En octubre de 2024, una excavadora montada sobre una barcaza empezó a levantar del fondo, frente al parque estatal de Tolmie, en el sur de Puget Sound, neumáticos hundidos allí décadas atrás. En 19 jornadas, el Departamento de Recursos Naturales de Washington (DNR) sacó 3917 ruedas, casi el doble de las 2188 que su propio inventario calculaba como máximo para ese punto, con un peso conjunto de unas 115 toneladas. Era el primer gran paso para desmontar los arrecifes de Puget Sound construidos con neumáticos usados en los años setenta y ochenta.
Hoy el DNR da esas estructuras por fracasadas en la página de su programa de retirada, donde explica que «han sido consideradas fallidas» y que crece la preocupación por su impacto en el entorno y en las especies que viven alrededor.
Una idea pensada para la pesca de fondo
En los años setenta y ochenta, nuevas leyes federales y sentencias judiciales recortaron los cupos de pesca deportiva del salmón, y muchos aficionados se pasaron a los peces de roca y al lingcod (Ophiodon elongatus). Así lo resume un artículo publicado en febrero de 2025 en el blog de estudiantes de la Escuela de Asuntos Marinos y Ambientales de la Universidad de Washington.
Como esas especies, muy vulnerables a la sobrepesca, desaparecieron pronto de los pocos afloramientos rocosos de Puget Sound, el antiguo Departamento de Pesca del estado, hoy Departamento de Pesca y Vida Silvestre (WDFW), impulsó a partir de 1975 grandes arrecifes artificiales junto a los muelles públicos de pesca que levantaban las ciudades, según el informe técnico del DNR.
«Había una demanda para construir muelles de pesca, así que los construyeron en Seattle, Tacoma, Edmonds», explicó en 2022 a The B-Town Blog Monica Shoemaker, entonces responsable de restauración del programa de restauración acuática del DNR.
Neumáticos atados con cuerda de polipropileno
Según el informe técnico del DNR de agosto de 2023, en los setenta se compactaban en pilas de cinco a ocho ruedas con flejes de acero, se ataban con cuerda de polipropileno y se rajaban para que el aire escapara mientras los módulos bajaban al fondo. Según la Universidad de Washington, en esa década se instalaron 20 arrecifes de este tipo en Puget Sound.
En 1982 el Departamento de Pesca ya había dejado de usar neumáticos por el aumento de los costes y empleaba solo hormigón de derribo y roca de cantera, según el mismo informe. Otros lugares de Estados Unidos hicieron lo mismo, como el pueblo de Massachusetts que en 1978 hundió un arrecife de bloques de neumáticos frente a Yarmouth.
«El estado y otras organizaciones decidieron hace mucho, a principios de los 70 y los 80, que podíamos echar todos estos fardos de neumáticos usados… y las cosas crecerían en ellos y sería un gran arrecife artificial», contó en mayo de 2022 a la emisora pública KUOW Randy Williams, vicepresidente de la Washington Scuba Alliance, una asociación de buceadores que colabora en el inventario. «Error. No funcionó».
Las cuerdas se rompieron con los años
El fallo más visible está en las ataduras, como explicó Shoemaker en 2022: «Los fardos de neumáticos están atados con cuerda sintética, y esa cuerda, con el tiempo, se rompe». Una de sus mayores preocupaciones, añadió, es que se están rompiendo: «En lugar de tener estos fardos contenidos, se están deshaciendo y van a esparcir neumáticos sueltos por ahí».
Una rueda suelta cuesta más de encontrar y de sacar, y con los temporales y las corrientes puede acabar en la playa. Allí el sol y los cambios de temperatura la rompen antes, y el DNR teme que así se repartan microplásticos y fragmentos de caucho de neumático lejos de los arrecifes originales.
Un inventario con sonar y vídeo submarino
Entre 2019 y 2021, el DNR pasó con una sonda multihaz, un sonar que dibuja el relieve del fondo en tres dimensiones, sobre 20 emplazamientos prioritarios, y lo que salía en pantalla se comprobó después con vídeo submarino y buceadores. Encontró estructuras de arrecife en 16 de los 20 puntos y neumáticos confirmados o probables en 14.
Los arrecifes más grandes tienen hasta 22.000 neumáticos atados en grupos de hasta 24, y el más pequeño ronda los 166, en grupos de ocho. En el sur de Puget Sound, donde el fondo es de sedimento fino, había ruedas enterradas hasta en un 90 %, y los autores creen probable que haya otras que el sonar no detectó porque están cubiertas por completo.
