Astrid Salvat, psicóloga: «Tu cerebro es como una casa, cuando entra un pensamiento que nos hace daño, hay que sacarlo»

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Publicado el: 17 de mayo de 2026 a las 20:39
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Mujer pensativa sentada en un sofá mientras reflexiona sobre el sobrepensamiento y la ansiedad mental.

Darle vueltas a lo mismo una y otra vez no es solo una costumbre incómoda. En psicología se conoce como rumiación, un patrón de pensamiento repetitivo que puede acabar robando sueño, energía y calma mental. No siempre se nota al principio, pero cuando aparece, la cabeza se convierte en una habitación donde todo rebota.

La psicóloga y divulgadora Astrid Salvat ha puesto este problema cotidiano en el centro de las redes con cinco ejercicios sencillos para frenar el sobrepensamiento. Su mensaje principal es claro. No se trata de pelearse con la mente, sino de aprender a ponerle límites antes de que una preocupación se convierta en una bola de nieve.

La mente como casa

Salvat propone una imagen muy fácil de entender. Imaginar la mente como una casa. Los pensamientos útiles pueden quedarse, pero los que hacen daño no tienen por qué entrar ni instalarse en el salón.

La frase que ha llamado la atención es sencilla y potente. «Tu mente es tu casa». En la práctica, esto significa que no todo lo que aparece en la cabeza merece atención. Hay ideas que ayudan a resolver y otras que solo desgastan.

Este enfoque no promete apagar la mente, porque eso no sería realista. Lo que busca es algo más práctico. Enseñar al cerebro que también puede haber puertas, límites y decisiones internas.

No todo pensamiento es verdad

El segundo paso consiste en poner bajo sospecha la idea que se repite. Salvat recomienda preguntarse qué pruebas reales tiene ese pensamiento. Parece una pregunta pequeña, pero puede cambiar el tono de toda la película mental.

Muchas veces la rumiación mezcla hechos con miedo. Una cosa es haber cometido un error y otra muy distinta es repetirse durante horas que todo saldrá mal. Ahí conviene parar y separar lo que se sabe de lo que solo se imagina.

Este gesto ayuda a cortar el bucle. No elimina el problema, pero evita que la mente construya una alarma gigante con una sola pieza de información. Y eso se nota.

El semáforo rojo

Cuando la cabeza se acelera, Salvat habla del «semáforo en rojo». La técnica consiste en hacer un gesto de alto con la mano, respirar tres veces y visualizar que el pensamiento se detiene.

No es magia. Es una pausa. A veces basta ese pequeño corte para no seguir alimentando una cadena de ideas que no lleva a ninguna solución.

Después llega el verde. Cuando el cuerpo se calma un poco, la persona puede decidir si merece la pena seguir pensando en eso o si conviene dejarlo para otro momento. En el fondo, se trata de recuperar el mando.

Volver al presente

Otro de los ejercicios que propone es el 5-2-3. Consiste en nombrar cinco cosas que se ven, dos sonidos que se escuchan y tres objetos que se pueden tocar. Es una forma sencilla de volver al presente cuando la mente se ha ido demasiado lejos.

La técnica funciona como un ancla. Si la cabeza está atrapada en lo que pasó ayer o en lo que podría pasar mañana, los sentidos recuerdan algo básico. Ahora mismo estás aquí.

Este tipo de ejercicio puede ser especialmente útil en momentos de estrés cotidiano. Antes de dormir, después de una discusión, en un atasco o cuando llega esa preocupación que se repite justo cuando menos falta hacía.

Un corte físico

El último consejo de Salvat es más corporal. Cuando el pensamiento vuelva una y otra vez, propone marcar un corte con una palmada, un chasquido o una frase breve como «se acabó».

La idea es crear un interruptor. Con la repetición, ese gesto puede servir para avisar al cerebro de que no se va a seguir entrando en el mismo bucle. No se trata de negar lo que se siente, sino de no dejar que lo ocupe todo.

Aquí la constancia importa mucho. Un ejercicio hecho una vez puede aliviar un poco. Repetido con calma, puede convertirse en una herramienta para momentos de ansiedad, bloqueo o cansancio mental.

Lo que dice la ciencia

La rumiación no es simplemente pensar mucho. El Diccionario de Psicología de la American Psychological Association la describe como un pensamiento excesivo y repetitivo que puede interferir con otras formas de actividad mental.

La American Psychiatric Association también advierte de que este tipo de pensamiento negativo repetido puede contribuir al desarrollo de ansiedad o depresión, y empeorar condiciones que ya existen. Es decir, no siempre es un simple «me preocupo demasiado». A veces es una señal de que la mente necesita ayuda.

La investigación apunta en la misma dirección. Un ensayo publicado en Behaviour Research and Therapy evaluó una intervención online para reducir pensamiento negativo repetitivo en adultos y observó mejoras en rumiación, preocupación, ansiedad, depresión y malestar psicológico.

Cuándo pedir ayuda

Los trucos de Salvat pueden servir como apoyo diario, sobre todo cuando el pensamiento repetitivo aparece de forma puntual. Pero las redes no sustituyen a una consulta. Esto conviene decirlo claro.

Si la rumiación impide dormir, trabajar, estudiar, disfrutar o relacionarse con normalidad, lo recomendable es acudir a un profesional de salud mental. La propia American Psychiatric Association aconseja buscar ayuda cuando el pensamiento negativo repetitivo resulta angustiante o altera la vida diaria.

También hay que vigilar si esos pensamientos vienen acompañados de ataques de ansiedad, tristeza persistente, culpa intensa o sensación de no poder más. En esos casos, cortar el bucle no debería hacerse en soledad.

Una herramienta de vida saludable

Lo interesante de estos ejercicios es que acercan la salud mental a situaciones muy normales. Esa factura que preocupa, el mensaje sin responder, el error del trabajo, el miedo a haber dicho algo mal. Pequeñas cosas que, si se repiten durante horas, pesan más de lo que parece.

Salvat no propone dejar de pensar. Propone pensar con más cuidado. Poner una puerta, hacer una pausa, volver al cuerpo y comprobar si la idea que duele tiene pruebas reales detrás.

En tiempos de ruido, pantallas y prisas, aprender a cortar un pensamiento dañino puede ser tan importante como descansar bien o salir a caminar. La mente no siempre necesita más vueltas. A veces necesita un límite.

El estudio sobre la intervención online para reducir la rumiación y la preocupación ha sido publicado en la revista Behaviour Research and Therapy.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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