Barcelona acaba de sumar una nueva pieza a su mapa de biodiversidad urbana. La cejirrubia (Callophrys avis), conocida en catalán como verdeta d’ull ros, ha sido identificada por primera vez en la ciudad durante un muestreo en el Parc del Laberint d’Horta. Con este registro, la capital catalana alcanza las 52 especies de mariposas diurnas observadas, alrededor del 26% de todas las presentes en Cataluña.
No hablamos de una mariposa nueva para la ciencia, sino de una especie que hasta ahora no se había confirmado dentro del municipio. Y el dato es más interesante de lo que parece, porque esta pequeña mariposa verde necesita plantas muy concretas y solo vuela entre marzo y mayo. En una ciudad de tráfico, calor y parques cada vez más importantes para respirar, encontrarla abre una pregunta sencilla. ¿Están algunos espacios verdes funcionando mejor como refugios de naturaleza?
Una señal en Horta
El hallazgo se produjo a finales de abril dentro del programa de seguimiento de mariposas urbanas de Barcelona, el observatorio uBMS. La observación tuvo lugar durante un muestreo en el Parc del Laberint d’Horta, uno de los espacios verdes más singulares de la ciudad. No es poca cosa.
Este parque tiene un papel especial por su cercanía y continuidad con Collserola. Según explica el CREAF, es probable que el ejemplar procediera de esa zona natural. En la práctica, esto recuerda algo bastante simple, pero a veces olvidado, los parques no son islas si están bien conectados con otros espacios verdes.
Una mariposa exigente
La cejirrubia no es una especie cualquiera. Es univoltina, lo que significa que solo tiene una generación al año, y su periodo de vuelo se concentra entre marzo y mayo, con un máximo de observaciones en abril. Quien no mire en el momento adecuado, sencillamente puede no verla.
Además, sus orugas dependen de dos plantas muy concretas, el madroño (Arbutus unedo) y la emborrachacabras o roldor (Coriaria myrtifolia). Si estas plantas faltan o desaparecen de un entorno, la mariposa lo tiene muy difícil para completar su ciclo. Es una vida muy pequeña, pero muy condicionada.
Un bioindicador urbano
Las mariposas diurnas se utilizan como bioindicadores porque reaccionan rápido a los cambios en la vegetación, el clima y las condiciones ecológicas. Dicho de otra manera, si ellas cambian, algo está cambiando también en el entorno. Y eso se nota antes de lo que imaginamos.
La cejirrubia encaja de lleno en ese perfil. El CREAF la describe como una especie especialista, con dieta restrictiva y poca capacidad de dispersión. También señala que está en declive moderado en Cataluña y que rara vez se observa en ambientes urbanos. Por eso su aparición en Barcelona tiene valor científico y ambiental.
No todas se adaptan igual
Aunque Barcelona haya alcanzado las 52 especies registradas, los datos también muestran una realidad menos llamativa. Cuatro especies y la familia más común concentran el 64% de todas las observaciones, lo que indica que dominan las mariposas generalistas, más capaces de vivir en una ciudad.
Esto es importante porque una ciudad filtra mucho la vida silvestre. Ruido, calor, asfalto, podas, falta de flores y pérdida de plantas nutricias pueden dejar fuera a las especies más delicadas. En cambio, las que comen de casi todo y se mueven mejor tienen más margen para sobrevivir entre jardines, calles y plazas.
La ciencia ciudadana fue clave
El descubrimiento ha sido posible gracias a la red de voluntariado del observatorio uBMS, un proyecto coordinado por el CREAF. En Barcelona funciona desde 2018 dentro del convenio con el Institut Municipal de Parcs i Jardins de Barcelona. Actualmente participan unas cuarenta personas voluntarias, que realizan seguimientos semanales en 29 parques y jardines entre marzo y noviembre.
Yolanda Melero, coordinadora científica del observatorio uBMS, resume el valor de esta vigilancia con una idea sencilla, encontrar una especie así muestra «un buen trabajo de seguimiento». No es solo salir a mirar mariposas. Es convertir paseos repetidos, datos ordenados y ojos atentos en información útil para gestionar mejor la ciudad.
La sequía dejó cicatrices
Los datos acumulados también permiten ver cómo responden las mariposas a los años buenos y malos. En 2020 se registró un aumento notable de abundancia, coincidiendo con el confinamiento, una menor intervención en los espacios verdes y unas condiciones meteorológicas más lluviosas. Fue un experimento inesperado, casi a escala de ciudad.
Después llegó el golpe contrario. La sequía prolongada entre 2021 y 2023 provocó una caída importante de las poblaciones observadas. A partir de 2024, los registros apuntan a una recuperación progresiva. Pero conviene no correr demasiado. Una observación positiva no significa que el problema esté resuelto.
Parques menos perfectos
Barcelona ya impulsa medidas de naturalización orientadas a mejorar la biodiversidad urbana. Entre ellas están la implantación de praderas y herbazales urbanos, la gestión forestal de baja intensidad en espacios como Montjuïc, los Tres Turons, Collserola o el Rec Comtal, y la creación de refugios de biodiversidad.
Para el ciudadano, esto puede traducirse en algo tan cotidiano como ver zonas menos recortadas, más flores espontáneas o rincones con aspecto menos «limpio» de lo habitual. Pero ahí puede estar la diferencia. Un jardín demasiado perfecto para la vista humana puede ser pobre para una oruga que busca su planta concreta.
Una pista para el futuro
El hallazgo de la cejirrubia no convierte a Barcelona en un paraíso de mariposas de la noche a la mañana. Pero sí señala dónde merece la pena mirar con más atención. Los parques conectados, con vegetación adecuada y una gestión menos agresiva, pueden abrir pequeñas puertas a especies que normalmente quedan fuera de la ciudad.
También deja una lección clara. La biodiversidad urbana no siempre aparece con grandes titulares ni con animales espectaculares. A veces llega en forma de una mariposa verde, difícil de ver, que solo vuela unas semanas al año. Y cuando aparece, conviene escuchar lo que está diciendo.
El comunicado oficial sobre este hallazgo ha sido publicado por el CREAF.









