Los zoólogos lo celebran: descubren una nueva rana de cristal originada hace 4,5 millones de años en el Plioceno

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Publicado el: 25 de abril de 2026 a las 09:48
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Rana de cristal Nymphargus dajomesae vista desde abajo con órganos visibles descubierta en Ecuador.

En la Cordillera del Cóndor, al sureste de Ecuador, un equipo de investigadores ha descrito una nueva especie de rana de cristal. Se llama Nymphargus dajomesae y el nombre rinde homenaje a Neisi Dajomes, la primera mujer ecuatoriana que logró un oro olímpico.

El hallazgo es una buena noticia para la ciencia, pero también una llamada de atención. En las expediciones donde apareció esta rana, más del 85% de los anfibios observados eran desconocidos y el punto de muestreo está cerca de zonas agrícolas y de una explotación minera a gran escala.

Un nombre con mensaje

En biología, bautizar una especie no es solo poner una etiqueta bonita. El nombre pasa a ser la “clave” con la que se la podrá estudiar, proteger y comparar con otras ranas en los próximos años.

En este caso, el equipo eligió “dajomesae” para reconocer el legado de Neisi Dajomes, campeona olímpica en halterofilia. Es una forma de conectar ciencia y sociedad sin convertirlo en espectáculo.

En un comunicado difundido por PLOS, el investigador Diego Cisneros-Heredia lo resumió así, “es especialmente significativo que el descubrimiento lo lidere una joven científica y honre a una campeona olímpica”. Y eso se nota.

El Quimi, un “mundo perdido”

La nueva especie se encontró en la Reserva Biológica El Quimi, en la provincia amazónica de Morona Santiago. No es el típico lugar al que se llega en un paseo de domingo, y esa dificultad explica por qué sigue habiendo tanto por descubrir.

Las observaciones se hicieron durante dos campañas en 2017 y 2018, con 22 días de trabajo de campo. Aun así, ese tiempo ya ha servido para describir nuevas especies (y hay más en cola), además de plantas que ni siquiera estaban en el mapa científico.

Los autores lo dicen sin rodeos, “nos quedamos asombrados por el alto número de especies nuevas encontradas en el lugar”. La etiqueta de “mundo perdido” no es exageración si pensamos en lo poco que se ha muestreado esta zona.

Qué tiene de “cristal” esta rana

Las ranas de cristal pertenecen a la familia Centrolenidae. Son famosas por esa piel translúcida en la parte inferior que, en algunas especies, deja ver el corazón y otros órganos con bastante detalle.

El género Nymphargus es el más diverso del grupo, con 44 especies descritas en los Andes tropicales. En Ecuador se conocen 21, y eso ya te da una pista de lo importante que es el país para entender la evolución de estos anfibios.

La Nymphargus dajomesae destaca por un dorso verde uniforme sin manchas y una textura “granulada” en la piel. Por debajo tiene una membrana blanca con células que reflejan la luz y que cubre buena parte de sus órganos, mientras otras membranas internas permanecen transparentes.

La vida nocturna junto al arroyo

En El Quimi, los ejemplares se observaron sobre hojas a unos 60 a 180 centímetros del suelo, cerca de arroyos, y sobre todo de noche. Si lo piensas, es más o menos a la altura de la cintura de una persona adulta, justo donde uno apartaría una rama para pasar.

El hábitat descrito no es el típico río cristalino de postal. Los autores hablan de un arroyo de aguas oscuras y flujo lento, rico en taninos, rodeado de matorrales, musgos y bromelias.

El tamaño también ayuda a ponerla en contexto. Los machos medidos rondan los 20,8 a 27,2 milímetros de longitud hocico cloaca, y de las hembras todavía no hay datos confirmados.

El canto y el ADN no mienten

Cuando se describe una especie nueva, no basta con decir “se parece a tal”. Aquí entran dos herramientas muy prácticas, el canto y el ADN, que funcionan como un DNI biológico.

Los machos emiten un clic repetido con una tasa de unas 0,56 llamadas por segundo, y una frecuencia dominante entre 4.142,6 y 4.166,0 Hz. Puede sonar técnico, pero es una “huella sonora” que ayuda a diferenciar especies parecidas.

Además, al comparar su ADN con el de especies cercanas, los autores estiman que la nueva rana se originó en el Plioceno, hace alrededor de 4,5 millones de años. También apuntan que su pariente más próximo identificado está a unos 45 km en línea recta, separado por un valle de baja altitud que podría actuar como barrera natural.

Una especie sin “nota” en conservación

Por ahora, el propio trabajo propone clasificarla como “Datos insuficientes” según criterios de la Lista Roja. Esto no significa que esté a salvo, significa que todavía no hay información suficiente para saber si sus poblaciones son grandes o si están cayendo.

Y aquí aparece el lado incómodo del mapa. El punto donde se halló está a unos 5 km de zonas agrícolas y a unos 7 km de una explotación minera a gran escala, y el estudio recuerda que la minería en la Cordillera del Cóndor ya se ha asociado con impactos negativos en anfibios.

Si añadimos el contexto global, el mensaje se vuelve más serio. La evaluación más reciente sitúa en torno al 40,7% las especies de anfibios amenazadas y señala que su situación sigue deteriorándose, con el cambio climático ganando peso junto a otros factores como la pérdida de hábitat y las enfermedades.

Biodiversidad y transición verde

Esta historia también conecta con un debate que se repite cada vez más. Queremos electrificar la movilidad y desplegar renovables, pero eso implica más extracción de minerales y más presión sobre ciertos territorios biodiversos.

La Agencia Internacional de la Energía pone cifras que ayudan a entenderlo. Un coche eléctrico requiere seis veces más insumos minerales que uno convencional, y un parque eólico terrestre nueve veces más recursos minerales que una central de gas de tamaño similar.

Para el lector de a pie, la lección es bastante directa. Reducir residuos, alargar la vida del móvil, reparar antes de tirar y reciclar bien no es solo un gesto verde, también baja la necesidad de nuevas extracciones y compra tiempo para que la ciencia y la conservación actúen.

El estudio revisado por pares se ha publicado en PLOS One.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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