La especie Achatinella fuscobasis llevaba desaparecida de la naturaleza desde 1991. Tras más de 33 años de cría en cautividad y con una población que ya supera los 1.000 individuos en laboratorio, Hawái ha iniciado su regreso al bosque en una zona protegida de O’ahu.
Lo que en 1991 parecía una maniobra desesperada ha acabado convirtiéndose en una de esas historias que explican por qué la conservación necesita tiempo, dinero y mucha paciencia. El 10 de diciembre de 2024, una primera tanda de Achatinella fuscobasis fue liberada en el Honolulu Watershed Forest Reserve, en las montañas Ko‘olau de O’ahu. La especie llevaba fuera del medio natural desde que el investigador Michael Hadfield recogió los últimos 11 ejemplares conocidos para intentar salvarla de la desaparición total.
Aquí conviene hacer un matiz importante. Algunas versiones recientes de esta historia dan a entender que ya han vuelto mil caracoles al bosque, pero la nota oficial no dice eso. Lo que confirma es que la población en cautividad ha superado los 1.000 individuos y que la reintroducción ha comenzado con una primera liberación. Parece un detalle pequeño, pero no lo es. En conservación, la diferencia entre “volver” y “recuperarse de verdad” cambia mucho las cosas.
¿Por qué ha hecho falta tanto tiempo para llegar hasta aquí? En buena parte, por la propia biología del animal. Los caracoles arbóreos de O’ahu son nocturnos, viven sobre árboles y arbustos, se alimentan de hongos que crecen en la superficie de las hojas, dan a luz crías vivas y se reproducen muy despacio. Un adulto puede tardar entre cinco y siete años en alcanzar la madurez y suele tener entre una y cuatro crías al año. Dicho de otro modo, perder unos pocos individuos pesa mucho más de lo que parece.
El golpe que casi los borró del mapa llegó, sobre todo, con las especies invasoras. Ratas, camaleones de Jackson y el caracol lobo rosado han sido algunos de sus principales depredadores. Hadfield explicó que en la montaña a veces encontraban poblaciones aparentemente sanas y, de repente, solo quedaban las conchas. Los propios investigadores recuerdan además que estos caracoles evolucionaron sin depredadores de ese tipo, así que nunca estuvieron preparados para una presión así..
Por eso la vuelta al bosque no se ha hecho de cualquier manera. Los animales se han soltado en un recinto de exclusión de un cuarto de acre, rodeado por paredes de polietileno de unos cinco pies de altura, malla de cobre y barreras diseñadas para dejar fuera a ratas, camaleones y caracoles depredadores. Preparar ese espacio llevó alrededor de cinco años y unas 600 horas de trabajo solo para localizar y retirar depredadores, además de restaurar la vegetación nativa del interior. No ha sido abrir una caja y cruzar los dedos. Ha sido construir un pequeño refugio pieza a pieza.
Y merece la pena recordar por qué importa un animal tan pequeño. David Sischo, coordinador del programa estatal, lo resumió diciendo que estos caracoles son “joyas de la naturaleza y de la cultura”. No es una frase bonita sin más. Según las agencias que participan en el proyecto, ayudan a limpiar las superficies de las plantas y a reciclar nutrientes en el bosque. Además, los kāhuli tienen un peso cultural profundo en Hawái y aparecen en cantos, hula y trabajos tradicionales con lei. A simple vista parecen poca cosa. En el ecosistema, no lo son.
La buena noticia, eso sí, no tapa el problema de fondo. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos señala que en Hawái hubo en otro tiempo más de 750 especies de kāhuli y que al menos el 60% se ha extinguido en el último siglo. Además, 44 especies hawaianas de caracoles figuran como amenazadas bajo la legislación federal, y Sischo advierte de que cerca de 100 especies podrían desaparecer en la próxima década si no se refuerzan las medidas de protección.
Salvar una especie puede llevar generaciones. Perderla, en cambio, puede pasar casi en silencio. En O’ahu, once caracoles bastaron para ganar tiempo. Ahora falta lo más difícil, demostrar que ese tiempo puede convertirse en futuro dentro del bosque y no solo entre paredes de laboratorio.
La nota de prensa oficial del Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái se publicó en Rare Snails Reintroduced After 33 Years in Captivity.