«Por desgracia, estos neumáticos de desecho no han proporcionado el valioso hábitat que se pretendía y, en cambio, pueden causar más daño que beneficio», escriben los autores del informe técnico.
Una cifra que no deja de crecer
Nadie sabe cuántas ruedas siguen en el fondo. En junio de 2022, el Departamento de Ecología de Washington escribía en su blog: «Las primeras estimaciones sugieren que hay cientos de miles de neumáticos en el Sound, un número que podría subir a medida que nosotros y nuestros socios inventariemos todos los lugares».
El DNR habla de más de 100.000 en su mapa narrativo del proyecto, y Williams contó a KUOW que su asociación había localizado más de 26.000 y que podría haber cerca de medio millón en toda la región.
En una reunión técnica celebrada el 19 de febrero de 2026, Cassidy Biondo, responsable de restauración acuática del DNR, contó que tuvieron que quedarse con 14 de unos 30 emplazamientos para que el trabajo fuera viable. «Probablemente haya más ahí fuera que no conocemos», añade la respuesta recogida en el acta de aquella sesión.
Sobre si los peces usaban las ruedas, el acta recoge esta respuesta: «Hubo cierto uso como hábitat, pero no tanto como habríamos esperado». El DNR añadió que, por ahora, no tiene previsto sustituir los neumáticos retirados por ningún otro material.
Lo que preocupa en el fondo marino
En su presentación, Biondo separaba lo conocido de lo especulado. Entre lo conocido citaba el deterioro del hábitat, el sedal de pesca que se queda enredado en las ruedas y los puntos que se han usado para tirar basura, y entre lo pendiente, la posible liberación de metales y de 6PPD, un aditivo que protege el caucho de los neumáticos y que da lugar a la 6PPD-quinona.
Ese compuesto se ha relacionado con mortandades de salmón coho y chinook en arroyos que reciben escorrentía de carreteras, según el artículo de la Universidad de Washington, que cita un estudio publicado en Science en 2021. Preguntada por cuántas de las ruedas del fondo llevan 6PPD, ya que algunas podrían ser tan antiguas que no lo contengan, la respuesta de Biondo en el acta fue prudente: «Aún no lo sabemos. Sería un buen análisis para hacer».
Tres emplazamientos y más de 13.000 ruedas fuera del agua
La retirada a gran escala empezó con un proyecto piloto financiado en 2023 por el Parlamento estatal con 2 millones de dólares. Tras Tolmie, el equipo trabajó en Case Inlet, junto al parque estatal de la isla Harstine, donde sacó 784 neumáticos en dos jornadas, de modo que el piloto sumó 4701 ruedas y unas 138 toneladas.
Después llegó Burfoot, que el DNR presentó como la mayor retirada de neumáticos marinos de la historia del estado, con entre 10.500 y 17.000 neumáticos estimados repartidos en unas 21 hectáreas a entre 15 y 21 metros de profundidad. Allí se retiraron 8666 ruedas y unas 259 toneladas en 18 jornadas, de modo que los tres emplazamientos suman 13.367 neumáticos y casi 400 toneladas, según la presentación del DNR.
Las ruedas recuperadas van a un monorrelleno, un vertedero reservado solo para neumáticos, como exigía el permiso, y Ecología exige además analizar contaminantes en los sedimentos y vigilar la calidad del agua.
El 20 de mayo de 2026, el DNR publicó en el registro ambiental del Departamento de Ecología una declaración de impacto no significativo para retirar «todos los neumáticos hundidos» de tres nuevos emplazamientos. El expediente advierte de que estas «estructuras fallidas» pueden convertirse en una fuente puntual de microplásticos y de degradación del caucho, y desplazarse hacia hábitats críticos.
La presentación de febrero apuntaba además a permisos programáticos para los 11 emplazamientos prioritarios que quedan y a retiradas cada año.
Lo que todavía no se sabe
Tampoco está cerrada la cuestión química. El informe técnico cita trabajos según los cuales, en aguas de alta salinidad, la lixiviación de compuestos de los neumáticos no supone un riesgo tóxico agudo para los organismos del entorno, aunque advierte de que esos estudios no aclaran si la acumulación de ciertas sustancias a largo plazo puede dañarlos.
El artículo de la Universidad de Washington deja una lección para futuros arrecifes: «Materiales duraderos y un cuidado continuado son el secreto del éxito», en referencia a ejemplos de Puget Sound hechos con hormigón reciclado o barcos hundidos, en la línea de los vagones de metro que Nueva York hundió frente a la costa este.
Imagen: Washington State Department of Natural Resources













