Reino Unido tiene un plan para dejar de comprar petróleo: 344 millones de euros para producir combustible de uranio

Imagen autor
Publicado el: 15 de abril de 2026 a las 22:03
Síguenos
Mineral de uranio utilizado como base para combustible nuclear en el plan energético del Reino Unido.

El Reino Unido vuelve a poner la energía nuclear en el centro de su estrategia para depender menos del petróleo y del gas importado. La señal más reciente llega desde el norte de Gales, donde Rolls-Royce ha logrado hasta 599 millones de libras de financiación pública para avanzar en su proyecto de pequeños reactores modulares en Wylfa, una antigua zona nuclear en la isla de Anglesey.

Detrás de este movimiento hay un plan más amplio que mezcla seguridad energética y clima. El Gobierno británico mantiene la ambición de llegar a hasta 24 gigavatios de potencia nuclear en 2050 (alrededor de una cuarta parte de su demanda eléctrica prevista) y, además, quiere fabricar en casa un combustible clave para los reactores avanzados. La apuesta es clara, pero la gran pregunta es si llegará a tiempo y a un coste asumible.

Un objetivo que marca el rumbo

El «mapa de ruta» nuclear publicado en 2024 describe una expansión de hasta cuatro veces la generación nuclear, con el horizonte puesto en 2050. En la práctica, el plan defiende que hace falta una electricidad «firme» (que no depende del viento o del sol) para respaldar una red cada vez más electrificada.

El propio Parlamento británico resume el ritmo que se dibuja en el papel. Se habla de sumar entre 3 y 7 GW de nueva capacidad cada cinco años entre 2030 y 2044, un calendario ambicioso incluso para un país con tradición nuclear. Y aquí viene la clave, el parque actual envejece y parte de él se retirará en la próxima década.

Sizewell C y el músculo del Estado

La pieza grande de este puzle se llama Sizewell C, una central prevista en Suffolk. En junio de 2025 el Gobierno anunció una inversión de 14.200 millones de libras para impulsar el proyecto, con el argumento de que aportará electricidad «limpia» para el equivalente a seis millones de hogares y creará 10.000 empleos en el pico de obra.

Los documentos oficiales también ponen fecha orientativa, aunque sin prometer milagros. El caso de negocio resumido fija como meta que la generación empiece a mediados o finales de la década de 2030 y recuerda que la planta tendrá hasta 3,2 GW de potencia. Es una obra pensada para décadas, no para mañana.

Reactores modulares pequeños y la promesa de construir en fábrica

Los reactores modulares pequeños (SMR) son el otro gran pilar, sobre todo porque prometen algo que a muchos les suena familiar. Evitar que los proyectos se deslicen en plazos y presupuesto, como cuando una reforma se alarga y la factura se dispara. La idea es fabricar más en serie y montar después en el emplazamiento.

En abril de 2026, Rolls-Royce obtuvo hasta 599 millones de libras del National Wealth Fund en forma de préstamo para acelerar su propuesta de SMR, con Wylfa como primera ubicación. La operación se apoya en la empresa pública Great British Energy Nuclear, que compró el terreno en 2024 tras el abandono del proyecto de Hitachi. La ministra de Finanzas, Rachel Reeves, dijo que busca «fortalecer nuestra seguridad energética» y crear empleo cualificado.

HALEU, el combustible que no quieren comprar fuera

La independencia energética no se queda en construir centrales. También entra en juego el combustible, y aquí el Reino Unido se ha puesto un objetivo muy concreto. Lanzar un programa para producir HALEU (uranio de bajo enriquecimiento y alto ensayo), un material que el Gobierno describe como necesario para la próxima generación de reactores y que, a escala comercial, solo producía Rusia.

La inversión anunciada en enero de 2024 fue de hasta 300 millones de libras, con otros 10 millones extra para desarrollar capacidades y emplazamientos para otros combustibles avanzados. El plan oficial apunta a que la primera planta pueda estar operativa a comienzos de la próxima década, desde un polo industrial del noroeste de Inglaterra. Sin combustible no hay reactor que valga.

El aviso que llega desde Hinkley Point C

El entusiasmo nuclear, sin embargo, convive con un recordatorio incómodo. Hinkley Point C, la gran central en construcción en Somerset, volvió a retrasarse y ya se espera que empiece a operar en 2030, con un coste estimado de 35.000 millones de libras (en precios de 2015), casi el doble de la cifra con la que se aprobó en 2016.

Hinkley Point C está diseñada para aportar alrededor del 7 por ciento de la demanda eléctrica británica cuando funcione. Pero su historial muestra el riesgo típico de los megaproyectos, donde cualquier tropiezo se traduce en años y miles de millones. Por eso, parte del debate gira en torno a si los SMR podrán evitar ese «efecto bola de nieve».

Clima, residuos y la convivencia con las renovables

Desde el punto de vista climático, la nuclear se presenta como una electricidad de bajas emisiones y disponible cuando hace falta. En el caso de Sizewell C, el propio caso de negocio habla de tecnología «firme» y «baja en carbono» que ayuda a reducir el coste total del sistema junto a un mix dominado por renovables. En el fondo, se busca respaldo cuando no hay viento y cuando más aprieta la demanda.

A cambio, hay preguntas que no desaparecen. El caso de negocio dedica espacio a cómo se financiarán el desmantelamiento y las responsabilidades de residuos, y a los mecanismos para proteger a los consumidores frente a costes indebidos dentro del modelo regulado. No es la parte más vistosa, pero es la letra pequeña que acaba importando.

Qué conviene vigilar a partir de ahora

Si el Reino Unido consigue encadenar Sizewell C, los SMR y una cadena de suministro propia, ganará margen frente a la volatilidad del gas y del petróleo. Pero el reloj corre, porque la demanda eléctrica crecerá con los coches eléctricos, las bombas de calor y la industria. Y a la vez, buena parte del parque nuclear actual se acerca a su retirada.

Por eso, más allá de los anuncios, hay tres señales que merecen seguimiento. Que los plazos se conviertan en obras visibles, que el HALEU pase del papel a la producción, y que los costes no se disparen como en Hinkley Point C. Si esas piezas encajan, el giro energético tendrá base y se notará.

El documento oficial más reciente sobre esta apuesta se ha publicado en GOV.UK.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario