Una carretera brasileña ha servido como laboratorio real para probar una idea que suena rara al principio, pero que tiene bastante sentido cuando se mira de cerca. Investigadores de la Universidad Estatal de Maringá han usado ceniza procedente del bagazo de caña de azúcar para sustituir una pequeña parte del material mineral fino que se emplea en mezclas asfálticas.
No se trata de hacer «carreteras de azúcar». La clave está en aprovechar un residuo que queda tras quemar el bagazo de caña para generar energía, y convertirlo en un ingrediente útil dentro del asfalto. En las pruebas, la mezcla modificada mejoró su resistencia frente a cargas y deformaciones, aunque los propios datos apuntan a una fase todavía experimental, no a una solución ya extendida por todas las carreteras.
Qué han probado realmente
El estudio sustituyó parte del relleno mineral convencional por ceniza de fondo de bagazo de caña de azúcar. La proporción usada fue del 5 % respecto al total de agregados minerales de la mezcla, dentro de un asfalto con caucho y granulometría discontinua. Dicho de forma sencilla, la ceniza no reemplaza todo el asfalto, sino una fracción concreta de los materiales finos.
Aquí está la traducción clave. En una mezcla asfáltica hay piedras de distintos tamaños, betún y partículas finas que rellenan huecos y ayudan a dar estabilidad. La ceniza de caña entra en esa parte fina, donde su tamaño, su rugosidad y su menor densidad cambian el comportamiento del conjunto.
El experimento se llevó a cabo después de ensayos de laboratorio y luego pasó a campo. El tramo piloto se instaló en septiembre de 2020 en la BR-158, en Paraná, con 120 metros de sección experimental y una parte destinada a la mezcla con ceniza frente a otra mezcla de referencia. No es poca cosa.
Los resultados que llaman la atención
Los datos son los que explican por qué esta investigación ha despertado interés. La mezcla modificada registró un aumento del 40 % en la estabilidad Marshall y del 22 % en la resistencia a tracción indirecta. En carretera, las muestras también mostraron un aumento del 18 % en el módulo de resiliencia, que pasó de 3478 MPa a 4088 MPa.
La estabilidad Marshall mide cómo aguanta una mezcla antes de deformarse o romperse bajo carga. La resistencia a tracción indirecta ayuda a estimar su comportamiento frente a grietas. Son pruebas de laboratorio, sí, pero se usan precisamente para anticipar cómo puede responder el pavimento cuando pasan coches, camiones y autobuses.
La parte más interesante aparece en la deformación permanente, ese hundimiento que vemos a veces en los carriles con mucho tráfico pesado. El número de flujo aumentó un 73 % y la deformación permanente se redujo un 28 % tras 10 000 ciclos de carga. En el simulador Hamburg Wheel Tracking, la deformación bajó un 11 % tras 20 000 ciclos.
Por qué sirve la ceniza
El bagazo es la fibra que queda después de extraer el jugo de la caña. En muchas plantas se quema para producir vapor y energía, pero esa combustión deja cenizas. Y ahí aparece el problema de siempre con muchos residuos industriales, que ocupan espacio y no siempre tienen un uso claro.
La ceniza usada en este trabajo procede de Usina Santa Terezinha, en Iguatemi, distrito de Maringá. Los investigadores observaron que sus partículas tienen una forma irregular y una superficie más rugosa, algo que puede aumentar la fricción interna dentro de la mezcla asfáltica. En la práctica, eso puede ayudar a que los materiales se muevan menos cuando soportan tráfico repetido.
El profesor Jesner Sereni Ildefonso lo explicó de forma muy directa al medio divulgativo Conexão Ciência. «Mezclando en proporciones adecuadas el agregado más el asfalto, conseguimos la mezcla asfáltica», señaló. La ceniza entra justo en esa receta, pero sustituyendo parte de un material mineral que normalmente se extrae de canteras.
El lado ambiental
Brasil tiene una enorme disponibilidad de caña de azúcar, por lo que el potencial de residuos también es elevado. La Conab estimó el 28 de abril de 2026 una producción de 709,1 millones de toneladas de caña para la safra 2026/27, con un aumento previsto del 5,3 % respecto al ciclo anterior. Esa escala ayuda a entender por qué encontrar usos para subproductos de la caña puede tener impacto real.
La ventaja ambiental no está en convertir una carretera en algo «natural», porque el asfalto sigue siendo un material de ingeniería y usa derivados del petróleo. La ventaja está en reducir parte de la dependencia de áridos extraídos y dar salida a una ceniza que, de otro modo, puede acabar con usos limitados o poco aprovechada.
En el fondo, esto encaja con una tendencia que ya se ve en construcción y obra pública. Usar residuos bien caracterizados, con controles técnicos y sin comprometer la seguridad. Menos cantera, menos descarte y, si el pavimento dura más, menos obras de reparación. Y eso se nota en dinero, tráfico y molestias.
Lo que falta por comprobar
Los resultados son prometedores, pero conviene no venderlos como una solución cerrada. El propio estudio habla de viabilidad técnica en laboratorio y en campo dentro de las condiciones ensayadas. Eso significa que aún hacen falta más pruebas en otros climas, con otros materiales locales y con tráficos diferentes.
También importa el seguimiento a largo plazo. Una carretera no se juzga solo por cómo queda el día de la obra, sino por cómo envejece con lluvia, calor, camiones, frenadas, reparaciones y miles de pasos diarios. El estudio indica que, tras tres años, ambas mezclas seguían en excelente estado para el tráfico del tramo experimental. Es una buena señal, aunque todavía no cierra todas las preguntas.
¿Qué significa esto para otros países? Que la receta no se puede copiar sin más. Cada región tiene áridos, asfaltos, normas y residuos distintos. Pero sí abre una puerta interesante para lugares con producción de caña y necesidad de carreteras más duraderas.
Un residuo con futuro vial
Este asfalto con ceniza de caña no es magia ni una promesa milagrosa. Es ingeniería aplicada a un problema muy concreto, cómo hacer que las mezclas asfálticas resistan mejor y, a la vez, aprovechen un residuo agrícola industrial.
Si los ensayos posteriores confirman los resultados, la ceniza de bagazo podría pasar de ser una sobra incómoda a convertirse en un ingrediente útil para pavimentos más resistentes. De momento, la prudencia manda, pero la idea ya ha salido del laboratorio y ha pisado carretera real.
El estudio completo ha sido publicado en la revista Scientific Reports.













