Un estudio con 94 gatos del condado de St. Lawrence, en el norte del estado de Nueva York, y de Gainesville, en Florida, ha comprobado que llevaron a casa un 61 % menos de pájaros mientras vestían una funda de colores en el collar, y en el norte la caída llegó al 69 %. El trabajo se publicó el 14 de abril de 2022 en Journal of Fish and Wildlife Management.
Durante las primaveras de 2014 y 2019, los dueños metieron en bolsas cada presa que sus mascotas dejaban muerta en la puerta, apuntaron si el gato llevaba la funda y lo guardaron en el congelador para que el equipo identificara cada especie.
Detrás del trabajo está Susan Willson, profesora asociada de Biología en la Universidad St. Lawrence y anilladora de aves con licencia, que en una entrevista publicada por su universidad en octubre de 2025 contó que su «amor por los gatos» la llevó a investigar cómo interactúan con las aves.
Bolsas en el congelador de Nueva York y Florida
Firman el estudio Margaret Jensen y Susan Willson, de St. Lawrence, y Abby Powell, del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Juntaron tres ensayos con el mismo método: Nueva York en 2014 y Nueva York y Florida en 2019.
Las pruebas coincidieron con la época de cría de las aves. Los gatos se repartieron en dos grupos que se turnaban cada dos semanas, así que cada animal pasó la mitad del estudio con la funda y la otra mitad sin ella, y se comparaba consigo mismo.
De los 118 gatos reclutados en 81 hogares, se retiraron 24. Quedaron 94 gatos de 64 hogares: 19 en Nueva York en 2014, 43 en Nueva York en 2019 y 32 en Florida.
Un tubo de tela de cinco centímetros
El accesorio se vende con el nombre de Birdsbesafe. Es un tubo de algodón de 5 cm de ancho, con estampados en rojo, azul y amarillo, que se coloca sobre un collar normal de apertura de seguridad, el que se suelta solo si el gato se engancha para que no se ahorque. Según las autoras, la tela sobresale como una gorguera alrededor de la cabeza y le pone más difícil ocultarse mientras acecha.

La idea se apoya en la vista de las aves cantoras, que ven los colores con cuatro tipos de conos, las células de la retina que captan el color. Esa visión tetracromática es especialmente aguda, así que los colores vivos de la funda les resultan muy visibles.
Un 61 % menos de pájaros, más en el norte
En total, los dueños entregaron 373 presas, entre ellas 92 aves adultas de 35 especies y 172 pequeños mamíferos. Para las aves, el análisis incluyó a los 53 gatos que llevaron al menos una a casa: con la funda puesta trajeron un 61 % menos de pájaros, una diferencia estadísticamente significativa.
También llevaron un 37 % menos de pequeños mamíferos y un 47 % menos de reptiles y anfibios, pero esas diferencias no fueron significativas. La edad, el sexo y el entorno, rural o más urbanizado, no cambiaron la eficacia de la funda. Otros ensayos del mismo producto midieron una caída del 50 % en Australia y del 78 % en Inglaterra.
La caza de aves bajó un 69 % en Nueva York y un 47 % en Florida, y las autoras concluyen que la funda funcionó mejor en una latitud templada que en una subtropical. Lo atribuyen, como hipótesis que el estudio no demuestra, a que en la época de cría la testosterona de las aves de latitudes altas sube más, lo que podría distraerlas.
Collares que se soltaban y dueños poco convencidos
El mayor problema práctico estuvo en el collar de debajo. Durante las cuatro semanas en que los gatos de 2019 llevaron la funda, 44 perdieron el collar al menos una vez. «Muchos de los participantes expresaron su frustración por lo fácil que se soltaban los collares», cuentan las autoras. Veinte dueños lo modificaron para que no se cayera, y la mayoría de esos cambios anularon el cierre de seguridad.
Cada conjunto de funda y collar cuesta cerca de 20 dólares. En la encuesta final de 2019, 33 de 60 gatos (el 55 %) no mostraron ninguna reacción adversa y ocho (el 13 %) reaccionaron muy mal. Solo 20 dueños, el 49 %, dijeron que seguirían usándola, y las autoras concluyen que su percepción es clave para que funcione cualquier estrategia de este tipo.
En Inglaterra, juego y comida con carne
En el suroeste de Inglaterra, un ensayo de la Universidad de Exeter con 355 gatos, publicado en febrero de 2021 en Current Biology, vio que la funda reducía un 42 % las aves llevadas a casa. Una comida comercial de alta calidad, con proteína de carne, recortaba un 36 % las presas, y entre cinco y diez minutos diarios de juego con el dueño, un 25 %, la misma idea que hay detrás de dedicar un rato al día a jugar con el gato.
«Jugando con los gatos y cambiando su dieta, los dueños pueden reducir su impacto en la fauna sin restringir su libertad», dijo el profesor Robbie McDonald, de Exeter, en la nota de la universidad. En España, una de las Ayudas a la Investigación 2025 de SEO/BirdLife estudia el impacto de las colonias felinas en las aves urbanas de Madrid.
Lo que el recuento de presas deja fuera
Todas las cifras se refieren a las presas que los gatos llevaron a casa. Las autoras recuerdan que, en un estudio de 2013 con cámaras de vídeo en el collar, los gatos solo llevaron a casa alrededor del 23 % de lo que cazaron.
«La funda no resolverá el devastador problema de la depredación de aves cantoras por gatos domésticos», escriben. Tampoco sirve para los volantones, pollos que acaban de dejar el nido y no pueden escapar con facilidad, ni hay motivos para pensar que reduzca efectos indirectos como el tiempo que un ave pierde vigilando en lugar de alimentar a sus crías.
Las autoras la ven como una herramienta más, útil en zonas con poblaciones vulnerables, como las islas donde los depredadores introducidos amenazan a las aves, y para ellas lo más deseable sigue siendo meter a todos los gatos en casa. Según las estimaciones que citan, los gatos domésticos matan unos 2400 millones de aves al año solo en Estados Unidos, y el declive de las aves también preocupa en Europa.
El estudio completo se ha publicado en Journal of Fish and Wildlife Management.
Imagen: Cecchetti et al. / Current Biology, CC BY 4.0









