Científicos encuentran en el Mar del Norte una señal de hace 18.000 años que anticipa el colapso inminente de la Antártida

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Publicado el: 6 de junio de 2026 a las 09:42
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Iceberg tabular gigante similar a los que navegaron por el Mar del Norte hace 18.000 años durante la última glaciación.

Bajo el Mar del Norte, en una zona que hoy asociamos con barcos, plataformas y prospecciones energéticas, los científicos han encontrado una pista inesperada del pasado helado de Europa. No se trata de hielo visible, ni de un iceberg flotando ahora mismo, sino de enormes surcos enterrados bajo el fondo marino.

El hallazgo apunta a que icebergs tabulares gigantes, parecidos a los que hoy se ven en la Antártida, se movieron cerca de las costas del Reino Unido hace entre 18.000 y 20.000 años. La conclusión principal es sencilla, pero potente. La antigua capa de hielo británico-irlandesa pudo tener plataformas flotantes más importantes de lo que se pensaba, y su ruptura ayuda a entender mejor lo que podría pasar en regiones polares actuales.

Huellas bajo el mar

Los surcos se localizaron en la cuenca de Witch Ground, una zona del Mar del Norte situada entre Escocia y Noruega. Aparecieron en datos sísmicos de alta resolución que se habían usado para estudiar el subsuelo marino y localizar posibles emplazamientos para plataformas de perforación.

La imagen que describen los investigadores recuerda a un peine arrastrado sobre barro blando. Son marcas paralelas, anchas y enterradas, dejadas por la parte inferior de los icebergs cuando rozaban el fondo marino. Y eso cambia bastante la historia que se contaba hasta ahora.

No hablamos de una pequeña raspadura. El estudio identifica patrones de hasta 2350 metros de ancho, con señales conservadas entre 22 y 55 metros bajo el fondo marino actual. En la práctica, estas marcas son como un archivo natural del último gran deshielo europeo.

Icebergs como ciudades

El doctor James Kirkham, geofísico marino del British Antarctic Survey y autor principal del estudio, explicó que se trata de icebergs «enormes, de cima plana o tabulares». Según sus cálculos, pudieron medir desde unos 5 kilómetros hasta varias decenas de kilómetros de ancho, con espesores de entre 50 y 180 metros.

Para hacerse una idea, algunos habrían tenido una superficie comparable a la de una ciudad mediana. No es poca cosa. Si uno imagina un bloque de hielo de varios kilómetros moviéndose lentamente por un mar poco profundo, resulta más fácil entender cómo pudo dejar una firma tan marcada en el sedimento.

Los científicos ya habían observado huellas de icebergs pequeños en esta región. Lo nuevo es que estas marcas son la primera prueba clara de que también circularon bloques gigantes cerca de Gran Bretaña, a menos de 145 kilómetros de la costa británica.

Una pista del deshielo

Estos icebergs no aparecieron de la nada. Según el estudio, se desprendieron de plataformas de hielo que bordeaban la antigua capa de hielo británico-irlandesa, cuando buena parte de Gran Bretaña e Irlanda estaba cubierta por hielo durante la última glaciación.

Aquí está la clave. Las plataformas de hielo funcionan como una especie de freno natural. Sujetan el hielo que viene desde tierra y ralentizan su salida hacia el océano, algo parecido a una puerta que contiene una masa enorme detrás.

Cuando esas plataformas se rompen, el hielo terrestre puede avanzar más rápido hacia el mar. Es un proceso que preocupa mucho en la Antártida actual, porque allí estas plataformas siguen siendo esenciales para la estabilidad de grandes glaciares.

El cambio en las marcas

El registro del Mar del Norte muestra algo muy interesante. Primero aparecen huellas anchas, asociadas a grandes icebergs tabulares. Después, esas señales desaparecen y son sustituidas por surcos más pequeños, hechos por icebergs más numerosos y de menor tamaño.

La doctora Kelly Hogan, coautora del estudio y geofísica marina del British Antarctic Survey, señaló que los datos permiten documentar el «colapso catastrófico» de esas plataformas de hielo al final de la última edad de hielo. Ese paso de grandes bloques a muchos fragmentos pequeños es justo lo que más interesa a los investigadores.

¿Qué significa esto en la práctica? Que las marcas del fondo marino no solo dicen que hubo icebergs gigantes. También cuentan cómo se rompió el sistema que los producía.

Lo que enseña a la Antártida

La comparación más cercana está en la plataforma Larsen B, en la Antártida, que colapsó en 2002 tras una etapa de calentamiento y acumulación de agua de deshielo en superficie. Tras esa ruptura, los glaciares que estaban detrás aceleraron su avance hacia el mar.

El estudio no dice que la Antártida vaya a repetir exactamente lo ocurrido en el Mar del Norte. Sería exagerado afirmarlo así. Pero sí ofrece una señal útil, porque muestra cómo puede cambiar el tipo de iceberg antes o durante la desintegración de una plataforma de hielo.

El doctor Rob Larter, también del British Antarctic Survey, resumió la cuestión con una idea importante. Si se observa una transición parecida, de grandes icebergs tabulares a bloques más pequeños, podría ser una advertencia de pérdida rápida de masa de hielo.

Un aviso escrito en sedimentos

La gran pregunta sigue abierta. ¿Las plataformas de hielo se rompieron porque la capa de hielo ya estaba perdiendo masa, o su ruptura aceleró aún más el retroceso? Los autores reconocen que hacen falta mejores dataciones de los sedimentos para responder con más seguridad.

Aun así, el hallazgo aporta una pieza valiosa. El Mar del Norte no solo fue un escenario de hielo en el pasado, sino también un laboratorio natural para estudiar cómo responden las plataformas heladas cuando el clima se calienta.

Y ahí está el punto que importa hoy. Lo que quedó enterrado bajo el fondo marino europeo puede ayudar a leer mejor las señales de la Antártida actual, donde el deshielo, la subida del nivel del mar y la estabilidad de los glaciares siguen siendo una de las grandes preocupaciones climáticas.

El estudio oficial ha sido publicado en la revista Nature Communications.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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