El mayor descubrimiento del Rober Curiosity de la NASA en Marte fue un accidente pero cambió la historia de la ciencia para siempre: «Es como un oasis en el desierto»

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Publicado el: 17 de marzo de 2026 a las 15:41
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Cristales de azufre puro descubiertos por el rover Curiosity de la NASA tras romper una roca en Marte en el canal Gediz Vallis.

El hallazgo llegó en un momento casi rutinario. El rover Curiosity, de la agencia NASA, avanzaba por un canal antiguo en el cráter Gale cuando sus ruedas pasaron por encima de una roca. El golpe la partió y dejó al descubierto un interior lleno de cristales amarillos muy brillantes. Días después, los instrumentos del brazo del vehículo confirmaron lo que nadie esperaba encontrar allí, azufre elemental, es decir, azufre puro, la primera vez que se detecta este tipo de azufre en la superficie de Marte.

El accidente ocurrió el 30 de mayo de 2024 en Gediz Vallis, un canal que desciende por el monte Sharp, la montaña central del Cráter Gale. Curiosity llevaba meses trabajando en una zona rica en sulfatos, sales que se forman cuando el agua líquida se evapora. Hasta ahora todo lo que se había visto eran minerales con azufre mezclado con otros elementos, no cristales de azufre puro. Por eso, cuando el equipo comprobó la composición de la roca rota, saltaron todas las alarmas científicas.

Un accidente que cambia el mapa geológico de Marte

Tras la primera roca rota, el equipo revisó las imágenes del entorno y detectó algo aún más llamativo, todo un campo de piedras de aspecto similar, con tonos amarillos intensos. Ashwin Vasavada, científico del proyecto en el Jet Propulsion Laboratory (JPL), lo resumió de forma muy gráfica. “Encontrar un campo de piedras hechas de azufre puro es como encontrar un oasis en el desierto. No debería estar ahí, así que ahora tenemos que explicarlo”.

En la práctica, esto plantea una pregunta clara. ¿Qué condiciones permitieron que se formara azufre elemental en un lugar donde, según los modelos previos, solo esperábamos sales de sulfato? El propio comunicado de la misión recuerda que el azufre elemental solo se forma en un rango muy estrecho de condiciones químicas y ambientales, que hasta ahora no se asociaban con la historia de esta parte del cráter Gale.

Agua antigua, avalanchas y química inesperada

Gediz Vallis no es un canal cualquiera. Las imágenes y los datos recopilados por Curiosity apuntan a que se talló hace miles de millones de años mediante potentes flujos de agua y escombros que arrastraron materiales ladera abajo y los apilaron en forma de montículos. En esas pilas de fragmentos aparecen dos huellas claras, cantos rodados redondeados que recuerdan a lechos de río y bloques más angulosos que encajan mejor con avalanchas en seco.

Después llegó otro actor, el agua subterránea. Parte de ese material quedó impregnado por fluidos que circularon por grietas y poros, dejando anillos blanquecinos en algunas rocas. Esas “halos” decolorados indican reacciones químicas duraderas entre el agua y los minerales, un detalle clave cuando se intenta reconstruir si un entorno pudo ser habitable para microbios en el pasado. Curiosity, de hecho, tiene como objetivo principal identificar cuándo y dónde Marte ofreció nutrientes y condiciones estables para la vida microbiana, si es que alguna vez llegó a formarse.

El azufre se suma a ese rompecabezas. En la Tierra forma parte de proteínas y de ciclos biogeoquímicos esenciales. Que aparezca concentrado en cristales puros en un canal marcado por inundaciones antiguas y aguas subterráneas sugiere una historia química más compleja de lo que se pensaba, aunque los científicos insisten en que, por ahora, solo pueden hablar de pistas, no de vida.

Un Marte lleno de rocas “que no encajan”

Curiosity no está solo en esta lluvia de sorpresas. Su “hermano” Perseverance, que trabaja en el cráter Jezero, ha ido encontrando cantos rodados de colores muy distintos al típico rojo marciano y, más recientemente, una roca con franjas blancas y negras apodada “zebra”, o Freya Castle, que tampoco se parece a nada visto antes en la zona.

En el fondo, ambos rovers describen la misma idea. Marte no es una llanura uniforme de polvo rojizo. Es un planeta con una geología variada donde los impactos, las inundaciones, los deslizamientos y los fluidos subterráneos han remezclado el subsuelo una y otra vez. Cada roca rara obliga a ajustar los modelos sobre cómo se enfrió el planeta, cómo circuló el agua y cuánto tiempo pudo mantener ambientes estables. Y eso se nota en cada nueva campaña de observación.

Para quienes miran la Tierra desde la óptica climática, estos resultados no son solo curiosidad planetaria. Reconstruir cómo un mundo que tuvo ríos, lagos y quizás océanos perdió su agua en gran medida ayuda a poner en contexto los cambios de largo plazo que pueden sufrir los planetas rocosos. No sirve para extrapolar directamente a nuestro clima actual, pero sí para afinar las preguntas que hacemos sobre la estabilidad de las atmósferas y los ciclos químicos.

Mientras tanto, Curiosity sigue avanzando por el canal, lejos ya de la roca que rompió por accidente. El equipo confía en que nuevas perforaciones y análisis en Gediz Vallis permitan aclarar cómo se formó este extraño campo de azufre puro y qué cuenta sobre el pasado húmedo de Marte. 

El comunicado oficial de este hallazgo ha sido publicado por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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