El USS Wisconsin, un acorazado convertido en museo en Norfolk (Estados Unidos), se separó de su muelle el 8 de septiembre de 2026 por primera vez desde su llegada en diciembre de 2000. El motivo estaba en dos piezas deterioradas que protegen el casco del contacto con el atraque. Sustituirlas exigía abrir un pequeño espacio junto a este gigante de acero.
La maniobra había requerido alrededor de un año de preparación, según explicó Stephen Kirkland, director ejecutivo de Nauticus, el centro que gestiona el barco. El desplazamiento anunciado era de entre cuatro y cinco pies, aproximadamente entre 1,2 y 1,5 metros. Una distancia pequeña que aquí obligaba a revisar mucho más que los amarres.
Un año de preparativos
La dificultad estaba, en buena parte, en las conexiones con tierra. Por el espacio entre el buque y el muelle pasan las líneas telefónicas, las conexiones informáticas, la alimentación eléctrica y el suministro de agua. Todas debían tenerse en cuenta antes de desplazar el casco.
«Requiere mucha planificación, requiere mucha física», explicó Kirkland a WTKR. Su declaración ayuda a entender el trabajo menos visible del proyecto, porque un barco abierto a visitantes también necesita servicios que llegan desde tierra. Moverlo obliga a coordinar esas instalaciones con la propia maniobra.
Así se abrió el espacio
Los trabajos comenzaron hacia las siete y media de la mañana con la retirada de la pasarela de acceso. La operación contemplaba liberar las cadenas de sujeción y contó con remolcadores de Crofton Industries para separar el acorazado del muelle. El espacio obtenido permitía acceder a las defensas.
Antes del mediodía ya se había retirado la primera, según la crónica de WAVY. La segunda parecía haber soportado más desgaste y salió con parte de la pintura del Wisconsin adherida. Las piezas nuevas aguardaban en una barcaza cercana para su instalación.
Qué hacen las defensas
¿Para qué sirven exactamente estas piezas? Las defensas marinas funcionan como amortiguadores entre el barco y la estructura de atraque. Absorben energía y limitan las fuerzas que recibe el casco, además de mantener una separación que ayuda a evitar roces y daños.
Su funcionamiento explica por qué importan tanto aunque apenas llamen la atención durante una visita. Como muestra la documentación técnica del fabricante Trelleborg, existen modelos flotantes y suspendidos, diseñados para proteger embarcaciones y trabajar con cambios de marea.
Un gigante de 270 metros
El Wisconsin mide unos 270 metros de eslora y 33 metros de manga, según las dimensiones recogidas por el Comando de Historia y Patrimonio Naval estadounidense. Basta imaginar esa longitud junto a un paseo marítimo para entender la escala del trabajo. Incluso una separación pequeña afecta a una estructura enorme.
Conviene matizar también la cifra de 45.000 toneladas que acompaña muchas informaciones sobre el buque. Procede de su desplazamiento estándar histórico y no equivale a un pesaje realizado durante esta operación. Las fichas navales distinguen diferentes condiciones de carga, por lo que esas cifras necesitan contexto cuando hablamos de un barco museo.
Una segunda vida como museo
Este acorazado de la clase Iowa entró en servicio el 16 de abril de 1944 y tiene ya 82 años. Nauticus conserva su historia y permite recorrer sus cubiertas, además de ofrecer visitas guiadas a espacios interiores. Mantener ese acceso forma parte de la finalidad del proyecto.
La conservación se juega también en elementos poco vistosos, como las protecciones del atraque y las conexiones de servicio. El caso del Wisconsin muestra hasta qué punto reutilizar una gran infraestructura exige cuidados continuos. Para el visitante, ese trabajo suele quedar fuera de la fotografía.
El cuidado llega al río
Nauticus desarrolla además iniciativas ambientales en el entorno del río Elizabeth. Entre ellas figuran las limpiezas comunitarias y tres dispositivos Seabin instalados en su marina, que recogen residuos flotantes mediante un sistema de bombeo. El agua vuelve al exterior y la basura queda retenida para su retirada.
Según el balance publicado por el centro, sus limpiezas comunitarias han reunido a 413 participantes y retirado 21.970 residuos desde 2021. Son actuaciones concretas que permiten conectar la actividad de este espacio marítimo con el cuidado de su entorno.
Para sustituir las defensas, el calendario anunciado contemplaba cerrar el acorazado del 8 al 11 de septiembre, manteniendo abiertas las instalaciones interiores de Nauticus.
El aviso oficial sobre los trabajos y el cierre temporal fue publicado en la web de Nauticus.
Imagen: U.S. Navy / Wikimedia Commons (dominio público)










