística de Alemania registró unos 317.000 aparatos producidos en 2024, un 75,1 por ciento más que en 2019. Las importaciones alcanzaron 949 millones de euros, un 48,2 por ciento más, y una cuarta parte procedió de Italia.
Cómo usarlo con seguridad
Mientras la temperatura interior se mantenga por debajo de 40 grados, el ventilador puede ser útil si el aire llega a la piel. Mojarse con un paño húmedo, darse una ducha fresca y beber agua con regularidad refuerzan el efecto. Si el calor es extremo, no debe ser la única protección.
Mareo, náuseas, debilidad intensa, confusión o pérdida de conocimiento son señales de alarma. La persona debe trasladarse cuanto antes a un lugar fresco y recibir ayuda médica, porque un golpe de calor puede avanzar con rapidez.
También conviene vigilar a quienes viven solos y a las personas mayores. Cuando una casa no puede mantenerse fresca, pasar varias horas en un edificio climatizado o en otro espacio más seguro puede reducir el riesgo. Un gesto sencillo, como llamar a un vecino, también cuenta.
El ensayo clínico principal sobre el uso de ventiladores durante episodios de calor se ha publicado en Annals of Internal Medicine.



