La NASA ha cerrado oficialmente la misión MAVEN, la nave que durante más de once años observó desde la órbita de Marte cómo el planeta rojo fue perdiendo parte de su atmósfera. La decisión llegó el 3 de junio de 2026, casi seis meses después de que la sonda dejara de comunicarse con la Tierra el 6 de diciembre de 2025.
No se trata solo de una nave que ha dejado de responder. MAVEN fue una pieza clave para entender por qué Marte, que en el pasado pudo tener agua líquida en superficie, terminó convertido en un mundo frío, seco y con una atmósfera muy débil. ¿Qué significa esto en la práctica? Que sus datos seguirán hablando aunque la sonda ya no pueda hacerlo.
El último silencio de MAVEN
La nave se lanzó en noviembre de 2013 y entró en órbita marciana en septiembre de 2014. Su misión principal debía durar un año, pero acabó trabajando más de una década extra, algo nada menor cuando se habla de una máquina expuesta al frío, la radiación y la soledad de Marte.
El problema llegó después de que MAVEN pasara por detrás de Marte. Antes de ese momento, la telemetría indicaba que sus sistemas funcionaban con normalidad, pero al reaparecer del otro lado del planeta, la Red de Espacio Profundo de la NASA ya no detectó señal. Ahí empezó una búsqueda larga, y también incómoda.
Según la NASA, un fragmento breve de datos mostró que la sonda había entrado en modo seguro y giraba a una velocidad inusualmente alta. Esa rotación habría alterado su trayectoria, agotado sus baterías y dejado sin energía al sistema de comunicaciones. La causa exacta de la anomalía todavía se investiga.
Qué estudiaba en Marte
MAVEN significa Mars Atmosphere and Volatile Evolution. Dicho de forma más sencilla, era una misión dedicada a estudiar la atmósfera superior de Marte, su ionosfera y la manera en que el Sol la golpea día tras día con partículas y radiación.
La pregunta de fondo era muy grande. Si Marte tuvo ríos, lagos o agua líquida hace miles de millones de años, ¿dónde fue a parar aquella atmósfera más densa que habría ayudado a mantener ese ambiente? MAVEN no dio una respuesta mágica, pero sí aportó piezas muy importantes del puzle.
Una de ellas fue mostrar que el viento solar puede arrancar gases de la atmósfera marciana, y que ese proceso se intensifica durante las tormentas solares. En 2015, la NASA explicó que MAVEN había medido una pérdida actual de gas de unos 100 gramos por segundo, una cifra pequeña al oído, pero enorme si se acumula durante millones de años.
El Sol también cambia planetas
En la Tierra estamos acostumbrados a hablar del clima pensando en nubes, lluvias o calor pegajoso en verano. En Marte, la historia es otra, porque el planeta perdió su campo magnético global hace muchísimo tiempo y quedó mucho más expuesto al Sol.
Ese detalle es clave. Sin una protección magnética fuerte, las partículas solares pueden interactuar de forma más directa con las capas altas de la atmósfera. Poco a poco, como quien va vaciando una bolsa grano a grano, parte de esos gases pueden escapar al espacio.
MAVEN también estudió auroras marcianas. En la Tierra suelen verse cerca de los polos, pero en Marte las auroras de protones pueden darse de forma mucho más extendida. La propia NASA explicó que este fenómeno demuestra que el viento solar no queda completamente desviado alrededor del planeta.
Agua, polvo y atmósfera
Otro de los grandes hallazgos tuvo que ver con el llamado “sputtering atmosférico”. Es un proceso en el que partículas energéticas chocan contra la atmósfera y expulsan átomos o moléculas hacia el espacio. Suena técnico, pero la idea es bastante simple: un impacto puede hacer saltar material fuera del planeta.
En 2025, MAVEN logró observar directamente este proceso en Marte por primera vez en un planeta. La misión utilizó datos de argón para ver cómo ese gas aparecía a grandes alturas justo donde las partículas energéticas golpeaban la atmósfera. Según la NASA, este resultado ayuda a explicar la historia de la pérdida de agua marciana.
La sonda también observó los efectos de la gran tormenta global de polvo de 2018. Estas tormentas pueden calentar la atmósfera y elevar moléculas de agua a zonas más altas de lo habitual, donde es más fácil que terminen escapando al espacio. El reloj geológico corre despacio, pero corre.
Un archivo que seguirá vivo
Aunque MAVEN ya no funcione, su legado no se apaga. La NASA afirma que la misión produjo más de 800 publicaciones científicas, y que se esperan más trabajos con los datos que dejó almacenados para la comunidad científica.
Louise Prockter, directora de la División de Ciencia Planetaria de la NASA, resumió bien la importancia de la misión al señalar que «los datos recopilados por MAVEN seguirán proporcionando información valiosa sobre Marte durante décadas». No es una frase de despedida vacía. Es una forma de recordar que muchas misiones espaciales siguen dando resultados mucho después de perder la señal.
MAVEN también sirvió como enlace de comunicaciones para los rovers que trabajan en la superficie marciana. La NASA indica que otros orbitadores de la red marciana han asumido esa función tras su pérdida, por lo que las operaciones de exploración continúan.
Lo que queda por saber
La investigación todavía no ha cerrado todas las preguntas. La NASA ha explicado que las conclusiones preliminares no determinan la causa raíz de la anomalía, y que el informe final de la junta de revisión se espera más adelante. Ese matiz importa. No todo silencio espacial tiene una explicación inmediata.
Mientras tanto, MAVEN quedará como una de las misiones más importantes para entender la evolución ambiental de Marte. Ayudó a conectar el Sol, la atmósfera, el agua y la posible habitabilidad pasada de un planeta rojo que hoy parece muerto, pero que guarda cicatrices de una historia mucho más húmeda.
El comunicado oficial ha sido publicado por la NASA.



