Un misterio médico que llevaba más de medio siglo abierto acaba de encontrar respuesta. Investigadores de Reino Unido e Israel han identificado la base genética del antígeno AnWj, una pieza muy rara de la sangre humana que se conocía desde 1972, pero que nadie había logrado explicar del todo. El resultado es el sistema sanguíneo MAL, un hallazgo que puede ayudar a evitar transfusiones peligrosas en pacientes muy concretos.
No es algo que vaya a cambiar mañana la tarjeta de donante de la mayoría. Casi todos seguiremos hablando de A, B, AB, O y Rh positivo o negativo. Pero la sangre es mucho más compleja de lo que parece cuando uno se hace una analítica normal. Y en esa complejidad, a veces, está la diferencia entre una transfusión segura y una reacción grave.
Un misterio desde 1972
El antígeno AnWj fue detectado por primera vez en 1972. Un antígeno es, explicado de forma sencilla, una marca que aparece en la superficie de los glóbulos rojos y que el sistema inmunitario puede reconocer.
Durante décadas, los científicos podían detectar ese marcador, pero no sabían qué gen estaba detrás. Era como ver una huella en la escena, pero no saber a quién pertenecía. Ahora, el equipo dirigido por NHS Blood and Transplant, desde el Laboratorio Internacional de Referencia de Grupos Sanguíneos en Bristol, ha identificado la clave genética.
El nuevo sistema fue presentado como MAL, hogar del antígeno AnWj, y en 2024 quedó establecido como el sistema de grupo sanguíneo número 47. La lista, además, no deja de moverse. La Sociedad Internacional de Transfusión de Sangre mantiene un registro vivo que actualmente recoge 48 sistemas, 56 genes y 398 antígenos.
Por qué importa tanto
La mayoría de las personas son AnWj positivas. De hecho, más del 99,9% expresa la proteína Mal completa en sus glóbulos rojos. Eso significa que los casos negativos son extraordinariamente raros, pero no por eso dejan de ser importantes.
El problema aparece cuando una persona AnWj negativa recibe sangre AnWj positiva. En ese caso, su cuerpo puede detectar esa sangre como incompatible y provocar una reacción transfusional. Para un paciente que ya está en una situación delicada, no es poca cosa.
En la práctica, este descubrimiento permitirá diseñar pruebas genéticas para identificar a pacientes y donantes con esta condición rara. Es el tipo de avance que no se nota en la vida diaria, pero que puede ser decisivo en un quirófano, en una urgencia o durante un tratamiento complejo.
La pista estaba en el gen MAL
La respuesta llegó gracias a la secuenciación del exoma completo, una técnica que analiza las partes del ADN que codifican proteínas. Los investigadores descubrieron que las personas con la forma hereditaria AnWj negativa tenían deleciones en ambas copias del gen MAL.
Ese gen produce la proteína Mal, relacionada con la membrana de las células. En las personas AnWj positivas, la proteína aparece completa en los glóbulos rojos. En las personas AnWj negativas, no aparece. Ahí estaba la clave que faltaba.
Para comprobarlo, el equipo introdujo una versión normal del gen MAL en células sanguíneas en el laboratorio. Esas células empezaron a expresar el antígeno AnWj. Las versiones alteradas no lo hicieron. Esa prueba permitió confirmar que Mal es necesaria y suficiente para la expresión de AnWj.
Un caso raro, pero real
No todas las personas AnWj negativas lo son por herencia. Según los investigadores, la causa más común es que algunos trastornos hematológicos o ciertos tipos de cáncer supriman temporalmente la expresión del antígeno. Es decir, la sangre puede parecer AnWj negativa sin que la persona haya nacido con esa variante.
La forma hereditaria es mucho más rara. En el estudio se identificaron cinco personas genéticamente AnWj negativas, incluida una familia árabe-israelí. También se analizó una muestra de 2015 perteneciente a la primera persona AnWj negativa descubierta en los años setenta.
Hay un matiz importante. Las personas con la forma hereditaria AnWj negativa están sanas en otros aspectos. No se trata de una enfermedad por sí misma, sino de una característica sanguínea muy poco frecuente que puede tener consecuencias cuando se necesita sangre compatible.
Lo que dicen los científicos
Louise Tilley, científica sénior de NHS Blood and Transplant, resumió el reto con una frase muy clara. Dijo que la base genética de AnWj había sido «un misterio durante más de 50 años». También explicó que llevaba casi 20 años intentando resolverlo.
Nicole Thornton, responsable del laboratorio de referencia de glóbulos rojos del IBGRL, lo describió como «uno de nuestros proyectos más desafiantes». No sorprende. Demostrar que un gen codifica de verdad un antígeno de grupo sanguíneo exige mucho más que encontrar una coincidencia en el ADN.
Ash Toye, profesor de biología celular en la Universidad de Bristol, destacó que el avance ayudará a identificar donantes raros y a tratar mejor a los pacientes en el futuro. Es una frase sencilla, pero resume bien el fondo del asunto. La ciencia aquí no busca titulares espectaculares, sino sangre compatible cuando más se necesita.
Qué cambia ahora
El siguiente paso es convertir este hallazgo en herramientas útiles para los hospitales y bancos de sangre. Ahora que se conoce el gen implicado, se pueden desarrollar pruebas de genotipado para localizar a personas AnWj negativas y también a posibles donantes compatibles.
Esto será especialmente valioso para los registros de donantes raros. En muchos casos, encontrar una sangre compatible no depende solo del hospital más cercano, sino de redes internacionales capaces de localizar una unidad adecuada a tiempo. Y cuando el reloj corre, esa información pesa mucho.
También ayuda a entender mejor la biología de los glóbulos rojos. Cada sistema sanguíneo descubierto reduce un poco más la zona oscura de la medicina transfusional. Puede parecer un detalle técnico, pero detrás hay pacientes reales.
Más allá del ABO
El sistema ABO sigue siendo el más conocido por la población. Es el que aparece en conversaciones familiares, donaciones y pruebas rutinarias. Pero no es el único. La sangre humana tiene cientos de marcadores reconocidos, y algunos pueden ser clínicamente importantes en circunstancias muy concretas.
Por eso este hallazgo tiene valor. No cambia la vida de millones de personas de golpe, pero sí mejora la precisión con la que se puede atender a quienes tienen una sangre extraordinariamente rara. En medicina, a veces el gran avance está en encontrar a muy poca gente. Y encontrarla a tiempo.
El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Blood.












