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Nuevo giro en el misterio de Stonehenge: un estudio refuerza que la Piedra del Altar viajó desde Escocia y descarta a los glaciares

Un estudio refuerza que la Piedra del Altar de Stonehenge llegó desde Escocia y pone en duda el papel de los glaciares.

Nuevo giro en el misterio de Stonehenge: un estudio refuerza que la Piedra del Altar viajó desde Escocia y descarta a los glaciares

La Piedra del Altar de Stonehenge vuelve a poner contra las cuerdas a los científicos. Un nuevo estudio refuerza que este enorme bloque de arenisca no procede de Gales, como se pensó durante décadas, sino del noreste de Escocia, a cientos de kilómetros de la llanura de Salisbury.

La clave no está solo en saber de dónde vino, sino en entender cómo llegó hasta allí. Los glaciares pudieron ayudar en una parte del recorrido, pero la nueva investigación apunta a algo todavía más llamativo. En algún momento, comunidades prehistóricas tuvieron que mover una piedra de unas seis toneladas por una distancia enorme. Y eso cambia bastante la imagen que tenemos del Neolítico británico.

La piedra que no encajaba

Stonehenge está formado por distintos tipos de roca. Los grandes bloques de sarsen proceden de una zona mucho más cercana, mientras que varias “bluestones” se han relacionado con Gales. Pero la Piedra del Altar siempre fue más incómoda de explicar.

Se trata de una losa de arenisca situada en el centro del monumento. Estudios anteriores ya habían demostrado que su firma mineral encajaba mejor con la cuenca de Orcadia, en el noreste de Escocia, y no con las formaciones galesas que durante mucho tiempo estuvieron en el punto de mira.

¿Qué significa esto en la práctica? Que alguien, o algo, tuvo que llevar hasta Stonehenge una piedra de gran tamaño desde una región situada a unos 700 kilómetros. No es poca cosa.

La pista lleva a Caithness

El nuevo trabajo afina más el mapa. Los investigadores compararon la edad de pequeños cristales de circón presentes en la roca. Estos minerales funcionan casi como una huella dactilar geológica, porque conservan señales del lugar donde se formaron los sedimentos.

Entre las muestras estudiadas, la mejor coincidencia aparece en Caithness, en la costa norte de Escocia continental. En concreto, Sarclet y otros afloramientos próximos muestran una firma muy parecida a la de la Piedra del Altar. Las zonas situadas más al sur, que habrían facilitado una explicación glaciar más sencilla, encajan peor con los datos.

Aquí conviene ser prudentes. El estudio no dice que ya se haya localizado la cantera exacta. Lo que señala es que Caithness es, con los datos disponibles, la opción más sólida.

Los glaciares no bastan

Durante años se ha discutido si el hielo pudo transportar algunas piedras de Stonehenge durante la Edad de Hielo. La idea suena tentadora. Un glaciar arrastra rocas, las deja más al sur y, mucho después, los humanos las colocan en el monumento.

Pero el problema está en la ruta. Los modelos usados en el nuevo estudio indican que el hielo procedente de esa zona de Escocia se movía sobre todo hacia el norte y el este. Solo en escenarios muy concretos habría podido empujar bloques hacia el sureste, hasta Dogger Bank, hoy bajo el mar del Norte.

Eso cambia el relato. Si el glaciar llevó la piedra hasta Dogger Bank, todavía quedaban unos 400 kilómetros hasta Stonehenge. Si no hubo ayuda glaciar, el viaje pudo rondar los 700 kilómetros completos. En ambos casos, las personas siguen siendo una parte esencial de la historia.

El problema de Dogger Bank

Dogger Bank fue una zona emergida durante parte de la prehistoria. Formaba parte del paisaje de Doggerland, una antigua tierra que unía Gran Bretaña con el continente europeo antes de quedar cubierta por el mar.

El estudio plantea que un bloque procedente del noreste escocés pudo acabar allí por acción del hielo. Esa hipótesis reduciría el esfuerzo humano, pero trae un problema importante. Dogger Bank quedó inundado por la subida del nivel del mar mucho antes de que la Piedra del Altar se colocara probablemente en Stonehenge.

Por eso, la explicación se complica. Habría que imaginar un primer viaje natural, una conservación durante mucho tiempo en otro lugar y un traslado posterior hasta la llanura de Salisbury. Posible, quizá. Sencillo, desde luego que no.

Un viaje planificado

La lectura más fuerte del estudio es que el traslado no pudo depender solo de la naturaleza. Los investigadores no encuentran una ruta glaciar directa desde el noreste de Escocia hasta Stonehenge. Además, otros trabajos recientes sobre sedimentos de Salisbury Plain tampoco apoyan una llegada directa por hielo.

El doctor Anthony Clarke, coautor principal del trabajo, lo resume con una idea clara. “La evidencia apunta a un movimiento deliberado y cuidadosamente planificado”, explicó al presentar la investigación. También señaló que el traslado pudo combinar arrastre por tierra con rutas fluviales o costeras cuando fuera posible.

Visto así, Stonehenge deja de ser solo un conjunto de piedras alineadas. También habla de cooperación, rutas, acuerdos y conocimiento del territorio. Mover una masa de seis toneladas no se improvisa un domingo por la tarde.

Lo que cambia ahora

El hallazgo no cierra el misterio, pero lo acota mucho mejor. Sabemos que la Piedra del Altar encaja con el noreste de Escocia. También sabemos que los glaciares no explican por sí solos su presencia en el corazón de Stonehenge.

El siguiente paso será intentar localizar el origen exacto dentro de esa región escocesa. Eso exigirá más muestras, más comparación mineral y más trabajo de campo. La geología, cuando se aplica a la arqueología, avanza así, grano a grano.

En el fondo, la noticia nos recuerda algo sencillo. Las comunidades neolíticas quizá tenían menos tecnología que nosotros, pero no eran simples ni desorganizadas. Si fueron capaces de mover esta piedra, incluso con ayuda parcial del paisaje, tenían redes, memoria del territorio y una capacidad de coordinación mucho mayor de lo que solemos imaginar.

El estudio ha sido publicado en Journal of Quaternary Science.

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