Hasta 80 euros de multa por saludar con el claxon al volante: la DGT lo confirma y casi nadie lo sabía

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Publicado el: 1 de julio de 2026 a las 22:02
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Conductor tocando el claxon del volante, una acción que la DGT puede sancionar con una multa de 80 euros si no existe un motivo reglamentario.

Tocar el claxon para saludar a un amigo, protestar porque alguien tarda en arrancar o celebrar que hemos visto a un conocido al otro lado de la calle puede parecer una tontería. Pero no lo es tanto. La DGT contempla una sanción de 80 euros cuando se usan señales acústicas sin un motivo admitido por la normativa, y el saludo no entra dentro de esos casos.

La clave está en un matiz que muchos conductores pasan por alto. No se multa el gesto de saludar, sino usar la bocina para hacerlo. En una ciudad ya cargada de tráfico, ruido, prisas y atascos, ese pitido que dura un segundo también cuenta. Y eso se nota.

La multa no es por saludar

El claxon no está pensado para llamar la atención de un conocido ni para meter prisa a otro conductor. Su función es advertir de un peligro real o de una maniobra concreta en circunstancias muy limitadas. Esa es la diferencia.

La Guía codificada de infracciones de la DGT recoge como infracción leve «emplear señales acústicas sin motivo reglamentariamente admitido», con una multa de 80 euros y sin pérdida de puntos. También sanciona con 80 euros el uso de señales acústicas de sonido estridente.

En la práctica, esto significa que pitar para saludar, para quejarse o para avisar a alguien de que el semáforo ya está en verde puede acabar en denuncia. Puede parecer excesivo, pero la norma busca que el claxon no se convierta en una forma más de ruido cotidiano.

Cuándo sí se puede tocar el claxon

El Reglamento General de Circulación es bastante claro. El artículo 110 permite las señales acústicas de sonido no estridente de forma excepcional y prohíbe su uso inmotivado o exagerado.

Los casos permitidos son pocos. Se puede usar para evitar un posible accidente, sobre todo en vías estrechas con muchas curvas. También fuera de poblado para advertir a otro conductor de que se va a adelantar. Y, por último, para advertir la presencia del vehículo en una situación de urgencia prevista por el artículo 70.

Pensemos en algo sencillo. Si un coche sale marcha atrás de un aparcamiento y no nos ha visto, un toque breve puede evitar un golpe. Si lo usamos solo porque el coche de delante tarda dos segundos en moverse, ya no hablamos de seguridad, sino de impaciencia.

La urgencia también tiene reglas

El artículo 70 regula una situación muy concreta. Un vehículo que no es prioritario puede verse obligado, por circunstancias especialmente graves y sin poder recurrir a otro medio, a prestar un servicio propio de vehículos de emergencia. En ese caso, debe advertir su situación con el avisador acústico de forma intermitente y, si dispone de ella, con la luz de emergencia.

Pero aquí tampoco vale todo. El conductor debe respetar las normas de circulación, especialmente en las intersecciones, y los agentes pueden exigirle que justifique esas circunstancias. No basta con decir que había prisa.

Esto es importante porque muchas veces se confunde una urgencia real con una molestia o un retraso. Llevar tarde a alguien al aeropuerto, por ejemplo, no convierte al coche en una ambulancia. El reloj corre, sí, pero la norma también.

El ruido también contamina

Este aviso de la DGT no solo tiene que ver con multas. También toca de lleno la contaminación acústica, una forma de contaminación menos visible que el humo, pero muy presente en las ciudades. El Ministerio para la Transición Ecológica recopila legislación, mapas estratégicos de ruido y planes de acción dentro del Sistema de Información sobre Contaminación Acústica.

Además, el propio MITECO recoge que el tráfico rodado es la principal fuente de contaminación acústica en Europa y que el ruido es el segundo factor ambiental de carga de enfermedad en el continente, solo por detrás de la contaminación del aire. No es poca cosa.

¿Quién no ha sentido alguna vez ese cansancio de fondo al caminar por una avenida llena de coches, motos, frenazos y bocinazos? A veces el problema no es un solo pitido, sino la suma de muchos pequeños ruidos que hacen la ciudad menos habitable.

El coche debe llevar bocina

Hay otro detalle que también conviene recordar. La normativa no solo limita cuándo se puede usar el claxon, sino que exige que los vehículos lleven un aparato productor de señales acústicas. El Reglamento General de Vehículos establece que todo vehículo de motor, salvo excepciones concretas, debe contar con un dispositivo que emita un sonido continuo, uniforme y de suficiente intensidad.

Circular sin ese dispositivo en la forma reglamentaria puede suponer una sanción de 200 euros, según la guía de infracciones de la DGT. La misma cuantía aparece para los vehículos no prioritarios que lleven aparatos emisores de señales acústicas especiales.

Aquí está el equilibrio. El claxon es obligatorio porque puede salvar de un accidente, pero su uso está limitado porque también puede generar molestias y ruido innecesario. Es una herramienta de seguridad, no una extensión del mal humor al volante.

Lo que debe tener en cuenta el conductor

La recomendación es sencilla. Antes de tocar el claxon, conviene hacerse una pregunta rápida. ¿Estoy evitando un riesgo o simplemente quiero llamar la atención? Si la respuesta es lo segundo, mejor no pitar.

En ciudad, muchas situaciones se pueden resolver con paciencia, distancia de seguridad y una conducción más calmada. No siempre es fácil, sobre todo con tráfico denso, calor, prisas o calles estrechas. Pero abusar del claxon no arregla el atasco. Lo empeora.

La DGT no persigue el saludo ni la educación entre conductores. Lo que sanciona es usar una señal acústica sin justificación. Y en una movilidad más segura y más sostenible, incluso un pequeño pitido cuenta.

La guía oficial de infracciones ha sido publicada en la sede electrónica de la DGT.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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