Parece basura industrial pero Dinamarca acaba de convertir la curva de una pala de aerogenerador en el tejado de un aparcamiento para aprovechar la fibra de vidrio y carbono
El refugio para bicicletas se instaló en 2020 con una sección descartada de Siemens Gamesa. El JRC calcula que los residuos europeos de materiales compuestos procedentes de palas pueden pasar de 9.800 toneladas anuales en 2030 a 65.300 en 2050
Una sección de una enorme pala de aerogenerador lleva años protegiendo bicicletas de la lluvia en el puerto danés de Aalborg. La imagen ha vuelto a circular como ejemplo de economía circular, pero el proyecto no es nuevo. El refugio fue construido en 2020 y su verdadero interés está ahora en otro punto. Europa comienza a afrontar el retiro de una generación creciente de turbinas y todavía tiene dificultades para recuperar los materiales compuestos de sus palas.
El caso también permite corregir un detalle repetido en algunas versiones de la historia. No fue el Gobierno de Dinamarca quien encargó a Siemens Gamesa transformar una pala en mobiliario urbano. La iniciativa surgió en Port of Aalborg, donde el ingeniero Brian Dalby Rasmussen buscaba un nuevo refugio para bicicletas. Una planta cercana de Siemens Gamesa facilitó una sección descartada de pala y Rasmussen desarrolló el concepto estructural.
Reciclaje de palas de aerogeneradores y el verdadero problema de los materiales compuestos
Las palas son uno de los componentes más incómodos de gestionar al final de la vida de un aerogenerador. Su resistencia procede precisamente de aquello que después dificulta su reciclaje, una combinación de fibras de vidrio o carbono unidas mediante matrices poliméricas y resinas extremadamente resistentes.
El informe del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea sobre el desmantelamiento eólico calcula unos 7.500 kilos de materiales compuestos por cada megavatio de potencia eólica, con un margen aproximado de 1.500 kilos. El organismo comunitario señala que actualmente solo una pequeña proporción de esos materiales se recicla y atribuye el problema a la dificultad de separar fibras, polímeros y otros componentes que permanecen fuertemente adheridos.
La dimensión futura explica por qué un sencillo aparcamiento para bicicletas resulta más relevante de lo que parece. Para las instalaciones existentes hasta 2023, el JRC proyecta que el flujo anual de materiales compuestos procedentes de palas retiradas alcanzará unas 9.800 toneladas en 2030 y 65.300 toneladas en 2050. La cifra no incluye además todo el material que generarán las instalaciones construidas posteriormente.
Cómo una pala eólica terminó convertida en un refugio para bicicletas
El proyecto de Aalborg aprovechó la propia geometría de la pala. En lugar de triturarla para recuperar parcialmente sus materiales, una parte considerable de la estructura curva se conservó para utilizarla como cubierta. El concepto reduce las transformaciones necesarias y mantiene durante más tiempo el valor estructural de un componente diseñado originalmente para resistir importantes cargas y condiciones meteorológicas adversas.
Esta distinción es importante. Reutilizar no equivale a reciclar. En la jerarquía europea de gestión de residuos, prolongar el uso de un producto o componente evita parte del procesamiento necesario para convertirlo de nuevo en materia prima. El reciclaje sigue siendo indispensable para las enormes cantidades de palas que no puedan encontrar una segunda utilización, pero preservar grandes secciones puede ser una alternativa útil cuando existen aplicaciones seguras y económicamente razonables.
No es el único ensayo de este tipo. También se estudian antiguas palas para puentes, mobiliario, estructuras arquitectónicas o barreras contra la arena. En octubre de 2025 se documentó el caso de investigadores chinos que estudian secciones de palas como barreras frente a la desertificación, otra aplicación que intenta conservar el material antes de recurrir a procesos más intensivos de tratamiento.
La repotenciación eólica multiplicará las palas que deben gestionarse
El problema crecerá a medida que Europa sustituya instalaciones veteranas por máquinas más potentes. El JRC calcula una vida mediana observada cercana a 32 años para la eólica terrestre europea y de 37 años para la marina, cifras superiores a la duración de diseño citada habitualmente por los fabricantes. El desmantelamiento, por tanto, no ocurre siempre a una edad fija.
España ya ofrece ejemplos de ese proceso. En febrero se explicó cómo la repotenciación de Montes de Cierzo en Navarra reducirá de 85 a 14 los aerogeneradores mientras aumenta la producción. El proyecto prevé gestionar mediante reutilización y reciclaje más de 4.000 toneladas de materiales procedentes del desmontaje.
Palas reciclables y nuevos materiales para cerrar el círculo de la energía eólica
La reutilización urbana como la de Aalborg tiene una limitación evidente. No existen suficientes puentes, refugios o parques infantiles para absorber las decenas de miles de toneladas que terminarán retirándose. La solución industrial pasa también por fabricar palas concebidas desde su origen para poder separar sus componentes.
Siemens Gamesa explica en su página oficial de RecyclableBlade que ha sustituido la resina convencional por otra que permite recuperar los componentes al final de su utilización. La empresa mantiene el objetivo de disponer de aerogeneradores completamente reciclables en 2040.
También se exploran materiales diferentes. El pasado agosto se informó del proyecto para levantar en Navarra una fábrica comercial de palas fabricadas con madera microlaminada, una vía que busca simplificar el final de la vida útil de estos componentes.
El refugio de Aalborg no resuelve por sí solo el problema de las palas eólicas y tampoco pretende hacerlo. Su valor reside en demostrar que un componente considerado residuo puede conservar una función estructural durante más tiempo. La escala del desafío exige combinar esa reutilización con mejores diseños, procesos industriales de reciclaje y una planificación del desmantelamiento que empiece mucho antes de que las turbinas dejen de girar.
El informe oficial ha sido publicado por el Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea.
Imagen: verum / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)













