Un equipo de científicos argentinos ha contado 29 objetos de basura en el cañón submarino de Mar del Plata. Estaban entre 1120 y 3820 metros de profundidad, y los vio el robot SuBastian en julio y agosto de 2025. El estudio se publicó el 16 de septiembre de 2026 en la revista PLOS One.
Es la primera descripción de la basura de ese cañón, situado frente a la costa de Argentina. La misma expedición filmó arrecifes de coral. Ya ha permitido identificar 57 especies nuevas para la ciencia, según comunicó el CONICET el 1 de octubre de 2026.
Diecisiete inmersiones y 240 horas
La campaña, llamada Talud Continental IV, se hizo desde el buque Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute. SuBastian es un robot submarino que se maneja por cable desde la superficie. Bajó 17 veces al cañón, entre 878 y 3820 metros, y dejó unas 240 horas de vídeo.
El equipo de Valeria Teso revisó esas grabaciones después de la campaña. Solo anotó lo que podía identificarse sin duda como fabricado por el ser humano. Para medir cada objeto usó dos láseres verdes del robot, separados por 10 centímetros.
De las 17 inmersiones, 10 encontraron basura. De los 29 objetos, 27 eran de plástico y 2 de goma. Abundaban las bolsas, los envoltorios de comida y los restos de pesca, como sedales, cuerdas y cables.
Una bota fabricada en Argentina
Hacia los 2500 metros, donde el cañón se ensancha, el robot recogió una bota de goma fabricada en Argentina. En ese tramo, las cámaras vieron un envoltorio de comida de origen asiático.

A 3739 metros apareció una bolsa llena de sedimento. El objeto más profundo fue el envoltorio de un paquete de pañuelos de papel. Estaba a 3814 metros, en el centro de un valle que allí supera los 10 kilómetros de ancho.
Estrellas de mar sobre una bolsa
Siete de los 29 objetos tenían animales encima o alrededor. Había estrellas de mar, ofiuras, crustáceos, corales, gusanos poliquetos y probables ascidias. Casi siempre aparecían en bolsas medio enterradas o en cuerdas de pesca enredadas.
Los autores advierten de que esas asociaciones «no deberían interpretarse como prueba» de que la basura sea beneficiosa para el fondo marino. Para ellos sigue siendo una alteración crónica, un debate parecido al de los neumáticos hundidos para hacer arrecifes en Puget Sound.
Un cañón sin conexión con tierra
El cañón está a más de 250 kilómetros de la costa y su cabecera no toca la plataforma continental. Por eso los científicos creen que la basura no llega de las ciudades. Apuntan a las actividades en alta mar, sobre todo a la pesca.
En la inmersión con más hallazgos hubo menos de 3 objetos por kilómetro recorrido. En cañones del Mediterráneo o de la costa oeste de Estados Unidos se ha llegado a 50 u 80. Los autores hablan de una cantidad «relativamente baja, aunque preocupante».
Corales a 1014 metros
Durante la campaña, lo que más llamó la atención fue la vida. El Schmidt Ocean Institute describió un arrecife del coral pétreo Bathelia candida a 1014 metros. A 1500 metros había un extenso campo de corales rojos del género Anthomastus.
Casi 4 millones de personas siguieron las inmersiones en directo. La primera estimación hablaba de unas 40 posibles especies nuevas. En julio de 2026, un taller de 20 taxónomos en Buenos Aires subió la cifra a 57 especies y 5 géneros.
Veinte de esas especies son copépodos, unos crustáceos diminutos, y otras 22 son equinodermos, con 14 cnidarios y un único molusco en la lista del CONICET. La estrella es un pepino de mar del género Peniagone. Le han puesto «Loki» por sus apéndices con forma de cuernos, y es uno de esos organismos de gran profundidad que todavía esperan nombre.
Daniel Lauretta, investigador del CONICET y jefe científico de la campaña, lo resume así: «La cooperación internacional en taxonomía es fundamental». Los hallazgos se registraron en Ocean Census NOVA, una base de datos abierta de especies marinas recién descubiertas.
La cámara no ve lo enterrado
Los 29 objetos son solo los que se vieron en vídeo. Los autores reconocen que los fragmentos pequeños o medio enterrados pudieron pasar inadvertidos. Las 57 especies tampoco son definitivas, porque falta describirlas formalmente y solo se ha examinado el 10 % de las muestras de copépodos.
En 2024, la agencia australiana CSIRO y la Universidad de Toronto hicieron un cálculo. Hay entre 3 y 11 millones de toneladas de plástico en el fondo del océano. Denise Hardesty, investigadora de CSIRO, describió ese fondo como el lugar de descanso de «la mayor parte de la contaminación por plástico».
Ese cálculo se refiere a piezas grandes, de redes a bolsas, y deja fuera los microplásticos que ya recorren la cadena alimentaria. El equipo de Teso ve sus 29 objetos como un punto de partida para futuras mediciones.
El estudio completo se ha publicado en PLOS One.
Imagen: Schmidt Ocean Institute / ROV SuBastian (CC BY 4.0), vía Teso et al. / PLOS One









