China ha iniciado una de esas obras que parecen pensadas para medir hasta dónde puede llegar la ingeniería energética. En Daofu, dentro de la prefectura tibetana de Garze, en la provincia china de Sichuan, se construye una central hidroeléctrica de bombeo situada a 4300 metros de altitud. Cuando esté terminada, será la gran instalación de este tipo a mayor altitud del planeta, según la información oficial difundida por Xinhua y el Gobierno chino.
La clave no está solo en producir electricidad, sino en guardarla cuando sobra y devolverla cuando hace falta. Es decir, funcionará como una gran batería de agua para apoyar a la energía solar y eólica. Y aquí está el dato que más llama la atención. La central de Daofu podrá almacenar 12,6 millones de kilovatios hora al día, una cantidad suficiente para cubrir el consumo diario de unos dos millones de hogares en Sichuan.
Una batería con agua
La central de Daofu no funciona como una presa hidroeléctrica clásica. Su lógica es más sencilla de entender si pensamos en dos embalses, uno situado arriba y otro abajo. Cuando hay electricidad sobrante, el sistema bombea agua hacia el embalse superior.
Después, cuando la demanda aumenta, el agua baja de nuevo y mueve las turbinas para generar electricidad. Es el mismo gesto de cargar y descargar una batería, pero usando desnivel, agua y gravedad. No es magia. Es almacenamiento.
Este tipo de centrales tiene sentido en redes donde cada vez entra más energía solar y eólica. El sol no siempre brilla cuando más se consume, y el viento no sopla al ritmo de la factura de la luz. Por eso, guardar energía se ha convertido en una pieza básica de la transición energética.
Las cifras del proyecto
El proyecto tendrá una potencia instalada total de 2,1 millones de kilovatios, lo que equivale a 2100 megavatios. La instalación contará con seis unidades reversibles de 350 000 kilovatios cada una, capaces de bombear agua o generar electricidad según lo necesite la red.
La inversión prevista ronda los 15 100 millones de yuanes, unos 2110 millones de dólares según la cifra difundida por Xinhua. Además, el diseño contempla una generación anual de más de 2990 millones de kilovatios hora. No es poca cosa para una instalación que, en el fondo, tiene como gran misión estabilizar el sistema eléctrico.
La obra forma parte de la base integrada hidroeléctrica, eólica y solar de la cuenca del río Yalong. Según la empresa promotora, esa base ya cuenta con cerca de 21 millones de kilovatios instalados entre hidroeléctrica y nuevas energías, y su planificación apunta a 78 millones de kilovatios para 2035.
Por qué importa tanto
El gran problema de las renovables no es solo producir energía limpia. También hay que llevarla a la red en el momento adecuado. En la práctica, eso significa evitar que se pierda electricidad en horas de mucho sol o viento y tener respaldo cuando llega un pico de consumo.
La Agencia Internacional de la Energía recuerda que el bombeo hidroeléctrico sigue siendo la tecnología de almacenamiento eléctrico más desplegada del mundo. Según sus datos, en 2020 representaba más del 90 % de la capacidad global de almacenamiento de electricidad.
China está apostando fuerte por esta vía. La Asociación Internacional de la Hidroelectricidad señaló en su informe de 2025 que el país añadió 7,75 gigavatios de bombeo hidroeléctrico en 2024, dentro de una expansión global donde el almacenamiento por bombeo volvió a ganar peso.
El papel de la solar
La zona que rodea Daofu tiene un enorme potencial solar. Según la información de la empresa, los recursos fotovoltaicos del entorno superan los 20 millones de kilovatios. Ahí es donde la central de bombeo puede marcar diferencias.
La idea es que sus 2,1 millones de kilovatios ayuden a suavizar la producción irregular de unos 6 millones de kilovatios de energía solar. Dicho de otra forma, parte de una electricidad que llega a golpes podría convertirse en un suministro más estable y útil para la red.
¿Qué significa esto para una persona normal? Que una planta solar no solo necesita paneles. También necesita cables, gestión, previsión y almacenamiento. Sin esa parte invisible, la energía limpia puede quedarse a medias.
El reto de construir tan alto
Levantar una central así a 4300 metros no es lo mismo que hacerlo en una zona baja y templada. El frío, la altitud y el gran desnivel añaden problemas técnicos a las turbinas, a los equipos eléctricos y a la propia construcción.
Yu Chuntao, responsable del diseño del proyecto en el Instituto Chengdu de PowerChina, resumió el desafío con una frase muy clara. Según recogió la empresa, en proyectos de gran bombeo a tanta altitud “falta experiencia de referencia”.
La central tendrá un salto máximo de 760,7 metros, una cifra muy exigente para unidades reversibles de gran tamaño. Eso obliga a diseñar equipos capaces de trabajar durante años en condiciones duras, con seguridad y estabilidad. Y ahí está una parte del verdadero examen.
Lo que hay que vigilar
El anuncio es importante, pero no conviene confundir una obra en marcha con una solución ya entregada. Antes tendrá que completarse la construcción, probar sus unidades, conectarse correctamente a la red y demostrar que puede operar de forma estable.
También habrá que mirar el proyecto con una lupa ambiental. Toda gran infraestructura hidráulica cambia el territorio, mueve materiales y exige gestión del agua. La transición energética no va solo de sumar megavatios. También va de hacer las cosas bien.
Daofu muestra hacia dónde se mueve una parte del sistema eléctrico mundial. Más renovables, sí, pero también más almacenamiento para que esa energía no dependa tanto del reloj, de las nubes o del viento. El comunicado oficial del proyecto ha sido publicado por el Grupo Estatal de Inversión de Desarrollo de China.













