Descubren un ser vivo a más de 9.000 metros en el océano que desconcierta a la ciencia porque no se puede clasificar: una nueva forma de vida jamás vista antes

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Publicado el: 18 de abril de 2026 a las 20:38
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Submarino Limiting Factor durante la expedición en la fosa de Japón donde se descubrió un ser vivo desconocido.

Japón acaba de abrir una ventana a uno de los lugares menos explorados del planeta, las fosas oceánicas del Pacífico noroeste. Un equipo internacional ha documentado al menos 108 grupos de organismos (morphotaxa) entre 4.534 y 9.775 metros de profundidad, y en ese catálogo visual hay un protagonista inesperado, un animal que todavía no encaja en ningún filo conocido.

La expedición se hizo en 2022 durante dos meses, con el buque DSSV Pressure Drop y el sumergible tripulado Limiting Factor, además de cámaras que caen al fondo con cebo para atraer fauna. El resultado no es solo una lista de rarezas, también es una pista muy clara de algo que a veces olvidamos, ni siquiera el abismo está completamente al margen de lo que hacemos en la superficie.

Hasta dónde llegaron

Cuando hablamos de casi 10 kilómetros de profundidad, hablamos de la zona hadal, esa franja del océano por debajo de 6.000 metros donde no entra la luz y la presión es brutal. Por encima está la zona abisal, aproximadamente entre 3.000 y 6.000 metros, que ya es «otro planeta» para la mayoría de especies.

El equipo combinó dos formas de mirar sin destruir, recorridos con sumergible para ver animales pegados al fondo y su hábitat, y plataformas de caída libre con cámaras y cebo para registrar especies que se acercan a alimentarse (sobre todo peces e invertebrados carroñeros). En total registraron alrededor de 460 horas de vídeo del fondo marino.

¿Y por qué tanto énfasis en la imagen y no en arrastrar redes como se ha hecho toda la vida? En el comunicado del trabajo, el equipo recuerda que las redes y el muestreo físico pueden dañar organismos frágiles y rara vez capturan el comportamiento o el contexto ecológico.

El animal que la ciencia no sabe nombrar

El hallazgo que más titulares se ha llevado es un organismo grabado dos veces a profundidades de hasta 9.137 metros. Es un animal de desplazamiento lento, que parece «planear» en el agua, y que ha obligado al equipo a tirar de un término provisional, Animalia incerta sedis.

Esa etiqueta es una forma de decir «animal de ubicación incierta» dentro del árbol de la vida. Según la nota de prensa, incluso tras consultar con expertos taxónomos, no han podido asignarlo con confianza a ningún filo conocido, aunque comparte rasgos visuales con babosas marinas (nudibranquios) o pepinos de mar.

Esto tiene una lectura importante para cualquiera que piense que «ya está todo descubierto». En el océano profundo, una filmación puede abrir una puerta, pero para confirmar identidades suelen hacer falta muestras y análisis detallados (incluidos genéticos) que permitan comparar sin dudas.

Récords y vida donde casi nadie mira

La expedición también ha dejado una marca histórica en el registro de vertebrados marinos. Las cámaras con cebo captaron un pez caracol (Pseudoliparis sp.) alimentándose a 8.336 metros, lo que los autores describen como la observación «in situ» más profunda de un pez hasta la fecha.

En las inmersiones tripuladas aparecieron escenas que desmontan la idea del «desierto» hadal. En la base de la llamada Boso triple junction, a 9.137 metros, el equipo atravesó una pradera de crinoideos con más de 1.500 ejemplares con tallo anclados a terrazas rocosas. No es poca cosa, sobre todo en un entorno de poca comida y temperaturas muy bajas.

Y todavía hay más. Se registraron esponjas carnívoras de la familia Cladorhizidae en la fosa Izu Ogasawara entre 9.568 y 9.744 metros, el registro «in situ» más profundo de este tipo de esponjas según el comunicado, y también se observó el anfípodo gigante Alicella gigantea en las tres fosas estudiadas.

Por qué esto importa para el medio ambiente

Puede parecer una historia de ciencia lejana, pero la clave ambiental es muy directa, primero hay que saber qué hay para poder protegerlo. El equipo lo resumió con una frase muy clara, «This combination enabled us to build the most comprehensive visual baseline yet for abyssal and hadal megafauna in the Northwest Pacific to date».

Además, el trabajo deja un recordatorio incómodo. En las grabaciones también apareció basura de origen humano, y los autores señalan que probablemente llegó hasta allí transportada por procesos de ladera. Lo dijeron así, «While it’s easy to think of deep-sea trenches as untouched wilderness, our findings also showed evidence of human-derived debris, likely transported by downslope processes».

Y aquí entra el contexto geológico. Las fosas de subducción son zonas de terremotos y deslizamientos submarinos que remueven sedimentos y pueden transportar material rápidamente hacia el fondo, tal y como explica el equipo en el contexto del estudio. Eso incluye comida para muchos animales, pero también puede incluir lo que no debería estar allí.

Lo que conviene tener en cuenta

Con el «misterio» sobre la mesa, la idea clave es que el vídeo por sí solo tiene límites. El propio estudio se plantea como una base para futuras investigaciones y para muestreos más dirigidos, con el menor impacto posible, cuando sea imprescindible.

También queda trabajo para entender por qué unas fosas parecen más ricas que otras. El comunicado destaca diferencias locales y señala que la fosa de Japón fue la que más grupos visuales acumuló, lo que apunta a que geología, profundidad y llegada de nutrientes desde la superficie influyen mucho.

Mientras tanto, para el lector de a pie hay una idea práctica que no conviene perder de vista. Reducir residuos y mejorar el reciclaje no es solo «una cosa de ciudad», también es una forma de cortar el viaje de la basura antes de que acabe en lugares donde no hay servicios de limpieza y donde cada impacto se queda años. Y eso se nota.

El estudio ha sido publicado en Biodiversity Data Journal.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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