Las cámaras instaladas en el parque eólico marino de Thanet, frente a la costa inglesa de Kent, registraron seis colisiones de aves tras analizar más de 600.000 vídeos. Todos los impactos observados ocurrieron de día, mientras que las imágenes mostraron numerosos cambios de trayectoria para evitar las turbinas.
El resultado aporta datos sobre cómo conviven las aves y la energía eólica, aunque necesita contexto. El trabajo de campo se realizó entre julio de 2014 y junio de 2016 y el informe se publicó en 2018, por lo que estas cifras no corresponden a un descubrimiento reciente.
Las cifras del estudio
| Dato | Cifra |
|---|---|
| Periodo de seguimiento en Thanet | Julio de 2014 a junio de 2016 |
| Vídeos analizados | 606.554 (558.554 diurnos y 48.000 nocturnos) |
| Vídeos diurnos con aves | Alrededor del 2 % (unos 11.000) |
| Colisiones observadas | 6, todas de día |
| Vídeos nocturnos revisados | 48.000 de 459.164 (uno de cada diez) |
| Ensayo de Hollandse Kust Zuid (2026) | 22 posibles colisiones, 2 confirmadas |
Cámaras y radar en dos turbinas de Thanet
El estudio formó parte del programa ORJIP, coordinado por Carbon Trust, y contó con las consultoras DHI y NIRAS. Su financiación reunió a once promotores eólicos y organismos públicos, con apoyo económico del Gobierno británico.
Los investigadores instalaron sistemas de cámaras y radar en dos turbinas para seguir los movimientos de las aves en sus alrededores. Desde otras dos plataformas, observadores equipados con radares y telémetros láser estudiaron sus desplazamientos a mayor distancia.

El seguimiento se centró en cinco especies, entre ellas el alcatraz atlántico y la gaviota tridáctila. La idea era observar tanto los rodeos para evitar los aerogeneradores como las maniobras realizadas al acercarse a las palas.
606.554 vídeos, pero solo un 2 % con aves
El recuento oficial suma 606.554 vídeos analizados, repartidos entre 558.554 diurnos y una muestra de 48.000 nocturnos. Pero esa cantidad no representa otros tantos encuentros entre aves y turbinas, una diferencia esencial para interpretar el resultado.
El radar también reaccionaba al oleaje y la lluvia, generando numerosas grabaciones sin animales. Aproximadamente el 2 % de los vídeos diurnos contenía aves, de modo que dividir seis colisiones entre todo el archivo no permite calcular la probabilidad de que un ave choque. Ese 2 % equivale a unos 11.000 vídeos diurnos con aves.
Una evasión cercana al 95 % a corta distancia
¿Qué hacían las aves cuando se acercaban demasiado? Muchas modificaban su recorrido y algunas volaban en paralelo al plano de giro de las palas, en lugar de atravesarlo perpendicularmente.
Los investigadores estimaron una tasa de evasión cercana al 95 % para las maniobras a muy corta distancia. Ese porcentaje describe una parte concreta del comportamiento observado y no debe interpretarse como una tasa universal de supervivencia para cualquier ave que entre en un parque eólico.
Una revisión posterior publicada por el organismo británico JNCC recordó que la muestra de acercamientos extremos era pequeña. Por eso no fue posible calcular ese comportamiento por separado para cada especie.
De noche solo se revisó uno de cada diez vídeos
Durante las horas nocturnas se recogieron 459.164 vídeos, pero únicamente se procesó una muestra de 48.000. En ella se identificaron 76 grabaciones con aves y no se observaron colisiones. Es decir, alrededor de uno de cada diez.
Esto apunta a una actividad nocturna reducida en las condiciones estudiadas. Sin embargo, la ausencia de impactos en esa muestra no demuestra que el riesgo desaparezca después del anochecer, especialmente cuando gran parte del material quedó sin revisar.
También hay que distinguir entre lo observado por las cámaras y lo ocurrido en todo el parque. Las seis colisiones documentadas no constituyen un censo completo de todas las posibles muertes durante aquellos dos años.
Qué cambia en los modelos de riesgo
Antes de construir un parque, los modelos combinan información sobre las turbinas, la presencia de aves y sus vuelos para estimar las colisiones. Saber cómo esquivan los obstáculos permite ajustar esos cálculos y fundamentar mejor las decisiones ambientales.
Carbon Trust presentó los resultados de Thanet como un riesgo inferior a la mitad de lo previsto con los conocimientos de entonces. Pero JNCC advirtió después que las tasas de evasión observadas no podían trasladarse directamente a determinados modelos, porque no incorporaban sus errores de la misma manera.
La utilidad del estudio está en mejorar las estimaciones con observaciones reales. Aplicar sus resultados a otras costas exige considerar las especies presentes, las condiciones de visibilidad y las diferencias entre emplazamientos.
El nuevo ensayo de Vattenfall en el mar del Norte
La investigación ha seguido avanzando desde Thanet. El 29 de septiembre de 2026, Vattenfall difundió resultados de otra prueba con cámaras térmicas en una turbina del parque neerlandés Hollandse Kust Zuid, diseñada para observar también durante la noche.
Durante nueve meses se identificaron 22 posibles episodios de colisión, de los cuales dos se confirmaron y uno se clasificó con alta confianza. Son resultados de otro lugar y otro sistema de vigilancia, por lo que no permiten una comparación directa con las seis colisiones de Thanet.
«El ensayo vigiló una sola turbina en un solo lugar y los resultados no pueden aplicarse automáticamente a todos los parques eólicos«, advirtió Jesper Kyed Larsen, experto de Vattenfall. El informe técnico de esta investigación más reciente se publicó en agosto de 2026 y está disponible en el repositorio de Wageningen University & Research.
Imagen: Acabashi / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)











