Ciencia

Un estudio sugiere que ver la televisión después de un día duro de trabajo es bueno para la salud y genera un impacto positivo en tu cerebro

Un estudio revela que ver la televisión tras una jornada intensa puede ayudar a reducir el estrés y favorecer la recuperación.

Un estudio sugiere que ver la televisión después de un día duro de trabajo es bueno para la salud y genera un impacto positivo en tu cerebro

Llegar a casa después de una jornada larga no siempre significa descansar. Hay cenas que preparar, niños que atender, ruido, mensajes pendientes y esa sensación de seguir con la cabeza en el trabajo. Un estudio publicado en 2025 plantea que sentarse un rato frente al televisor puede crear una pequeña pausa mental cuando el hogar también exige energía.

La conclusión, eso sí, necesita matices. El trabajo de Xian Zhao, de Ohio University, y Soo Min Toh, de la Universidad de Toronto Mississauga, no demuestra que ver la televisión sea bueno para la salud en cualquier circunstancia. Lo que encuentra es algo más concreto y útil, el efecto de las pantallas cambia según el dispositivo, la situación del hogar y el agotamiento previo.

El hogar también puede agotar

Solemos imaginar la casa como un refugio, pero no siempre funciona así. En hogares con más hijos, más convivientes o un ambiente caótico, las obligaciones pueden continuar justo cuando una persona intenta recuperarse del trabajo o de los estudios.

Toh explica que el tamaño del hogar también refleja el número de demandas que esperan al llegar. En la práctica, un rato de televisión, móvil o videojuegos puede abrir un espacio de desconexión frente a esas responsabilidades. Y eso se nota.

Más de 61.000 adultos

La primera parte del trabajo utilizó datos de 61.174 adultos casados de Estados Unidos incluidos en la American Time Use Survey. Los registros procedían de 2010, 2012 y 2013, y permitieron comparar el número de hijos, los minutos de televisión y las respuestas sobre cansancio y estrés.

Los participantes con más hijos declaraban, en general, más fatiga y tensión. Sin embargo, esa relación era más débil entre quienes pasaban más tiempo viendo la televisión, y el tiempo televisivo también aparecía asociado con niveles algo menores de cansancio y estrés.

Aquí conviene frenar antes de sacar el mando a distancia. Todas las variables se midieron una sola vez, por lo que esta parte muestra una asociación, no una relación de causa y efecto. Tampoco convierte la media observada, unos 138 minutos diarios, en una recomendación saludable.

El móvil amortiguó el caos

La segunda investigación siguió durante siete días a 124 estudiantes universitarios de Canadá. Primero valoraron el nivel de ruido, desorden y falta de calma de sus hogares, y después enviaron cada noche capturas del tiempo registrado por sus teléfonos junto con información sobre su estado de ánimo.

Como era previsible, un hogar más caótico se relacionó con un ánimo menos positivo. Pero ese vínculo negativo resultó más pequeño cuando el uso del móvil era mayor, lo que sugiere que la pantalla podía actuar como una breve barrera frente al entorno.

Eso no significa que pasar más horas deslizando el dedo mejorase el humor por sí solo. Los autores no analizaron qué hacía cada participante con el teléfono, y no es lo mismo hablar con un amigo, escuchar música, leer noticias o responder correos del trabajo.

Los videojuegos dejaron una señal doble

El tercer estudio contó con 114 estudiantes canadienses y también duró siete días. Los investigadores compararon el número de compañeros de vivienda, el tiempo dedicado a videojuegos por la noche y la facilidad para volver a concentrarse en el trabajo o los estudios a la mañana siguiente.

El resultado fue menos cómodo para quienes buscan una respuesta simple. Jugar más se relacionó, en términos generales, con una peor preparación mental al día siguiente, pero al mismo tiempo redujo el impacto negativo asociado a vivir con más personas.

Dicho de otra forma, los videojuegos podían ofrecer una vía de escape en casas más exigentes, aunque también consumir recursos mentales. No es una contradicción menor. De ahí que los propios autores describan el uso digital como una «ventaja mixta».

Lo que el estudio no demuestra

Pese a algunos titulares, los científicos no estudiaron el cerebro con escáneres ni midieron cambios neurológicos. Tampoco diagnosticaron depresión, agotamiento laboral o mejoras clínicas de salud, sino que analizaron respuestas sobre estrés, cansancio, estado de ánimo y preparación mental.

La investigación combina una gran base de datos con dos diarios de una semana, pero no fue un experimento aleatorio. Por eso no permite afirmar que encender el televisor cause necesariamente una recuperación psicológica, ni establecer cuántos minutos serían adecuados para cada persona.

Además, los tres análisis se realizaron en contextos occidentales y emplearon medidas distintas. El trabajo tampoco separó con precisión el contenido consumido, el lugar de uso o actividades tan diferentes como las redes sociales, los videojuegos, la televisión y las tareas laborales.

Una pausa, no una receta

¿Qué significa todo esto al llegar a casa con la cabeza llena? Que una pantalla puede funcionar como una pausa de baja exigencia, sobre todo cuando alrededor siguen acumulándose conversaciones, tareas domésticas y responsabilidades. En ocasiones, una persona necesita dejar de responder durante unos minutos.

Toh lo resume con una frase clara, «el tiempo de pantalla puede ser útil para la recuperación». Pero también advierte que el estudio no propone pasar más tiempo con el móvil, porque el exceso puede añadir fatiga y hacer desaparecer ese posible beneficio.

La clave parece estar en el uso consciente y en el contexto. Ver un capítulo, jugar un rato o mirar el teléfono puede ayudar a crear distancia con un día difícil, pero una sesión interminable no aparece respaldada por estos datos. El estudio tampoco fija una duración ideal.

La pantalla depende del momento

La aportación más interesante no es que la televisión sea saludable, sino que la relación entre pantallas y bienestar no puede reducirse a «buena» o «mala». Una actividad pasiva puede aliviar una situación muy exigente y, a cambio, resultar poco útil o incluso agotadora cuando se prolonga.

En el fondo, el trabajo invita a observar para qué usamos una pantalla y qué estamos intentando dejar atrás durante ese rato. La culpa automática por sentarse en el sofá quizá no esté justificada, pero tampoco lo está convertir el entretenimiento digital en una solución universal. 

El estudio científico puede consultarse en la fuente oficial de Wiley.

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