Marzo de 2026 llega con una combinación poco habitual de factores que pone en alerta a astrónomos y amantes del cielo. Por un lado seguimos dentro de la fase alta del ciclo solar 25 que concentra el máximo de manchas solares y tormentas en una ventana que va aproximadamente de finales de 2024 a marzo de 2026 según el panel internacional coordinado por el Centro de Predicción del Clima Espacial de NOAA Space Weather Prediction Center y la propia NASA.
Por otro lado se acerca el equinoccio de primavera. Y ahí es donde entra en juego un efecto poco intuitivo pero clave para entender por qué este mes puede ofrecer algunas de las mejores auroras boreales de la década.
Qué es el efecto equinoccio y por qué importa tanto
Las auroras se producen cuando partículas cargadas del viento solar se canalizan por las líneas del campo magnético terrestre y chocan con gases de la atmósfera. Esas colisiones excitan átomos de oxígeno y nitrógeno que devuelven la energía en forma de luz verde, roja o violeta.
La estadística muestra algo curioso. Alrededor de los equinoccios de marzo y septiembre la actividad auroral se vuelve más intensa y frecuente que en los solsticios. Este patrón se conoce como efecto Russell McPherron, por los dos investigadores que lo describieron en los años setenta.
En la práctica esto significa que durante unas semanas alrededor del equinoccio el campo magnético de la Tierra se orienta de manera que el viento solar tiene más facilidad para inyectar partículas en la magnetosfera. La probabilidad de tormentas geomagnéticas y auroras puede prácticamente duplicarse respecto a otras épocas del año según el propio Instituto Geofísico de la Universidad de Alaska, que lleva décadas monitorizando el fenómeno.
Si a este efecto se le suma un Sol todavía muy activo el resultado es una verdadera temporada alta de auroras. Diversos astrónomos señalan que marzo de 2026 puede ser el mejor mes para ver luces del norte hasta bien entrada la próxima década siempre con la condición de que el Sol mantenga su ritmo de erupciones.
De Islandia a España cuando las auroras bajan de latitud
En condiciones normales hay que viajar a latitudes altas para disfrutar del espectáculo. Lugares como Islandia, Noruega o el estado de Alaska se encuentran bajo el llamado óvalo auroral y disfrutan de noches con luces casi a diario cuando el cielo está despejado.
Sin embargo los últimos años han dejado claro que, con tormentas lo bastante fuertes, las auroras pueden bajar mucho más al sur. La gran tormenta geomagnética de mayo de 2024 clasificada como G5 la categoría más alta generó auroras visibles a simple vista en latitudes tan bajas como España, Italia, Texas o Florida según un estudio reciente publicado en Scientific Reports.
En enero de 2026 otra tormenta severa G4 pintó de verde y rojo buena parte del cielo europeo. Crónicas de observatorios y medios meteorológicos recogen testimonios de auroras fotografiadas desde gran parte del norte y el centro de la península ibérica e incluso desde zonas de Andalucía, algo muy poco habitual.
Todo esto no garantiza que en marzo volvamos a ver cortinas de luz sobre España. Pero muestra que estamos en una fase del ciclo solar en la que esos episodios ya no son solo anécdotas lejanas. Si llega otra tormenta potente, la puerta está más abierta que hace unos años.
Qué debe vigilar quien sueña con ver auroras este mes
Para el ciudadano de a pie la jerga de la meteorología espacial puede sonar lejana. En realidad hay tres ideas sencillas que conviene tener en mente si uno quiere intentar ver auroras y no llevarse decepciones.
Primera idea, la actividad solar. Los servicios oficiales publican cada día el número de manchas solares y los avisos de llamaradas y eyecciones de masa coronal. Un Sol muy tranquilo se traduce en pocas opciones, un Sol intranquilo aumenta las posibilidades de tormenta y por tanto de auroras.
Segunda idea, la intensidad de la tormenta. Muchos portales y aplicaciones resumen ese dato en el índice Kp, una cifra entre cero y nueve que indica cuán perturbado está el campo magnético terrestre. Para que las auroras bajen de los países nórdicos hacia Europa central hacen falta valores altos, alrededor de Kp siete u ocho como se vio en la tormenta de enero.
Tercera idea, el lugar y la hora. El efecto equinoccio ayuda, pero no hace magia. Sin un cielo oscuro, lejos de la contaminación lumínica, no habrá espectáculo por muy activa que esté la magnetosfera. Los expertos recomiendan buscar horizontes despejados hacia el norte, evitar las luces de ciudad y vigilar el cielo entre las nueve de la noche y las tres de la madrugada, las horas en las que las auroras suelen activarse con más frecuencia.
En un contexto de transición energética y redes eléctricas cada vez más interconectadas estas tormentas no son solo un show para fotógrafos. Episodios como los de 2024 y 2026 han obligado a operadores de satélites, aviación y sistemas eléctricos a activar protocolos de protección para evitar problemas en comunicaciones, navegación y suministro de energía.
En resumen, marzo llega con una ventana especialmente prometedora para las auroras boreales gracias a la coincidencia de un Sol en fase alta y el efecto equinoccio. Quizá no volvamos a ver el cielo de la península teñido de verde y rosa, pero quien esté atento al índice Kp, a las alertas oficiales y a las nubes tendrá más papeletas que en muchos otros años.
El estudio científico completo sobre la gran tormenta geomagnética de mayo de 2024, que ilustra cómo las auroras pueden alcanzar latitudes tan bajas como la península ibérica, se ha publicado en la revista Scientific Reports








