Científicos descubren la mayor reserva de agua del Universo: un océano gigante 140 billones de veces más grande que los de la Tierra en pleno espacio muy cerca de un potente agujero negro

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Publicado el: 4 de mayo de 2026 a las 21:59
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Cuásar APM 08279 con enorme nube de vapor de agua cerca de un agujero negro supermasivo en el universo.

Si te han dicho que hay «un océano» en el espacio, ojo con el titular. Lo que han observado los astrónomos es una gigantesca reserva de vapor de agua alrededor del cuásar APM 08279+5255, a más de 12.000 millones de años luz. La cantidad estimada equivale a unas 140 billones de veces toda el agua de los océanos de la Tierra, una cifra difícil de imaginar incluso con calculadora.

Además, este hallazgo no es de ayer. Se publicó en 2011 y sigue citándose porque marcó un antes y un después al detectar agua tan lejos y tan pronto en la historia del universo. Es, en el fondo, una pista sobre cómo eran las primeras galaxias y qué papel jugaron los agujeros negros supermasivos cuando todo estaba todavía «en obras».

No es un océano

Lo primero es ponerle nombre correcto. No hablamos de agua líquida, sino de vapor de agua repartido en una región gaseosa que se extiende durante cientos de años luz alrededor del agujero negro que alimenta al cuásar. Esa nube es inmensa, pero también extremadamente tenue, nada que ver con un mar en el que pudiéramos «navegar».

La temperatura del gas ronda los menos 53 grados Celsius y su densidad es unas 300 billones de veces menor que la de la atmósfera terrestre. Aun así, para estándares astronómicos se considera un gas relativamente cálido y denso, unas cinco veces más caliente y entre 10 y 100 veces más denso que lo típico en galaxias como la Vía Láctea. Suena contradictorio, pero en el espacio casi todo es muchísimo más frío y más vacío.

El cuásar

APM 08279+5255 es un cuásar, un objeto que brilla con una intensidad brutal porque en su centro hay un agujero negro supermasivo devorando gas y polvo. En este caso, los equipos estimaron una masa de unas 20.000 millones de soles y una energía comparable a la de «mil billones» de soles radiando a la vez. Eso explica por qué esta zona se ha convertido en un laboratorio natural tan extremo.

Esa potencia no se queda en el centro. El gas que rodea al agujero negro recibe una auténtica ducha de rayos X e infrarrojos, y esa radiación altera la química y la física del entorno. Matt Bradford lo resumió así, «The environment around this quasar is very unique in that it’s producing this huge mass of water», y añadió, «It’s another demonstration that water is pervasive throughout the universe, even at the very earliest times». No es poca cosa.

Las huellas del agua

¿Cómo se detecta agua a esa distancia, si no podemos ir allí con una sonda? La clave está en la luz. Las moléculas, incluido el vapor de agua, dejan «firmas» muy concretas en el espectro, líneas que se pueden medir con radiotelescopios e instrumentos de milimétricas y submilimétricas.

En este caso, el equipo liderado por Bradford empezó las observaciones en 2008 con el instrumento Z-Spec en el Observatorio Submilimétrico de Caltech, un telescopio de 10 metros en Mauna Kea (Hawái). Después confirmaron señales con CARMA, una red de antenas en California. Paralelamente, otro grupo dirigido por Dariusz Lis utilizó el interferómetro Plateau de Bure en los Alpes franceses y detectó una firma espectral en 2010, pero la medición de varias líneas permitió estimar mejor la masa total de vapor de agua.

Lo que revela

En astronomía, el vapor de agua no es solo una curiosidad. Es un gas trazador que ayuda a entender qué está pasando en una región, si el gas está siendo calentado, qué densidad tiene y cómo interactúa con la radiación del cuásar. En APM 08279+5255, su presencia encaja con un escenario de gas «bañado» por rayos X e infrarrojos, algo coherente con un agujero negro en plena alimentación.

También ayuda comparar para entender escala. Según los datos divulgados por la NASA, la Vía Láctea tiene vapor de agua, pero en total unas 4.000 veces menos que este cuásar, en buena parte porque aquí mucha agua está atrapada en forma de hielo. Además, las mediciones de vapor de agua y otras moléculas como el monóxido de carbono apuntan a que habría gas suficiente para que el agujero negro creciera hasta unas seis veces su tamaño actual, aunque los propios autores advierten de que parte de ese material podría acabar formando estrellas o siendo expulsado.

Una perspectiva incómoda

Vale, y ahora la pregunta que muchos se hacen. ¿Qué cambia esto para nuestra vida diaria, para la gestión del agua o para el medio ambiente? En la práctica, no nos «trae» más agua ni arregla la sequía, porque está a una distancia imposible de aprovechar y en un estado que no es utilizable.

Pero sí deja una idea clara. Los datos sugieren que el agua puede ser mucho más común de lo que imaginábamos, incluso en épocas muy tempranas, y aun así la Tierra sigue siendo un lugar excepcional por tener agua accesible y ecosistemas capaces de sostenerla en ciclos relativamente estables. Cuando abrimos el grifo, pocas veces pensamos en la cadena enorme de procesos que hace posible ese gesto. Y eso también es sostenibilidad.

El estudio ha sido publicado en The Astrophysical Journal Letters.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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