Científicos instan a prepararnos porque lo que está a punto de llegar a España es algo sin precedentes y afecta a todo el mundo: «No hay lugar seguro»

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Por HoyECO
Publicado el: 5 de julio de 2026 a las 22:03
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Río de Alaska teñido de color naranja por la oxidación provocada por el deshielo del permafrost.

Los ríos más limpios de Alaska están cambiando de color. Donde antes había agua clara, ahora aparecen corrientes turbias, anaranjadas y cargadas de partículas de hierro. No es una imagen rara tomada con un filtro. Es una señal visible de que el deshielo del permafrost está alterando la química del paisaje.

La conclusión del nuevo estudio es inquietante. El calentamiento está abriendo caminos al agua y al oxígeno en suelos que llevaban miles de años congelados, y eso está liberando hierro, sulfatos y otros metales hacia arroyos y ríos. En la práctica, el Ártico está empezando a oxidarse por dentro. Y eso se nota.

Qué está pasando en Alaska

El fenómeno se ha observado con especial claridad en la cordillera Brooks, al norte de Alaska. Un estudio anterior ya había documentado 75 arroyos que habían pasado de ser claros a mostrar tonos naranjas, con más hierro, más turbidez, menor pH y mayores concentraciones de metales traza.

Desde entonces, el problema parece más amplio. La NOAA recoge en su Arctic Report Card que las observaciones ya hablan de más de 200 arroyos y ríos con decoloración en el norte de Alaska. Muchos cambios se han producido durante la última década, justo cuando el calentamiento del suelo se ha hecho más evidente.

El permafrost era la tapa

El permafrost es suelo, roca o sedimento que permanece congelado durante al menos dos años seguidos. En muchas zonas del Ártico ha funcionado como una tapa natural, manteniendo aislados minerales, materia orgánica y metales del agua líquida y del oxígeno.

Cuando esa tapa se rompe, el sistema cambia. El agua entra por grietas y capas recién descongeladas, reacciona con minerales que estaban bloqueados y arrastra compuestos hacia los ríos. ¿Qué significa esto para quien vive cerca de esas aguas? Que un río limpio puede dejar de serlo sin que haya una fábrica, una mina o una tubería vertiendo residuos.

Dos formas de oxidar un río

El nuevo trabajo publicado en Communications Earth & Environment identifica dos caminos principales. En zonas altas, el problema aparece cuando rocas con sulfuros de hierro, como la pirita, entran en contacto con agua y oxígeno. Es un proceso parecido al drenaje ácido de minas, pero aquí ocurre en paisajes remotos y naturales.

“Cuando la pirita se encuentra con el agua, se descompone. Se rompe en hierro y azufre, creando ácido sulfúrico, así como sulfato y otros metales tóxicos”, explicó Tim Lyons, biogeoquímico de la Universidad de California en Riverside y coautor correspondiente del estudio. Después, cuando el agua rica en hierro se mezcla con más oxígeno, aparecen partículas similares al óxido que tiñen el fondo y el agua de naranja.

El segundo camino ocurre en tierras bajas húmedas. Allí, los suelos tienen poco oxígeno y algunos microbios usan el hierro en sus procesos vitales. Ese hierro se vuelve soluble, se filtra hacia los arroyos y se oxida al encontrarse con aguas más aireadas. Es una química silenciosa, pero con consecuencias visibles.

Por qué preocupa a los peces

El color naranja no es solo una curiosidad. Las partículas finas de hierro pueden permanecer suspendidas durante más de 100 kilómetros, enturbiar el agua, cubrir algas, alterar poblaciones de insectos y obstruir las branquias de los peces. Para un ecosistema fluvial, no es poca cosa.

El estudio de 2024 ya relacionó la decoloración con fuertes caídas en la diversidad de macroinvertebrados y en la abundancia de peces. Es decir, no hablamos solo de agua fea, sino de una cadena alimentaria que puede empezar a fallar desde la base.

En el río Salmon, otro trabajo publicado en PNAS mostró que las concentraciones de metales en el agua superaban umbrales de toxicidad para la vida acuática de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Además, el agua cargada de hierro reduce la luz que llega al fondo y puede cubrir las larvas de insectos de las que se alimentan salmones y otros peces.

El retraso que da una pista

Uno de los hallazgos más útiles es que el daño no siempre aparece de inmediato. Cada verano, la capa activa del suelo se descongela a mayor profundidad y después vuelve a congelarse en invierno. Parte del hierro liberado puede quedar atrapado y salir hacia los ríos al año siguiente.

“Eso significa que podemos usar las temperaturas del suelo para ayudar a predecir la calidad del agua en el futuro”, afirmó Paddy Sullivan, ecólogo de la Universidad de Alaska y coautor del estudio. En otras palabras, el suelo puede avisar antes de que el río cambie de color.

No hay ningún lugar seguro

Lo más incómodo de esta historia es que no encaja con la imagen clásica de contaminación. No hay una chimenea al lado. No hay una gran ciudad aguas arriba. En muchos casos, se trata de cuencas remotas, sin carreteras ni minería cercana, donde el calentamiento basta para cambiar la química del agua.

“Esto es lo que parece el drenaje ácido de minas”, dijo Lyons sobre el río Salmon. “Pero aquí no hay mina. El permafrost se está descongelando y cambiando la química del paisaje”. La frase resume bien el problema. El origen no está en un vertido puntual, sino en un planeta más caliente.

Los investigadores advierten además de que el fenómeno puede repetirse donde coincidan permafrost, rocas ricas en metales y aumento de temperaturas. Ya se han señalado condiciones similares en el norte de Canadá, los Andes, los Alpes y Rusia. Por eso Lyons fue tajante al describirlo. “No hay ningún lugar seguro”.

Proteger lo que aún resiste

Los científicos reconocen que detener el proceso una vez iniciado es muy difícil. “No hay forma de arreglar esto una vez que empieza”, advirtió Lyons. Pero eso no significa quedarse mirando cómo el agua se vuelve naranja.

La prioridad pasa por identificar las zonas más vulnerables, vigilar la temperatura del suelo y avisar a las comunidades que dependen de estos ríos para alimentarse, pescar y mantener prácticas culturales. También conviene proteger los tramos que todavía siguen estables. En el fondo, se trata de ganar tiempo donde aún se pueda.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Communications Earth & Environment.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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