Curiosity no está muerto, pero sus ruedas cuentan otra historia. El róver de la NASA lleva desde agosto de 2012 recorriendo el cráter Gale, mucho más allá de la misión inicial de dos años, y sigue trabajando en una de las zonas más interesantes de Marte. Pero una de sus ruedas, especialmente la central derecha, muestra un deterioro que ya no puede tratarse como una simple rozadura.
La conclusión importante es esta. La NASA no ha anunciado una «amputación» inmediata, pero sí existe un plan técnico extremo para desprender una parte dañada de la rueda si algún día supone un riesgo mayor para el vehículo. En Marte no hay taller, no hay grúa y no hay repuesto. Solo queda conducir con cabeza, mirar cada daño y decidir si conviene seguir como hasta ahora o cortar por lo sano.
Una rueda muy castigada
El desgaste de Curiosity no empezó ayer. Los ingenieros detectaron un aumento preocupante de grietas en las ruedas unos 14 meses después del inicio de la misión en superficie. Desde el 30 de noviembre de 2013, el equipo comenzó a tomar imágenes periódicas para vigilar el estado de las ruedas.
La propia NASA reconoce en su documentación técnica que, en agosto de 2021, Curiosity ya tenía cuatro garras de rueda rotas (tres en la rueda central izquierda y una en la central derecha). También había varias zonas con riesgo de romperse en las ruedas delantera izquierda, central izquierda y central derecha. No es poca cosa.
Las imágenes del sol 4844, tomadas durante una inspección programada, volvieron a poner el problema sobre la mesa. En esa jornada marciana, la cámara MAHLI debía realizar un conjunto completo de imágenes de las ruedas para seguir el desgaste mientras Curiosity avanzaba hacia el sur, dejando atrás el terreno de estructuras tipo » boxwork«.
Por qué Marte destroza las ruedas
Las ruedas de Curiosity no son neumáticos como los de un coche. Son piezas de aluminio, diseñadas para soportar terreno rocoso, arena, pendientes y piedras que no se mueven cuando el róver pasa por encima. El problema aparece cuando una roca afilada queda justo entre las garras de la rueda.
La NASA explicó en 2017 que, al cruzar terreno irregular, una rueda puede resbalar o recibir más presión de la prevista. En esos casos, las otras ruedas pueden empujarla contra una roca puntiaguda, aumentando el riesgo de grietas y perforaciones. Es como intentar subir un bordillo mal colocado, pero a millones de kilómetros de casa y sin posibilidad de bajar a mirar.
Para reducir ese castigo, el JPL subió a Curiosity un algoritmo de control de tracción. Este sistema ajusta la velocidad de cada rueda en tiempo real según el terreno que pisa. En las pruebas, redujo la carga en las ruedas delanteras y centrales, lo que ayuda a alargar su vida útil.
La amputación que nadie quiere usar
La palabra suena fuerte, pero describe bastante bien la idea. Si una sección de la rueda queda demasiado destrozada y empieza a moverse de forma peligrosa, podría rozar cables u otros elementos internos. En ese caso, lo más seguro no sería conservarla, sino desprender la parte dañada.
Este procedimiento se conoce como «wheel shedding». En tierra se ha estudiado con Scarecrow, una réplica de pruebas de Curiosity en el Mars Yard del JPL. La maniobra consistiría en usar una roca marciana como herramienta, atrapando la parte dañada y forzando una rotura controlada.
Los nombres parecen sacados de una película, pero son reales dentro del plan técnico. Una maniobra llamada «Twist and Shout» serviría para provocar una primera rotura, y otra conocida como «Pigeon Toe» ayudaría a terminar de desprender la sección afectada. Si saliera bien, Curiosity seguiría rodando sobre la parte exterior de la rueda.
No es el final de Curiosity
Aquí conviene bajar un poco el dramatismo. La NASA ya dejó claro en su informe técnico que el nivel de daño observado hasta 2021 no limitaba de forma significativa los objetivos de la misión. Pero también avisó de que una tasa mayor de deterioro sí podría afectar a las operaciones en superficie.
Curiosity no está paseando sin rumbo. Su misión sigue siendo estudiar si Marte tuvo en el pasado condiciones adecuadas para albergar vida microbiana. De hecho, la página oficial de la misión recuerda que sus instrumentos ya encontraron pruebas químicas y minerales de antiguos ambientes habitables.
Por eso cada metro cuenta. No se trata solo de mantener vivo a un robot veterano, sino de proteger una plataforma científica que todavía puede leer capas de roca, analizar minerales y ayudar a reconstruir la historia climática de Marte. Y eso se nota.
Lo que toca vigilar ahora
A partir de aquí, la clave será observar si las grietas avanzan, si se rompen más garras y si alguna pieza suelta amenaza componentes sensibles. La NASA no necesita tomar una decisión extrema mientras el vehículo pueda seguir moviéndose con seguridad.
También hay otra lectura interesante. La agencia publicó en 2026 un timelapse con imágenes tomadas entre enero de 2020 y marzo de 2026 por la cámara de navegación derecha de Curiosity. No solo sirve para ver seis años de desplazamientos, también ayuda a estudiar cómo se mueven los granos de arena sobre el róver y qué parte de ese movimiento se debe a las ruedas o al viento marciano.
El problema, por tanto, no es una sentencia final. Es una señal de vejez mecánica en una misión que ha superado de largo lo esperado. Curiosity sigue rodando, pero ahora cada inspección de sus ruedas importa más que nunca.
El comunicado oficial más reciente de la misión Curiosity sobre la inspección de las ruedas ha sido publicado por la NASA.












