Descubren una luciérnaga con 99 millones de años perfectamente conservada en ámbar que ya emitía luz en la época de los dinosaurios

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Por HoyECO
Publicado el: 1 de junio de 2026 a las 12:36
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Luciérnaga de 99 millones de años conservada en ámbar con órgano luminoso visible

Una pequeña luciérnaga atrapada en ámbar de Myanmar acaba de abrir una ventana muy poco habitual al pasado. El fósil tiene unos 99 millones de años y conserva un detalle clave para la ciencia, un órgano luminoso de dos partes que indica que estos insectos ya podían producir luz durante el Cretácico, cuando los dinosaurios todavía dominaban la Tierra.

El hallazgo no significa que se haya encontrado el insecto más antiguo conocido, conviene decirlo claro. Lo importante es otra cosa. Los investigadores lo presentan como la evidencia más antigua y clara de una luciérnaga luminosa del linaje Luciolinae, un grupo emparentado con luciérnagas actuales. No es poca cosa.

Una luz atrapada en ámbar

El nuevo fósil ha sido bautizado como Cretoluciola birmana. Es un pequeño escarabajo macho conservado en ámbar birmano del Cretácico medio, un material que procede de resina fosilizada y que puede guardar detalles diminutos durante millones de años.

Los autores describen en el ejemplar ojos grandes, antenas finas, seis segmentos visibles en el abdomen y un órgano luminoso dividido en dos partes. Esa última pista es la que cambia el valor del fósil. No estamos ante una mancha confusa en una roca, sino ante una anatomía que permite compararlo con luciérnagas modernas.

¿Qué significa esto en la práctica? Que la bioluminiscencia de estas luciérnagas no apareció hace poco, ni es una rareza reciente. La capacidad de emitir luz ya estaba bien desarrollada hace 99 millones de años, en bosques donde también vivían reptiles, aves primitivas y muchos otros insectos.

Por qué el ámbar importa tanto

El ámbar funciona casi como una cápsula del tiempo. Cuando la resina de un árbol atrapaba a un insecto, podía cubrirlo antes de que se descompusiera por completo. Con el paso de millones de años, esa resina se endurecía y acababa convertida en una pieza transparente o amarillenta.

Esa conservación en tres dimensiones es justo lo que permite ver partes muy delicadas. En un fósil aplastado por sedimentos, detalles como las antenas, las patas o el extremo del abdomen pueden perderse. En este caso, el cuerpo quedó lo bastante bien preservado como para estudiar rasgos que son decisivos para clasificar al animal.

Por eso el fósil no solo es bonito. También es útil. La ciencia necesita piezas así para reconstruir cuándo aparecieron ciertos comportamientos, y la luz de las luciérnagas es uno de esos fenómenos que siempre ha despertado curiosidad.

La noche del Cretácico no era tan oscura

Hoy asociamos las luciérnagas con noches tranquilas, campos húmedos y pequeños destellos entre la vegetación. Puede sonar poético, pero el fósil sugiere que algo parecido ya ocurría en la época de los dinosaurios. No igual que ahora, claro, pero sí con insectos capaces de usar señales luminosas.

Los investigadores apuntan a que estos escarabajos antiguos pudieron utilizar la luz para sobrevivir y también para comunicarse durante el cortejo. En luciérnagas actuales, esos destellos pueden servir para atraer pareja, pero también como advertencia frente a depredadores. Una luz pequeña, sí, pero con mucha información detrás.

La imagen es poderosa. Mientras enormes animales se movían por los bosques del Cretácico, pequeños insectos ya llevaban su propia «linterna» natural en el abdomen. Y eso obliga a mirar aquel mundo con otros ojos.

Cómo lo comprobaron los científicos

El equipo no se limitó a mirar el fósil y ponerle nombre. Según la información del estudio, los investigadores compararon 410 características morfológicas y datos genéticos de luciérnagas actuales para situar a Cretoluciola birmana dentro del árbol evolutivo. El resultado la colocó de forma sólida dentro de Luciolinae.

Este tipo de análisis es importante porque los fósiles de luciérnagas antiguas son muy escasos. Cuando apenas hay piezas, cada nuevo ejemplar puede cambiar el mapa. En este caso, además, el estudio pone en duda la posición de otros fósiles atribuidos antes a grupos cercanos, lo que muestra que la historia evolutiva de estas luces vivas aún tiene zonas grises.

La conclusión principal es sencilla de entender. Las luciérnagas de este linaje ya existían hace al menos 99 millones de años. A partir de ahí, queda mucho trabajo para saber cuántas formas distintas había y cómo usaban exactamente esa luz.

Una señal para las luciérnagas de hoy

El hallazgo mira al pasado, pero también recuerda algo muy actual. Las luciérnagas modernas no viven en un mundo fácil. La pérdida de hábitat, la contaminación lumínica, los pesticidas y el cambio climático aparecen entre las amenazas más citadas para sus poblaciones.

Esto importa porque la luz no es un simple adorno. Para muchas especies, el parpadeo forma parte de su manera de encontrar pareja. Si una zona natural se llena de farolas, focos o jardines iluminados toda la noche, esas señales pueden perderse entre el ruido visual. Es como intentar hablar en un atasco con todos los coches pitando a la vez.

Por eso este fósil tiene un doble valor. Nos enseña que la bioluminiscencia de las luciérnagas tiene raíces muy antiguas y, a la vez, nos recuerda que las luces actuales de la naturaleza pueden apagarse si se destruyen los lugares donde viven.

Lo que falta por saber

Hay que ser prudentes. Cretoluciola birmana es un fósil excepcional, pero sigue siendo un ejemplar concreto. Un solo insecto no puede explicar por completo toda la evolución de las luciérnagas, ni decirnos cómo eran todos los bosques nocturnos del Cretácico.

Los investigadores necesitarán más fósiles, más comparaciones y más especies vivas analizadas para cerrar el puzle. Aun así, esta pieza de ámbar ya deja una idea bastante clara. Hace 99 millones de años, en un mundo muy distinto al nuestro, algunos insectos ya habían encontrado una forma de convertir la química en luz.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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