Un árbol de Navidad puede tener una segunda vida bajo el agua. El 25 de febrero de 2017, pescadores y biólogos colocaron árboles naturales y doce estructuras artificiales en el lago Sutton, en Carolina del Norte, para renovar unos refugios para peces que se habían deteriorado. La actuación quedó recogida en una crónica de Bassmaster.
La idea tenía una explicación práctica. Los árboles ofrecen una estructura que los peces pueden utilizar, pero se descomponen y necesitan reposición. Las alternativas sintéticas pueden conservarse mejor, aunque los estudios muestran que su capacidad para reunir peces depende también del diseño y de las condiciones del lugar.
Qué hicieron en Sutton
Los técnicos de la Comisión de Recursos de Vida Silvestre de Carolina del Norte revisaron con sonar los puntos de atracción existentes. Al comprobar su deterioro, decidieron renovarlos e incorporaron doce unidades del modelo MossBack Trophy Tree, que consideraban más duraderas que los árboles navideños.
El club Bass Angling Southern Style aportó voluntarios y árboles recogidos entre amigos y en la base militar de Camp Lejeune. El biólogo Clint Morgeson eligió ubicaciones para las estructuras artificiales, mientras Coy Riggins aprovechó su conocimiento del lago para colocar árboles donde solían concentrarse los peces.
Un refugio bajo el agua
¿Qué encuentra un pez entre esas ramas? Las estructuras proporcionan cobertura y lugares donde agruparse, además de oportunidades para que los depredadores capturen presas. La agencia de Carolina del Norte describe esas funciones en sus actuaciones de mejora del hábitat, que combinan elementos artificiales y árboles anclados.
Para quien pesca desde la orilla o una embarcación, estos puntos también facilitan localizar a los animales. Ese objetivo recreativo forma parte de los programas de gestión. Conviene tenerlo presente al interpretar qué significa que una instalación haya funcionado.
Lo que vio el sonar
Una investigación dirigida por Jessica Baumann permite entender la apuesta por los materiales sintéticos. Según el informe original del proyecto, el seguimiento se desarrolló entre 2008 y 2011 en los lagos Townsend y Cammack. Por tanto, fue anterior a la intervención de Sutton.
El equipo comparó cuatro diseños y zonas sin estructuras mediante DIDSON, un sonar capaz de obtener imágenes en aguas turbias. Al tercer año, los árboles presentaban un deterioro considerable, mientras las estructuras sintéticas conservaban su integridad. Los investigadores estimaron que los conjuntos de árboles necesitarían reposición dentro de ese plazo.
El artículo científico publicado en 2016 añadió un matiz relevante. Todas las estructuras concentraban más peces que las zonas de control, pero el diseño cúbico con tubos corrugados reunió significativamente más que los demás. La forma también contaba.
En Texas cambió el resultado
Otro estudio, publicado en 2008, comparó tubos de polietileno y enebros sumergidos en el embalse Canyon, en Texas. Los buceadores registraron una media de 3,4 peces en los refugios de plástico frente a 30,3 en los de enebro. La diferencia fue estadísticamente significativa.
Los censos se realizaron durante dos días de septiembre de 2006 en cinco puntos del embalse. Esa observación favorecía a los árboles en las condiciones estudiadas, pero no permite extender el resultado a cualquier estructura de plástico. Tampoco evaluaba los doce refugios instalados después en Sutton.
Los autores del trabajo de Texas recomendaban comprobar la eficacia de cada diseño antes de utilizarlo a gran escala. La duración prevista del material era una ventaja potencial. Su capacidad para atraer a las especies buscadas tenía que medirse sobre el terreno.
Qué demuestran estos datos
La conclusión que permiten extraer estas comparaciones es que la duración y la concentración de peces deben evaluarse por separado. Contar más ejemplares alrededor de unas ramas tampoco demuestra, por sí solo, que haya aumentado la población de todo el lago. Para comprobarlo haría falta investigar otros aspectos, como la supervivencia y la reproducción.
La crónica de Sutton documenta la instalación, pero no ofrece un seguimiento posterior de aquellos refugios. Por eso, ese relato no basta para afirmar que siguen funcionando en 2026.
Una práctica que continúa
Sí existen ejemplos recientes de este tipo de gestión. El 6 de febrero de 2026, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos informó de la renovación de cinco puntos de atracción en el lago J. Strom Thurmond. Allí utiliza estructuras de bambú y también árboles de Navidad donados.
“La función principal de los atrayentes es concentrar peces en zonas específicas”, explicó el biólogo Evan Brashier. El organismo revisa anualmente las estructuras de bambú y repone material para mantenerlas operativas.
Ese mantenimiento ayuda a entender el trabajo que continúa después de hundir un refugio. El comunicado oficial sobre esta actuación de 2026 ha sido publicado por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos.
Imagen: Virginia State Parks / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)







