El 20 de julio de 1985, el equipo de Mel Fisher encontró junto a los cayos Marquesas, en Florida, la bodega del galeón Atocha, el Nuestra Señora de Atocha, hundido por un huracán en 1622. La búsqueda había empezado en 1969 y había costado tres vidas, y según el Museo Marítimo Mel Fisher aquella bodega guardaba cerca de 1000 lingotes de plata, 50 cofres de monedas y una caja de lingotes de oro.
Del pecio salieron además unas 6000 esmeraldas colombianas en bruto que no figuran en ninguno de los registros del barco. El aviso llegó por radio a la oficina de Treasure Salvors en Cayo Hueso, desde el barco Dauntless, que capitaneaba Kane Fisher, hijo de Mel.
Un convoy de 28 barcos salió de La Habana
El 4 de septiembre de 1622, la flota de Tierra Firme zarpó de La Habana rumbo a España con 28 barcos, cargados con plata de Perú y México, oro y esmeraldas de Colombia y perlas de Venezuela y Panamá. Al día siguiente, un huracán la alcanzó en el estrecho de Florida, y en la mañana del 6 de septiembre siete barcos yacían rotos en el fondo, entre los cayos Marquesas y las Tortugas Secas.
Según el museo, el Atocha llevaba 24 toneladas de plata en 1038 lingotes, 582 lingotes de cobre, 125 barras y discos de oro, 350 cofres de añil, 525 fardos de tabaco y 20 cañones de bronce. De las 265 personas a bordo solo sobrevivieron cinco jóvenes marineros, agarrados al muñón del palo de mesana.
El casco quedó a 55 pies de profundidad, unos 17 metros, y un segundo huracán, el 5 de octubre, esparció los restos. Los rescatadores españoles lo buscaron durante 60 años sin encontrar rastro.
Las pistas estaban en el Archivo de Indias de Sevilla
Hacia 1969, Fisher dejó los restos de la flota de 1715, en la costa este de Florida, y trasladó la búsqueda a los cayos. Según explica el museo en su galería sobre los galeones de 1622, la información clave salió de la documentación de los archivos españoles, y fue el investigador Eugene Lyon quien descubrió que los galeones se habían perdido cerca de los cayos Marquesas.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos lo resumió en su sentencia del 1 de julio de 1982: Treasure Salvors situó el pecio en la primavera de 1971 junto a unos bajos llamados Quicksands, a 9,5 millas náuticas (unos 17,6 km) al oeste de los cayos Marquesas. En 1973 aparecieron tres lingotes de plata cuyos pesos y números coincidían con el manifiesto del Atocha, la lista oficial de su carga, que se conserva en el Archivo de Indias.
La pérdida de Dirk, Angel y Rick Gage
En 1975, Dirk Fisher, hijo de Mel, encontró cañones de bronce cuyas marcas confirmaron que el pecio era el Atocha. Días después, el barco de rescate Northwind volcó y se hundió durante la noche, y murieron Dirk, su esposa Angel y el buzo Rick Gage.
En 1980, el equipo localizó el Santa Margarita, otro galeón de la misma flota, y en 1982 el Tribunal Supremo dictaminó que los objetos de los galeones pertenecían a Fisher y a Treasure Salvors, tras años de pleitos con el estado de Florida y el Gobierno federal.
Un arrecife de lingotes de plata
Según el museo, Kane Fisher pidió por radio guardar las cartas náuticas porque habían encontrado el depósito principal, y los tripulantes describieron el hallazgo como «un arrecife de lingotes de plata». En pocos días, las marcas grabadas en los lingotes se cotejaron con el manifiesto y confirmaron el descubrimiento.
La excavación ocupó a muchos equipos durante dos años, con aspiradores submarinos que retiraban la arena y el limo, y cada pieza se cartografió y midió en el sitio donde apareció. Cuando el Dauntless volvió a Cayo Hueso con lingotes de plata y cofres de monedas, John y Judy Halas grabaron desde el muelle la descarga.
Entre las piezas había un cinturón de oro macizo, un plato de oro labrado, una cadena de oro de más de siete libras, unos 3,2 kilos, y unas 200.000 monedas de plata hechas a mano, la mayoría de Potosí, en la actual Bolivia.
Las esmeraldas quizá eran de contrabando, según el museo, porque no aparecen en los registros. Una de ellas, un cristal hexagonal sin tallar de 77,76 quilates, fue rastreada hasta la mina de Muzo. También salieron instrumentos de navegación, cerámica, semillas de uva y una lagartija anolis parda, originaria de Cuba, que el museo cree que ya estaba momificada cuando el galeón se hundió.
Del fondo del mar al laboratorio de conservación
Tras casi 363 años bajo el agua, buena parte del material estaba en un estado extremadamente inestable. El laboratorio del museo explica que no busca devolver cada objeto a su estado original, sino frenar su deterioro, con baños de agua para retirar las sales o con reducción electrolítica, una técnica que usa corriente eléctrica para extraer los cloruros del metal.
Tres fragmentos de un vaso de vidrio aparecieron hasta a una milla de distancia, unos 1,6 km, y encajaron en el laboratorio. El museo lo considera uno de los ejemplos más antiguos conocidos en América.

Lo que hoy pide la UNESCO y lo que no cuadra
La Convención de la UNESCO sobre patrimonio cultural subacuático, de 2001 y posterior al hallazgo, marca otra prioridad. Según la UNESCO, conservar el patrimonio en el propio lecho marino debe ser la primera opción, y ese patrimonio no puede explotarse comercialmente con fines de compraventa o especulación.
Las fuentes oficiales tienen discrepancias: el museo habla de cinco cañones de bronce hallados en 1975 en su historia y de nueve en su galería de fotos, y el mensaje de radio de Kane Fisher aparece con dos redacciones distintas. Las cifras económicas proceden de la empresa que explota el yacimiento, Mel Fisher’s Treasures, que en 2015 valoró el hallazgo en 450 millones de dólares, sin tasación independiente, y calculaba en más de 260 millones el tesoro registrado que quedaba por encontrar en el Atocha y el Santa Margarita, o en 280 millones según otra nota de ese año.
Otros hallazgos plantean preguntas parecidas sobre qué sacar y cómo conservarlo, como el Bom Jesus, la carraca portuguesa hallada bajo la arena del Namib, el mercante cananeo de hace 3300 años del Mediterráneo, el barco medieval aparecido en unas obras de Tallin o el tesoro de plata vikinga de Rebild.
La historia completa del hallazgo y la galería de piezas están publicadas en la web del Museo Marítimo Mel Fisher, en Cayo Hueso.
Foto: Mel Fisher Maritime Museum









