Ciencia

Perforan 523 metros de hielo en la Antártida y extraen un núcleo de sedimentos con un registro geológico de 23 millones de años que podría ser clave en la lucha contra el cambio climático

Perforan 523 metros de hielo en la Antártida y hallan un núcleo de sedimentos clave para entender el clima del planeta.

Perforan 523 metros de hielo en la Antártida y extraen un núcleo de sedimentos con un registro geológico de 23 millones de años que podría ser clave en la lucha contra el cambio climático

Donde hoy hay 523 metros de hielo compacto, en el pasado hubo un océano abierto y con luz solar. Esa es la conclusión preliminar del análisis más reciente de un núcleo de 228 metros de barro y roca recuperado en Crary Ice Rise, en el borde de la Antártida occidental.

El material es el núcleo sedimentario más largo extraído hasta ahora bajo una capa de hielo. Sus capas indican que la plataforma de hielo de Ross se retiró de esta zona y que el borde de la capa de hielo de la Antártida occidental llegó a retroceder hasta un lugar hoy sepultado bajo más de medio kilómetro de hielo. No es poca cosa.

Un récord bajo el hielo

La expedición del proyecto internacional SWAIS2C trabajó a más de 700 kilómetros de las estaciones antárticas más cercanas. Un equipo de 29 científicos, perforadores, ingenieros y especialistas polares vivió en tiendas sobre la nieve y afrontó el tercer intento del proyecto, después de que dos campañas en otro emplazamiento terminaran por problemas técnicos.

Primero fue necesario transportar el equipo y los suministros durante 1100 kilómetros por la plataforma de Ross. Después, los técnicos fundieron un conducto a través de 523 metros de hielo con agua caliente y bajaron más de 1300 metros de tuberías. El núcleo fue subiendo en tramos de hasta tres metros.

El barro verde que delata un océano

La gran sorpresa apareció al abrir el núcleo en Nueva Zelanda. Los investigadores encontraron secuencias de barro muy verde, con poca arena o grava y una elevada concentración de diatomeas fosilizadas, unas algas microscópicas que necesitan luz para vivir.

Eso significa que sobre ese terreno no podía existir una cubierta de hielo permanente cuando se depositaron esas capas. Había mar abierto. “Es una sorpresa encontrar estas señales de un entorno marino abierto”, explicó Richard Levy, codirector científico de SWAIS2C.

El lugar está mucho más cerca del centro de la Antártida occidental que otros registros parecidos obtenidos hasta ahora. En la práctica, el núcleo aporta una evidencia directa de que el retroceso alcanzó una zona que actualmente permanece cubierta por cientos de metros de hielo.

La edad del archivo cambia

Las primeras observaciones realizadas durante la perforación apuntaron a que el registro podía abarcar hasta 23 millones de años. Pero la ciencia avanza precisamente así, afinando las cifras cuando aparecen más datos.

El análisis preliminar más reciente ha corregido esa estimación. La mayor parte del núcleo tendría entre 7 y 10 millones de años, mientras que los 20 metros más profundos podrían remontarse a entre 17 y 19 millones de años. Todavía son edades provisionales.

Los especialistas seguirán comparando especies de diatomeas y estudiarán el magnetismo conservado en los sedimentos para precisar la cronología. Por eso conviene no presentar los 23 millones de años como una fecha cerrada. El archivo sigue siendo extraordinario, pero ahora está mejor acotado.

Qué cuenta cada capa

Un núcleo sedimentario funciona como un libro, aunque sus páginas estén hechas de barro, grava, fósiles y fragmentos de roca. El tamaño de los granos, el color, la disposición de las capas y las huellas dejadas por pequeños organismos ayudan a reconstruir el ambiente existente cuando se acumuló cada material.

Los fragmentos rocosos también indican de dónde procedía el hielo y en qué dirección se movía. Los foraminíferos y las diatomeas pueden aportar datos sobre la edad y las condiciones del océano, mientras que las propiedades físicas del sedimento permiten detectar cambios que no se ven a simple vista.

¿Qué buscan ahora los científicos? Quieren saber cuándo desapareció la plataforma de hielo en esta zona, cuánto duró el mar abierto y qué temperatura tenían el océano y la atmósfera. Esa parte aún no está resuelta.

Por qué preocupa la Antártida occidental

Buena parte de la capa de hielo de la Antártida occidental descansa sobre un terreno situado por debajo del nivel del mar. Además, ese terreno se hace más profundo hacia el interior, una forma que puede favorecer un retroceso difícil de frenar si el océano cálido alcanza la base del hielo.

La plataforma de hielo de Ross actúa como un enorme freno. Al flotar, su pérdida no elevaría por sí sola el mar de forma comparable al hielo asentado sobre el lecho rocoso, pero sí permitiría que los glaciares interiores fluyeran más deprisa hacia el océano. Y ahí está el verdadero riesgo.

La capa de hielo de la Antártida occidental contiene suficiente agua congelada para elevar el nivel medio global del mar entre cuatro y cinco metros si desapareciera por completo, según el comunicado del proyecto. No ocurriría de un día para otro, pero incluso una parte de ese aumento tendría consecuencias profundas para ciudades, puertos y costas habitadas.

Una respuesta para un mundo más cálido

SWAIS2C significa “Sensibilidad de la capa de hielo de la Antártida occidental a 2 °C”. El proyecto intenta averiguar cómo respondió este sistema durante antiguos periodos cálidos para mejorar las previsiones sobre un planeta que sigue acumulando CO2 y calor.

El núcleo no permite afirmar todavía que el mismo retroceso vaya a repetirse a una temperatura concreta. Falta establecer cuándo se formaron las capas de mar abierto y cuáles eran entonces las condiciones locales y globales. Ese matiz es esencial.

Pero el hallazgo sí confirma algo importante. La región no ha permanecido siempre cubierta por hielo y fue capaz de transformarse en un ambiente marino abierto bajo climas más cálidos. El pasado no ofrece un calendario exacto, pero puede servir como aviso y como guía.

Lo que ocurrirá ahora

Una mitad de cada sección del núcleo se conservará como archivo y la otra se utilizará para tomar muestras limitadas. Equipos de diez países analizarán fósiles, minerales, señales magnéticas y propiedades físicas para reconstruir la evolución del hielo con mucha más precisión.

Los 228 metros de sedimento conservan numerosos cambios ambientales, por lo que el análisis continuará en laboratorios de varios países. La perforación ya ha terminado, pero el trabajo científico acaba de empezar. Y ahí puede estar la respuesta que falta sobre el futuro del nivel del mar.

Estos resultados se presentan por ahora como un análisis preliminar del equipo científico. 

El comunicado oficial más reciente del proyecto SWAIS2C ha sido publicado en su página oficial.

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