China prepara una misión para traer a la Tierra al menos 500 gramos de material recogido en Marte. Se llama Tianwen-3 y su calendario contempla despegar hacia 2028 y regresar alrededor de 2031, con muestras que permitirían investigar la historia del planeta y buscar posibles huellas de vida.
El reto va mucho más allá de llenar un recipiente de tierra rojiza. Habrá que aterrizar, recoger y sellar el material, lanzarlo desde Marte y recuperarlo en órbita antes de emprender el regreso, una cadena que ninguna misión ha completado todavía.
Un proyecto todavía en desarrollo
El 3 de septiembre de 2026, el científico jefe de Tianwen-3, Hou Zengqian, explicó a CCTV que los equipos de exploración estaban en fase de desarrollo de prototipos. Los trabajos científicos avanzaban en paralelo, especialmente en la elección de dónde recoger las muestras y cómo evitar que se contaminen.
La Administración Espacial Nacional de China (CNSA) había confirmado en abril cinco proyectos de colaboración para incorporar instrumentos científicos. Son avances concretos, pero el calendario sigue siendo una previsión y quedan tecnologías por desarrollar y probar.
Rocas con una historia
¿Acaso no tenemos ya rocas marcianas en la Tierra? Sí, los meteoritos han permitido estudiar material de Marte durante décadas, aunque generalmente desconocemos el lugar exacto del que proceden y su estancia en nuestro planeta puede haberlos alterado. Recoger muestras directamente permitiría documentar su origen y relacionarlas con el terreno que las rodea.
Además, traerlas permitiría utilizar equipos demasiado grandes o complejos para viajar en una nave. La Agencia Espacial Europea explica que distintos laboratorios podrían comprobar los resultados de forma independiente y reservar material para técnicas futuras. Como ocurre con las muestras lunares, su utilidad científica podría prolongarse durante generaciones.
Un taladro y un helicóptero
El diseño presentado en Nature Astronomy en 2025 contempla tres formas de recoger material. Un brazo robótico trabajaría sobre la superficie, un taladro alcanzaría hasta dos metros de profundidad y un pequeño helicóptero recogería rocas fuera del alcance del aterrizador, que permanecería fijo.
Así se intentaría reunir materiales de distintos puntos y profundidades, en lugar de depender únicamente del polvo más cercano. Pero medio kilo no representa todo Marte. El valor de cada fragmento dependerá también de conocer dónde estaba y qué relación tenía con las rocas de alrededor.
El regreso empieza en Marte
La misión prevé dos lanzamientos con cohetes Long March 5 y reparte las tareas entre varios vehículos. Un conjunto se encargaría del descenso y la recogida, mientras otro participaría en la recuperación orbital y el viaje de vuelta. Es una operación de ida y vuelta con varios relevos.
Después de almacenar las muestras, un vehículo de ascenso tendría que despegar desde la superficie marciana y encontrarse con la nave encargada del retorno. El contenedor pasaría entonces al sistema que lo llevaría a la Tierra. Aterrizar con éxito sería solo una parte del trabajo, porque un fallo en ese encuentro podría dejar el material lejos de los laboratorios.
Proteger la Tierra y Marte
La limpieza es una condición esencial para que los análisis tengan sentido. Si una muestra incorpora restos orgánicos terrestres durante su recogida o manipulación, podría resultar mucho más difícil distinguir una señal marciana de una contaminación accidental. El equipo plantea un laboratorio especializado con zonas ultralimpias y de biocontención.
La protección funciona en ambos sentidos. Hay que evitar llevar microorganismos terrestres a Marte y mantener controlado el material que regrese hasta evaluar su seguridad. Son precauciones necesarias para proteger los dos entornos y conservar el valor científico de las muestras.
Una presentación de la misión alojada por COSPAR, el Comité de Investigación Espacial, clasifica Tianwen-3 como un retorno terrestre restringido de categoría V. El documento también señala que los sistemas relacionados con la protección planetaria están en desarrollo. Esa clasificación establece exigencias, pero no demuestra por sí sola que ya se hayan superado todas las pruebas.
Qué podrían revelar las muestras
«Queremos desentrañar el misterio de si alguna vez existió vida en Marte», declaró Hou en una entrevista recogida por el portal del Gobierno chino en 2025. La misión también estudiará cómo evolucionaron el agua, la atmósfera y la geología del planeta. Son preguntas conectadas con las condiciones que permiten que un mundo sea habitable.
Encontrar una sustancia orgánica no bastaría para demostrar que hubo seres vivos. Habría que contrastar distintas pruebas y descartar explicaciones químicas o geológicas, además de la contaminación. Incluso sin identificar vida, las rocas podrían aportar información sobre antiguos ambientes marcianos.
Por ahora, el objetivo es completar el desarrollo y conseguir que esas muestras lleguen en condiciones adecuadas para estudiarlas. La actualización de septiembre sobre los avances de Tianwen-3 ha sido difundida por CCTV.
Imagen: NASA/JPL-Caltech/UArizona / Wikimedia Commons (dominio público)








