En el observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, el zinc de los anclajes cedió durante 39 meses hasta que la plataforma cayó sobre el reflector de 305 metros, y hoy sus restos se visitan

Adrian Villellas
Publicado el 21 de octubre de 2026 a las 15:32
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Restos de la plataforma de instrumentos del observatorio de Arecibo sobre el reflector de 305 metros, con paneles retorcidos tras el derrumbe del 1 de diciembre de 2020

El observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, se vino abajo el 1 de diciembre de 2020 porque el zinc que fijaba sus cables dentro de los anclajes se fue deformando durante 39 meses, según concluyó en 2024 un comité de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos. A las 7:55 de la mañana, la plataforma de instrumentos cayó sobre el reflector de 305 metros.

Las puntas de las tres torres que la sostenían se partieron y los cables cayeron con ella, según el parte que publicó ese mismo día la Universidad de Florida Central (UCF), que gestionaba la instalación para la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF). Nadie resultó herido, y hoy los restos del plato se visitan.

Dos cables cedieron antes del derrumbe

El 10 de agosto de 2020, el cable auxiliar M4N se salió por el extremo de la torre de su anclaje relleno de zinc, cuando soportaba menos de la mitad de su carga de diseño, y cayó sobre el reflector.

Las reparaciones provisionales iban a empezar el 9 de noviembre, pero el día 6 falló un cable principal de la misma torre, la número 4, con cerca del 60 % de la resistencia mínima que debía tener. Según la UCF, eso indicaba que otros cables podían ser más débiles de lo esperado.

El 19 de noviembre, la NSF anunció que el radiotelescopio no podía repararse con seguridad y que lo desmantelaría de forma controlada. Los drones encontraron después alambres rotos en otros dos cables de esa torre. La mañana del derrumbe cedió un tercer anclaje de la torre 4, 113 días después de que se soltara el primer cable.

Reflector del observatorio de Arecibo con paneles rotos y la estructura de la plataforma caída sobre el plato, con una de las torres al fondo
El reflector de Arecibo tras el derrumbe, con la estructura metálica de la plataforma caída sobre los paneles y una de las torres de hormigón al fondo (Foto: Michelle Negron / NSF)

El zinc que soltó los cables

Los cables de Arecibo terminaban en casquillos metálicos donde los alambres se abren en abanico y se fijan con zinc fundido. El telescopio tenía 785 anclajes de este tipo, y en más de un siglo de uso de la técnica nunca se había documentado un fallo así.

El informe atribuye el derrumbe a la fluencia del zinc, una deformación lenta que avanza bajo una carga constante. Según Roger L. McCarthy, presidente del comité, los anclajes fueron perdiendo el agarre sobre un número crítico de alambres con una carga inferior a la mitad de su resistencia nominal. Para él fue «uno de los fallos más mediáticos y desconcertantes de la era moderna».

El huracán María puso en marcha la cuenta atrás

Según el comité, la secuencia empezó el 20 de septiembre de 2017, cuando el huracán María golpeó Puerto Rico como tormenta de categoría 4. Los cálculos estructurales indicaban que su viento no debería haber dañado los cables, pero las inspecciones posteriores encontraron cables que se deslizaban dentro de sus anclajes.

Las revisiones de 2003 y 2011 habían medido separaciones de media pulgada (1,3 centímetros) en el zinc que no crecían. A finales de 2018 y principios de 2019, el cable M4N ya se había salido 1,125 pulgadas (2,9 centímetros) en la torre, 2,25 veces más que antes de María.

Los autores sostienen que esos desplazamientos tendrían que haber activado el nivel de alarma más alto y una actuación urgente. La gravedad pudo pasar desapercibida porque el factor de seguridad, la relación entre la resistencia de un cable y su carga, seguía por encima de 2. «Sin María, el comité cree que el telescopio seguiría en pie hoy», escriben.

Lo que la ciencia perdió con el reflector

Arecibo se terminó en 1963 y llegó a ser el radiotelescopio de un solo plato más potente del mundo, según la UCF. En 1974, Russell Hulse y Joseph Taylor encontraron allí el primer púlsar binario, PSR 1913+16, un hallazgo por el que recibieron el Nobel de Física en 1993.

La NSF atribuye además al observatorio el primer descubrimiento de un planeta extrasolar, anunciado en 1992, mucho antes de que se encontraran mundos como Elias 2-24 b, el planeta más joven conocido. Su radar planetario, pagado por la NASA, fijaba con precisión las órbitas, los tamaños y las formas de asteroides como el 2015 TB145.

Imagen de radar del asteroide 2015 TB145 obtenida por el radiotelescopio de Arecibo
Imagen de radar del asteroide 2015 TB145, un cometa muerto, obtenida por Arecibo el 30 de octubre de 2015 con 7,5 metros por píxel (Imagen: NAIC-Arecibo / NSF)

Los datos que Arecibo reunió durante más de 50 años siguen en uso. En diciembre de 2021, la NSF contaba que habían servido de apoyo a las misiones DART y OSIRIS-REx de la NASA.

De la limpieza a un centro educativo

La NSF, la UCF y sus contratistas retiraron unos 14.000 paneles dañados de los 39.000 que formaban el reflector y se llevaron la tierra manchada por el aceite hidráulico derramado en el derrumbe. Hasta octubre de 2021, la NSF había destinado unos 40 millones de dólares a la limpieza de emergencia.

El 25 de septiembre de 2023, la NSF anunció más de 5 millones de dólares durante cinco años para crear Arecibo C3, un centro de educación científica, computación y participación comunitaria en el distrito histórico del observatorio. La convocatoria previa dejaba fuera la reconstrucción del telescopio. La apertura se fue retrasando, con una fase piloto en junio de 2024, según la página de la NSF sobre Arecibo.

En octubre de 2026, la web de Arecibo C3 vende entradas de entre 3 y 5 dólares para su centro de ciencias y visitantes, que abre la mayoría de los viernes y sábados, con un sendero con piezas del radiotelescopio y una terraza con vistas a los restos del plato.

Lo que el informe no pudo demostrar

El comité no logró probar por qué el zinc cedió tan deprisa. Su hipótesis es la electroplasticidad de baja corriente: las ondas del transmisor de Arecibo habrían inducido pequeñas corrientes en los cables que acelerarían la fluencia. McCarthy admite que «no había datos suficientes para demostrar nuestra explicación», porque nadie midió esas corrientes mientras el telescopio funcionaba.

Tras la mejora de 1997 las inspecciones se redujeron, y el comité reconoce que no sabe cuánto influyó el recorte de fondos de la NSF para Arecibo en su última década. Su aviso es general: si se recorta el dinero para mantenimiento y vigilancia, la naturaleza puede acabar desmantelando por su cuenta instalaciones como esta.

La advertencia vale para otras instalaciones veteranas, desde el telescopio solar Dunn de Nuevo México, que la NSF derribará, hasta el telescopio Swift, para el que la NASA prepara una misión robótica que suba su órbita.

El informe completo de 2024, Failure Analysis of the Arecibo Observatory 305-Meter Telescope Collapse, se ha publicado en National Academies Press.

Foto: Michelle Negron / NSF

Adrian Villellas

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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