Llenaron los campos de paneles solares y ahora los apicultores han descubierto que a su gran aliado para salvar a las abejas

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Publicado el: 17 de junio de 2026 a las 15:41
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Flores de Monarda fistulosa, una planta que atrae abejorros y ayuda a las abejas en parques solares con biodiversidad.

Durante años hemos mirado los parques solares como una solución para producir electricidad limpia. Filas de paneles, cables, inversores y suelo ocupado para reducir emisiones. Pero bajo algunas instalaciones está ocurriendo algo bastante menos visible y mucho más vivo.

Un estudio publicado en Environmental Research Communications apunta a que 14 plantas con flor capaces de establecerse en parques solares de Minnesota pueden sostener 122 especies únicas de abejas nativas, alrededor del 24 % de la diversidad de abejas documentada en ese estado. La clave no está solo en instalar placas, sino en decidir qué se hace con el suelo que queda debajo y alrededor de ellas. Y ahí cambia todo.

Un problema que venía de lejos

Las abejas no están desapareciendo por una sola causa. Un análisis global publicado en Nature Ecology & Evolution reunió datos de 681 campos agrícolas de tres continentes y 19 593 ejemplares de 910 especies de abejas. Su conclusión fue clara en lo importante. Los pesticidas y la pérdida de hábitat reducen la abundancia y riqueza de especies de abejas silvestres de forma aditiva.

¿Qué significa esto en la práctica? Que no basta con tener algo de naturaleza cerca si los pesticidas siguen dañando a los polinizadores. Y tampoco basta con reducir químicos si el paisaje se ha quedado sin flores, sin refugios y sin alimento durante buena parte del año.

En muchas zonas agrícolas el campo funciona como una despensa que abre unas semanas y luego se vacía. Hay floración, llega la fiesta para los insectos y después aparece el hambre. Para una colmena o una abeja silvestre, ese parón puede ser decisivo antes del invierno.

La sorpresa bajo las placas

El trabajo liderado por Bethanne Bruninga-Socolar y James McCall parte de una pregunta muy concreta. De todas las plantas que se pueden sembrar en una instalación solar, cuáles se establecen de verdad y cuántas abejas podrían alimentar durante su temporada de vuelo.

La base venía de otro estudio previo, también en Environmental Research Communications, en el que se probaron ocho mezclas de semillas en tres parques solares de Minnesota. Allí se sembraron 101 especies vegetales y, tras tres años, los investigadores observaron el establecimiento de 68 especies en las parcelas de seguimiento. La cobertura de plantas nativas bajo y entre los paneles pasó del 10 % tras el primer año al 58 % después de tres años.

De ese grupo, 14 especies herbáceas con flor fueron las que mejor encajaron para el nuevo análisis. No es poca cosa. En un espacio pensado para producir energía, esas plantas demostraron que también podían abrir una puerta a la biodiversidad.

La planta que sostiene más vida

Entre todas las especies analizadas, una destaca con fuerza. Se trata de Zizia aurea, conocida como Golden Alexander o Alejandro dorado, una planta de flor amarilla que florece pronto. Según el estudio, esta sola especie puede sostener 67 especies de abejas.

El dato tiene un matiz importante. Los investigadores encontraron que 36 especies de abejas, el 30 % de las incluidas en el análisis, solo fueron observadas visitando Zizia aurea entre las 14 plantas estudiadas. Dicho de otra forma, quitar esa flor de la mezcla no es un detalle menor.

Pero no todas las abejas buscan lo mismo. Los abejorros del género Bombus respondieron de otra manera. Solo una especie de abejorro visitó Zizia aurea, mientras que Monarda fistulosa, la bergamota silvestre, fue visitada por 9 de las 11 especies de abejorros del estudio.

No vale cualquier mezcla

Aquí está una de las lecciones más útiles del trabajo. Un parque solar no se convierte en refugio para polinizadores por arte de magia. Hace falta elegir bien las semillas, pensar en la altura de las plantas para no sombrear los paneles y mantener el terreno de forma compatible con la producción eléctrica.

En el fondo, lo que muestra el estudio es que no existe una mezcla universal. Si se quiere favorecer a muchas abejas nativas, Zizia aurea parece muy valiosa. Si el objetivo es ayudar a abejorros vulnerables, la mezcla debe incluir especies más atractivas para ellos, como Monarda fistulosa.

Además, los autores recuerdan que el cálculo habla de potencial. No significa que esas 122 especies estén viviendo ya bajo cada instalación solar. Significa que las 14 plantas, si se establecen y se gestionan bien, pueden ofrecer recursos suficientes para esas especies durante sus periodos de actividad.

Flores frente al campo vacío

La idea encaja con lo que están mostrando otros trabajos sobre franjas de pradera nativa dentro de paisajes agrícolas. Una síntesis publicada en BioScience concluye que estas franjas mejoran la cantidad y calidad del alimento para polinizadores, apoyan comunidades de abejas más diversas y abundantes, y pueden beneficiar también a las abejas gestionadas.

Matt O’Neal, de la Iowa State University, lo resumió de forma sencilla al explicar que las abejas melíferas y silvestres encuentran en estos paisajes algo que les faltaba, «alimento continuo y de alta calidad». Y añadió otro punto clave, «esa nutrición importa más de lo que solíamos pensar».

Ese detalle se entiende fácil. Una abeja no necesita solo flores bonitas. Necesita alimento en distintos momentos del año. Si el paisaje se queda mudo después de la floración principal, el problema llega justo cuando la colonia debe prepararse para resistir.

Energía limpia y biodiversidad

También hay una lectura de futuro. Un estudio publicado en Global Change Biology modelizó 1042 parques solares operativos en Gran Bretaña bajo tres escenarios socioeconómicos para 2050. El resultado fue que la gestión dentro del parque solar era el principal factor para explicar la densidad de abejorros dentro de esas instalaciones.

En los parques con mejoras florales, los investigadores estimaron densidades de abejorros alrededor de un 120 % más altas que en parques solares cubiertos solo con césped. Pero también dejaron claro que una instalación aislada no puede arreglar por sí sola un paisaje agrícola empobrecido. Hace falta conexión, escala y continuidad.

La paradoja es potente. La infraestructura que levantamos para reducir emisiones puede ayudar, si se diseña bien, a reparar parte del daño causado a los polinizadores. Paneles arriba, flores abajo. Parece simple, pero requiere intención.

La decisión está en el suelo

El mensaje final no es que todos los parques solares sean buenos para las abejas. Sería exagerar. Un suelo cubierto de césped pobre, segado sin criterio o tratado como una simple superficie técnica aporta muy poco a la naturaleza.

La diferencia llega cuando alguien decide sembrar plantas nativas, vigilar si se establecen, ajustar las mezclas y mantener el espacio pensando también en los insectos. Es más trabajo y puede costar más al principio, pero abre una oportunidad que antes no estaba en los planos.

Bajo los paneles solares puede haber silencio o puede haber zumbido. Y ese zumbido, en un mundo con menos flores y más presión agrícola, empieza a sonar como una señal que conviene escuchar.

El estudio principal ha sido publicado en Environmental Research Communications.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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