El lago Peter, en Michigan (Estados Unidos), cambió de color durante un experimento de 2024. Los investigadores añadieron un tinte azul para reducir la luz disponible y después incorporaron nutrientes. Pero el agua terminó verde por una proliferación de algas.
El ensayo buscaba medir cuánto puede resistir un lago antes de sufrir una floración. El desenlace mostró que el sombreado aplicado no bastó para impedirla, aunque la explicación requiere cuidado. Los investigadores sospecharon que la lluvia arrastraba el pigmento, una hipótesis que conviene distinguir del resultado observado.
Dos lagos para comparar
El experimento forma parte del proyecto Cascade, iniciado en los años ochenta. Durante décadas, sus equipos han modificado las condiciones de lagos completos para entender cómo responden a los nutrientes y a los cambios en sus cadenas alimentarias.
Peter tiene un vecino especialmente útil, el lago Paul, de tamaño y forma parecidos. Mientras el primero recibía el tratamiento, el segundo permanecía sin manipular y servía de referencia. Compararlos ayuda a interpretar qué cambios pueden estar asociados a la intervención.
Un artículo científico publicado en mayo de 2026 precisa que el tinte Aquashade empezó a añadirse el 15 de mayo de 2024. Las aportaciones diarias de nitrógeno y fósforo comenzaron el 10 de junio, y la floración apareció en la segunda mitad del verano.
La lluvia, bajo sospecha
“Creemos que el lago Peter floreció pese al tinte que bloqueaba la luz porque la lluvia seguía arrastrando el pigmento”, escribió Danny Szydlowski. El investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison explicó lo ocurrido en una publicación institucional de enero de 2025.
Ese “creemos” importa. Expresa una explicación plausible, pero el relato no demuestra cuánto pigmento salió del lago ni su efecto exacto sobre la floración. Atribuir el resultado únicamente a la lluvia sería precipitado.
El equipo tampoco propone teñir los lagos como solución general. Advierte de que hacerlo a gran escala sería poco práctico y de que se desconocen sus efectos a largo plazo sobre el ecosistema.
Qué alimenta el agua verde
¿Por qué añadir fertilizante a un lago? Porque permite estudiar cómo responde a un aporte de nutrientes, un problema que fuera del experimento puede proceder de cultivos, estiércol o aguas residuales. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) identifica esas actividades entre las fuentes de contaminación por nitrógeno y fósforo.
La proliferación puede tener consecuencias que van más allá del aspecto del agua. Algunas floraciones producen toxinas y otras perjudican a los animales acuáticos incluso sin producirlas. Además, la descomposición de grandes cantidades de algas consume oxígeno y puede dejar a los peces sin suficiente para sobrevivir.
Por eso, la prevención también empieza fuera del lago. Ajustar la cantidad y el momento de aplicación de fertilizantes, mantener cubiertas vegetales y conservar franjas de vegetación junto a los campos ayuda a reducir la llegada de nutrientes. Lo que ocurre en tierra se nota en el agua.
Avisos antes de la floración
Esta línea de investigación también busca ganar tiempo. Un trabajo publicado en Ecological Monographs reunió seis experimentos de adición de nutrientes y registró floraciones en cinco. En todos los casos con floración, al menos un indicador permitió anticipar el máximo de clorofila a, un pigmento utilizado para seguir el crecimiento del fitoplancton.
Los avisos aparecieron entre 1 y 57 días antes, según el caso. Procedían de cambios estadísticos en las mediciones de pigmentos y oxígeno, comparadas con un lago de referencia. Ese margen podría permitir avisar a la población o intervenir, aunque disponer de un día no equivale a contar con varias semanas.
Un estudio de enero de 2026, basado en modelos calibrados con datos de lagos experimentales, añade un matiz. La rapidez con la que cambia una presión ambiental puede hacer que las señales lleguen antes, durante o después de la transición. Tener un indicador no garantiza recibirlo a tiempo.
Lo que ocurre bajo la superficie
El trabajo de mayo de 2026 estudió otra consecuencia del mismo ensayo, el almacenamiento de metano. En Peter, la floración y el sombreado contribuyeron a un aumento rápido de este gas en el agua. El análisis relaciona ese comportamiento con los cambios de luz, oxígeno y duración de la cubierta de hielo.
Medir metano acumulado ayuda a comprender el funcionamiento del lago, pero no equivale a medir directamente cuánto se libera a la atmósfera. Este estudio sobre eutrofización y almacenamiento de metano fue publicado el 8 de mayo de 2026 en Limnology and Oceanography Letters.
Imagen: NOAA Great Lakes Environmental Research Laboratory / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)







