Un hallazgo del CSIC en el Guadalquivir deja a los biólogos sin palabras: encuentran un ‘fósil viviente’ de hace 500 millones de años que se creía totalmente desaparecido

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Publicado el: 24 de mayo de 2026 a las 09:43
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Lamprea marina hallada por investigadores del CSIC en el Guadalquivir, considerada un fósil viviente.

La lamprea marina ha vuelto a aparecer donde muchos investigadores ya casi no la esperaban. Un equipo de la Estación Biológica de Doñana, del CSIC, ha localizado un ejemplar adulto de casi un metro en la Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del Bajo Guadalquivir. No es una captura cualquiera. Es la pista de que este animal, considerado prácticamente extinto en el gran río andaluz, todavía resiste.

La noticia tiene algo de hallazgo científico y mucho de llamada de atención. Porque la lamprea no solo es rara, también necesita ríos conectados con el mar para completar su vida. Y eso, en una cuenca llena de presas, obstáculos y especies invasoras, se ha convertido en casi un lujo ecológico. El río ha dado una señal. Ahora toca saber si aún queda tiempo para escucharla.

Una aparición inesperada

La lamprea encontrada pertenece a la especie Petromyzon marinus, un animal alargado, sin mandíbulas y con una boca circular en forma de ventosa. Tras ser estudiada, fue devuelta al agua, según la información publicada sobre el hallazgo. Un gesto pequeño, pero importante cuando se habla de una especie tan escasa.

La Estación Biológica de Doñana explica que en el Guadalquivir apenas había registros durante el siglo XXI. Por eso, el ejemplar localizado en la Rivera de Huelva cambia el mapa mental de los investigadores. La especie no había desaparecido del todo. Estaba escondida en uno de los pocos tramos que aún mantiene conexión con el estuario y el mar.

Un animal muy antiguo

A las lampreas se las suele llamar «fósiles vivientes» porque pertenecen a un linaje muy primitivo de vertebrados sin mandíbula. Sus antepasados se remontan a cientos de millones de años, mucho antes de que aparecieran los peces modernos tal y como los imaginamos hoy. No es poca cosa.

El Inventario Español del Patrimonio Natural y la Biodiversidad describe a la lamprea marina como una especie nativa, migradora y capaz de superar el metro de longitud en la madurez. También recoge su cuerpo cilíndrico, su boca con dientes córneos y sus siete pares de orificios branquiales visibles. Parece un animal de otra época. Y, en buena parte, lo es.

El viaje entre río y mar

La vida de la lamprea es un viaje largo. Nace en el río, pasa varios años como larva enterrada en fondos de arena o grava y, después de transformarse, baja al mar. Allí vive durante meses o años, alimentándose adherida a otros peces, antes de volver al río para reproducirse.

¿Qué significa esto en la práctica? Que si una presa corta el paso, el ciclo se rompe. No puede subir a desovar, las larvas no encuentran sus zonas tranquilas y la población se apaga poco a poco. Es una de esas pérdidas silenciosas que no se ven desde un puente, pero que cambian por completo la vida de un río.

La presa que cambió el Guadalquivir

La presa de Alcalá del Río, en funcionamiento desde 1931 y situada aguas arriba de Sevilla, cortó la conexión directa de buena parte de la cuenca con el mar. Según la EBD-CSIC, los peces anádromos fueron los más afectados, porque necesitan remontar los ríos para reproducirse.

Miguel Clavero, investigador de la Estación Biológica de Doñana, recuerda que el esturión desapareció por la combinación de la presa y la sobrepesca. También cita el caso del sábalo, que antes se pescaba en Sevilla. Hasta ahora, la lamprea parecía haber seguido el mismo camino. Pero el nuevo ejemplar encontrado obliga a matizar esa historia.

La Rivera de Huelva guarda una pista

El tramo bajo de la Rivera de Huelva tiene algo especial. Aguas abajo del embalse del Gergal, sigue siendo uno de los pocos ecosistemas fluviales del Guadalquivir con contacto directo con el estuario y, desde ahí, con el mar. Para peces migradores, esa puerta abierta lo cambia todo.

Sergio Bedmar, investigador de la EBD-CSIC, apunta que la zona tiene grandes arenales y una corriente suave pero permanente. Por eso cree que podría albergar larvas, aunque la reproducción de la lamprea nunca se ha documentado en la cuenca del Guadalquivir. Ahí está la gran pregunta. ¿Queda una pequeña población criando en silencio?

Las amenazas siguen ahí

La buena noticia no borra el problema. El propio CSIC advierte de la presencia de especies invasoras en la zona, entre ellas crustáceos como el cangrejo rojo y el cangrejo azul, además de varios peces invasores. El siluro preocupa especialmente, porque puede depredar sobre especies valiosas como la anguila y, ahora que se sabe que sigue allí, también sobre la lamprea.

El Inventario Español señala otras amenazas conocidas para la especie, como la contaminación de ríos y estuarios, las presas, las canalizaciones y la extracción de gravas. Son problemas muy de río real, de esos que se acumulan durante décadas. Y al final pasan factura.

Una oportunidad para recuperar el río

El hallazgo no significa que la lamprea esté salvada. Significa algo más modesto, pero muy valioso. Aún queda una posibilidad. Los investigadores defienden que eliminar barreras como las presas de Alcalá del Río y Cantillana sería clave para devolver hábitat a los peces migradores del Guadalquivir.

Clavero lo resume con una idea poderosa. La buena noticia es que la lamprea todavía vive en el Guadalquivir, pero la verdadera buena noticia sería empezar a restaurar parte del hábitat perdido por culpa de las barreras. El reloj corre más deprisa que la política ambiental. Y el río, aunque parezca quieto, está contando su propia historia.

La nota oficial de la Estación Biológica de Doñana del CSIC ha sido publicada bajo el título La lamprea aún vive en el Guadalquivir.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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