Los geólogos acaban de encontrar una pista diminuta con una historia enorme detrás. Un equipo internacional ha identificado ceniza de la erupción Newberry Pumice, procedente del volcán Newberry en Oregón, dentro de un núcleo de hielo de Groenlandia. Lo sorprendente es la distancia. Ese material viajó más de 5000 kilómetros antes de quedar atrapado en el hielo.
La clave no es solo que la ceniza llegara tan lejos, sino que la erupción no fue una de esas gigantes que llenan portadas durante décadas. Fue un evento VEI 4, importante, pero menor que la erupción del monte Santa Helena de 1980. Y ahí está el aviso. Incluso una erupción moderada, si produce mucha ceniza fina y el viento juega a favor, puede afectar a regiones muy alejadas del volcán.
Una ceniza casi invisible
Los investigadores trabajaron con criptotefra, un nombre técnico para hablar de partículas volcánicas microscópicas. En este caso, la propia doctora Helen Innes explicó que algunos fragmentos medían apenas 0,02 milímetros, una escala en la que cualquier identificación se vuelve muy difícil.
La forma de resolver el misterio fue comparar la huella geoquímica de esas partículas con depósitos volcánicos ya conocidos. Cuando el patrón químico encajó con Newberry, el origen dejó de ser una sospecha y pasó a ser una prueba sólida. Innes lo resumió como “un momento emocionante”.
La fecha también cambió
Hasta ahora, la erupción se situaba dentro de una ventana bastante amplia, de unos 140 años alrededor del siglo VII. El hielo de Groenlandia permitió cerrar mucho más el círculo y fijar la fecha en el año 686, con un margen de dos años. No es poca cosa.
¿Por qué importa tanto una fecha? Porque en geología no basta con saber que algo ocurrió. También hay que entender cuándo, con qué fuerza, bajo qué condiciones y hasta dónde llegaron sus efectos. Sin esa precisión, los mapas de riesgo se quedan cojos.
El viaje hasta Groenlandia
La ceniza no cayó cerca del volcán y después desapareció del relato. Según la Universidad de St Andrews, el material viajó a través de Estados Unidos y del Atlántico hasta acabar en Groenlandia, a más de 5000 kilómetros de su punto de origen.
Los depósitos cercanos al volcán ya mostraban una forma estrecha y alargada. Los investigadores creen que eso apunta a vientos fuertes durante la erupción, capaces de empujar partículas muy finas a grandes distancias. En la práctica, el viento fue la autopista de la ceniza.
El peligro no siempre va por tamaño
La erupción Newberry Pumice se clasifica como VEI 4. La nota oficial la sitúa alrededor de diez veces por debajo de la del monte Santa Helena de 1980, que fue VEI 5, y por encima de la erupción islandesa de Eyjafjallajökull de 2010, famosa por alterar el espacio aéreo europeo.
La frase que deja el estudio es sencilla. “El tamaño no lo es todo”, defendió el doctor William Hutchison al hablar del riesgo volcánico. ¿Qué significa esto para alguien que vive en Europa? Que una nube de ceniza formada muy lejos puede terminar afectando rutas aéreas, suministros y planes de emergencia.
Newberry sigue activo, pero no hay alarma
Este hallazgo no significa que Newberry vaya a entrar en erupción mañana. El Servicio Geológico de Estados Unidos recuerda que el volcán tuvo su última erupción hace unos 1300 años y que las fuentes termales actuales y los flujos de lava jóvenes indican que sigue siendo un volcán activo.
Aun así, el último aviso semanal disponible del Observatorio Volcánico de las Cascadas, fechado el 18 de junio de 2026, mantenía a los volcanes de Oregón y Washington en niveles normales de actividad, incluido Newberry. Es decir, el estudio habla de riesgo y preparación, no de pánico.
Un volcán de amenaza muy alta
Newberry no es un cono cualquiera perdido en el mapa. El USGS lo incluye entre los volcanes jóvenes de las Cascadas con “potencial de amenaza muy alto”, una categoría que no mide solo si va a erupcionar pronto, sino también qué podría pasar si lo hiciera cerca de personas, infraestructuras y rutas de transporte.
Esto cambia la forma de mirar el problema. No se trata únicamente de vigilar los volcanes más famosos, como los de Islandia o el monte Santa Helena. También hay que mirar a otros gigantes más discretos. A veces, el riesgo está donde menos titulares hay.
Lo que cuenta el hielo
El estudio no se limitó a la ceniza de Newberry. Los autores analizaron isótopos de azufre y geoquímica de criptotefra en el núcleo de hielo Tunu2013 para entender mejor varias señales volcánicas del siglo VII. Entre ellas aparecen eventos de los años 626, 682 y 698.
Ese trabajo ayuda a reconstruir la relación entre volcanes, atmósfera y clima. Algunas erupciones antiguas dejaron señales de enfriamiento y problemas sociales en registros históricos y naturales, pero no siempre se sabe de qué volcán salieron. El hielo funciona aquí como una hemeroteca del planeta.
Por qué importa ahora
El Atlántico Norte es una de las zonas aéreas más transitadas del mundo. Por eso, encontrar tanta ceniza en Groenlandia procedente de una erupción moderada no es una curiosidad para especialistas. Es una pista útil para preparar mejor futuras emergencias.
Nadie puede decir con exactitud cuándo será la próxima erupción capaz de causar una gran interrupción. Pero la ciencia sí puede revisar el pasado para ver qué escenarios se han subestimado. Y este es uno de ellos.
Una pista diminuta con un mensaje enorme
Una partícula de ceniza casi invisible ha unido Oregón con Groenlandia y ha obligado a mirar de nuevo el alcance real de algunas erupciones. No hace falta una explosión colosal para que el planeta note sus efectos. Basta una erupción rica en ceniza, una atmósfera favorable y rutas humanas en medio del camino.
El estudio completo ha sido publicado en Quaternary Science Reviews.



