Mientras Italia se prepara para lo peor, España sigue sin tomar soluciones y el problema es más grave de lo que se creía: las ciudades afectadas

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Publicado el: 6 de julio de 2026 a las 08:02
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Sistema MOSE de Venecia con las compuertas elevadas para proteger la ciudad de la subida del nivel del mar.

Italia ya no mira al mar como si fuera una línea quieta en el mapa. Venecia se ha convertido en el ejemplo más claro de una adaptación forzosa al cambio climático, con un sistema de barreras móviles que ya no parece una solución excepcional, sino una herramienta cada vez más habitual para evitar inundaciones.

La lección toca de cerca a España. Playas que retroceden, paseos marítimos expuestos, puertos, viviendas, turismo y ecosistemas costeros viven ya bajo una presión creciente. ¿Qué significa esto en la práctica? Que defender la costa no será solo levantar muros, sino decidir qué se protege, cómo se protege y hasta dónde conviene dejar respirar al litoral.

Venecia vive detrás de una puerta

El sistema MOSE es la gran defensa de Venecia frente a las mareas extremas. Está formado por 78 compuertas, 4 barreras móviles y 3 bocas portuarias lagunares, según la información oficial del propio proyecto. Su objetivo es proteger la ciudad y la laguna cuando el Adriático empuja con demasiada fuerza.

Cuando se prevé una marea peligrosa, las compuertas se elevan desde el fondo marino y aíslan temporalmente la laguna. La imagen es potente. Una ciudad histórica, famosa por vivir abierta al agua, tiene que cerrarse al mar para seguir funcionando.

El sistema ha evitado daños importantes. El Ministerio de Infraestructuras y Transportes de Italia afirmó en marzo de 2025 que los 100 primeros levantamientos del MOSE, entre 2020 y 2025, habían evitado daños por más de 2600 millones de euros en Venecia. No es poca cosa.

El problema ya no es solo el agua

La cuestión incómoda aparece cuando la excepción empieza a repetirse demasiado. La Autoridad de la Laguna de Venecia registró 30 activaciones del MOSE entre el 28 de enero y el 20 de febrero de 2026, tras una serie anómala de episodios de acqua alta.

En sus registros operativos, el sistema alcanzó las 156 activaciones el 15 de mayo de 2026. Eso muestra una realidad sencilla de entender. La barrera funciona, pero cada cierre también cambia la vida de la laguna, la navegación, la actividad portuaria y el equilibrio ecológico.

CORDIS, el servicio de información científica de la Comisión Europea, advierte de que el MOSE podría pasar de ser un escudo ocasional a convertirse en un cierre casi semipermanente si el nivel del mar sigue subiendo. También señala posibles impactos sobre el turismo, el transporte marítimo, la ecología lagunar y las infraestructuras de bombeo y saneamiento.

La ciencia ya mira más lejos

Un estudio publicado en Scientific Reports ha puesto números y escenarios sobre la mesa. Los investigadores concluyen que la estrategia actual de laguna abierta, con barreras móviles y medidas complementarias, puede encontrar límites duros dentro de este siglo si la reducción global de emisiones sigue siendo insuficiente.

El trabajo analiza varias opciones para Venecia. Entre ellas aparecen diques alrededor del centro histórico, el cierre de la laguna con barreras permanentes e incluso, en escenarios extremos y a muy largo plazo, la reubicación de monumentos y el abandono de partes de la ciudad. Suena duro, pero el estudio no lo presenta como una fantasía, sino como una ruta de adaptación si el mar sigue ganando terreno.

Robert Nicholls, profesor de adaptación climática en la Universidad de East Anglia y coautor del trabajo, lo resumió con una frase clara. “Nuestro análisis muestra que no existe una estrategia óptima de adaptación para Venecia”. En el fondo, todo obliga a elegir entre seguridad, patrimonio, economía, ecosistemas y forma de vida.

Italia no solo levanta muros

Venecia es el símbolo, pero no es el único frente abierto. Italia tiene más de 8000 kilómetros de costa y una parte importante de su litoral bajo presión por la erosión, los temporales y la subida del nivel del mar. El CNR-ISMAR recoge datos oficiales de ISPRA que sitúan en 8179 kilómetros la costa italiana y señalan que unos 841 kilómetros de costa baja estaban en erosión.

Además, ISPRA ha identificado 54 municipios costeros italianos con altas tasas de erosión, en los que más de la mitad de su tramo litoral presenta retrocesos relevantes. En algunos casos, el problema afecta a porcentajes mucho mayores de la costa municipal.

Por eso el país está combinando defensas duras, como espigones, arrecifes sumergidos y barreras, con medidas más flexibles. En la práctica, esto significa regenerar playas, recuperar dunas, restaurar sistemas naturales y revisar dónde se construye. Porque una playa no es solo arena para poner una toalla en agosto. También es una defensa natural.

España también está avisada

España no necesita mirar muy lejos para entender el mensaje. El Ministerio para la Transición Ecológica reconoce que las zonas costeras son altamente sensibles al cambio climático y que concentran población, actividad económica y sistemas naturales expuestos a la subida del mar, cambios en oleaje, tormentas y corrientes.

El propio Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático considera las costas como una prioridad desde sus inicios. La meta es clara, aunque difícil de aplicar. Aumentar la resiliencia del litoral español e integrar la adaptación climática en la planificación y gestión de la costa.

Aquí aparece el punto más delicado. Muchos tramos del litoral español están urbanizados, dependen del turismo y tienen poco margen para que la playa se desplace tierra adentro de forma natural. La Oficina C recuerda que un elevado número de costas arenosas españolas está en regresión o necesita aportes de arena continuados para no desaparecer. Y eso se nota.

Convivir con el mar

La advertencia italiana no debe entenderse como una alarma vacía. Es más bien una señal práctica. Las barreras pueden salvar ciudades, pero no resuelven por sí solas el problema si se usan cada vez más y si el litoral sigue perdiendo sus defensas naturales.

España tendrá que decidir qué modelo quiere antes de que el agua obligue a decidir deprisa. Habrá lugares donde hagan falta obras de protección, otros donde sea más inteligente recuperar dunas y humedales, y otros donde habrá que dejar de construir como si la costa fuera inmóvil.

Venecia enseña una idea sencilla, pero incómoda. El mar no negocia con los calendarios políticos. Si Italia ya está redibujando su relación con el Mediterráneo, España debería leer esa señal como lo que es, una oportunidad para adelantarse y no solo reaccionar después del próximo temporal.

El estudio científico principal sobre las vías de adaptación de Venecia y su laguna ante la subida del nivel del mar ha sido publicado en Scientific Reports.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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