Una autopista de Illinois se construyó en 1972 sobre 188.000 metros cúbicos de cenizas volantes de carbón, y aunque los aparatos no detectaron hundimientos ni daños por heladas, las obras se llenaron de polvo y los taludes se erosionaron con las tormentas

Publicado el 29 de septiembre de 2026 a las 15:29
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Vista aérea de la central de carbón de Lansing junto al río Misisipi

El proyecto iniciado en 1972 en la carretera Melvin E. Amstutz Expressway, en Waukegan (Illinois), empleó 246.000 yardas cúbicas de cenizas volantes de carbón, unos 188.000 metros cúbicos, según la síntesis técnica NCHRP 199. El relleno se extendía a lo largo de unos 2,3 kilómetros y daba una segunda utilidad a un residuo de la producción eléctrica.

La síntesis, publicada en 1994, recogió que los equipos de medición no habían detectado problemas de asentamiento, heladas o subida de agua por los poros del relleno. El resultado fue favorable, aunque los documentos originales también describen dificultades durante la obra y un periodo inicial de observación corto. Ahí está la clave para entender el experimento sin exagerar sus conclusiones.

Un residuo con otra utilidad

Las cenizas volantes son un polvo muy fino que se genera al quemar carbón pulverizado en las calderas de las centrales eléctricas. Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), están compuestas principalmente por sílice y forman parte de los residuos de combustión del carbón.

Su interés para una carretera está en sus propiedades físicas. La Administración Federal de Carreteras (FHWA) explica que su peso relativamente bajo reduce la carga sobre terrenos blandos y que, con una humedad adecuada, pueden colocarse y compactarse con facilidad. Para quien conduce por encima, todo ese trabajo queda oculto bajo el pavimento.

La humedad marcaba la obra

En Waukegan, las cenizas se extendieron en capas de unos 15 centímetros y se compactaron con un rodillo vibratorio. Debajo se dispuso una capa de material granular que facilitaba el drenaje y los laterales se protegieron con tierra, que también permitía sostener vegetación. La protección frente a la erosión formaba parte del diseño.

Pero manejar el material exigía cuidado. El informe de Thomas S. Lewis, del Departamento de Transporte de Illinois, describe mucho polvo al utilizar ceniza seca de los silos y erosión intensa en taludes que quedaban expuestos a las tormentas. El comportamiento satisfactorio del conjunto dependía también de resolver esos problemas de construcción.

Las recomendaciones de la FHWA insisten en ajustar la humedad, controlar el polvo y proteger las superficies. También aconsejan estudiar las características de cada suministro, porque unas cenizas pueden comportarse de forma distinta a otras. No basta con que todas procedan del carbón.

Qué revelaron las mediciones

¿Significa aquel balance favorable que el frío nunca causó dificultades? El trabajo de Lewis documentó congelación hasta unos 46 centímetros e inestabilidad temporal durante el deshielo, aunque la estabilidad adecuada se recuperó dos o tres días después de completarse este. También señaló que la observación instrumental todavía era breve y no mostraba tendencias significativas.

Ese detalle ayuda a interpretar el resumen posterior del NCHRP. Los problemas descritos durante los trabajos y las observaciones iniciales deben leerse junto al balance del terraplén, sin convertirlo en una promesa de comportamiento perfecto en cualquier situación. El contexto importa tanto como la cifra de material reutilizado.

Además, la guía archivada de la FHWA reconoce que pocos de los proyectos recopilados habían tenido seguimiento prolongado. Por tanto, esa documentación no permite afirmar que Waukegan haya sido vigilado de manera continua durante más de cincuenta años. Es una experiencia histórica documentada con límites de observación.

El agua exige otra comprobación

La resistencia del relleno solo responde a una parte de las preguntas. La EPA advierte de que los residuos de combustión del carbón contienen contaminantes como arsénico, cadmio y mercurio, que pueden afectar al agua y al aire si se gestionan mal. Por eso, comprobar que una carretera no se hunde no demuestra por sí solo su seguridad ambiental.

La FHWA recomienda evitar estos rellenos bajo el nivel freático (la altura que alcanza el agua subterránea) o cuando no pueda garantizarse un drenaje adecuado. También señala que la composición química influye en los líquidos que atraviesan las cenizas y arrastran sustancias. La lluvia, el terreno y la proximidad del agua subterránea cuentan al elegir el emplazamiento.

Reciclar con condiciones

La EPA reconoce que una reutilización adecuada puede ahorrar materias primas y reducir los costes de eliminación de residuos. Pero distingue el aprovechamiento útil del simple vertido y explica que las agencias ambientales estatales tienen la responsabilidad principal de regular estos usos. Las exigencias concretas deben comprobarse para cada proyecto.

La lección de Illinois sigue siendo práctica. Un residuo puede sustituir materiales de construcción cuando sus propiedades, el diseño y los controles justifican ese uso. La información oficial actualizada sobre las características y los riesgos de estos residuos ha sido publicada por la EPA, con actualización del 21 de agosto de 2026.

Imagen: USGS / Wikimedia Commons (dominio público)

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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